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Sin apresurarse

En estos días de efervescencia a causa de la política, escuché en cierta casa radial, diferente a esta, un análisis tan presumido como inexacto sobre las decisiones que se estarían tomando en diferentes colectividades a escasos 15 días de las elecciones de autoridades locales. Por: Andrés Forero.
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Ecos del Combeima
13 Oct 2019 - 8:46 COT por Ecos del Combeima

Asegurar a estas alturas que una encuesta que se hizo hace casi un mes sustenta la adhesión o separación a 'x' o 'y' campaña sería una grave equivocación cuando la fotografía de lo que para aquel entonces pensaban los ciudadanos es hoy otra totalmente distinta.

Si el célebre por demás representante a la cámara José Elver Hernández Casas o 'choco' como mejor le conocen, aterriza ahora en la campaña de Andrés Fabián Hurtado dando credibilidad a la encuesta del Centro Nacional de Consultoría que lo ponía segundo el 16 de septiembre, habría que decirle que su decisión es el equivalente a tomarse un vaso de leche que se venció hace un mes, la analogía también aplica para las consecuencias.

Hay que ver nada más el comportamiento de las mediciones aplicadas para el caso de la capital de la República.

De un 48 por ciento de favorabilidad hace dos meses, imponiéndose sobre todos los demás aspirantes, Claudia López estaría hoy según la intención de voto tres puntos por debajo de Carlos Fernando Galán quien lidera el sprint por el Palacio Lievano, ambos sobre el 30 por ciento.

Esta realidad cuestionable por quienes le restan crédito a las encuestas devela un panorama aún más preocupante y es que ni poderosas e inimaginables coaliciones como la que respalda a Miguel Uribe estarían teniendo la aceptación de los electores.

Por otro lado, ponen de presente la importancia de las encuestas como mecanismos para construir tendencias e influir sobre la opinión pública.

No tener sondeos serios y profesionales en pequeñas ciudades como la nuestra que son excluidas de los ejercicios de los grandes medios, marca una desventaja para el electorado y los candidatos.

Por eso, enhorabuena los tolimenses esperamos los resultados de una nueva medición a cargo esta vez de Invamer anunciada por Ecos del Combeima y El Nuevo Día para la próxima semana, una lectura actualizada que con seguridad mostrará cómo se reacomoda la baraja.

Aunque para quienes pierden, siempre los resultados serán producto del pago de uno de sus contendores y se pondrá en tela de juicio la idoneidad y ética de las encuestadoras, lo único que deberíamos reclamar de hombres y mujeres que tienen la posibilidad de elegir a nuestros futuros gobernantes es apartarse de ese nefasta mentalidad triunfalista a la que pueden conducir equivocadamente las estadísticas.

No hay que votar por el  que va a ganar, mejor hacer que gane el más calificado, la propuesta que nos garantice cuatro años de mejores prácticas políticas y ejecuciones en lo público transparentes para el beneficio de los más necesitados.

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Pero dejen de usar el agua, la vida y el ambiente para promover un gobierno que no le importó ninguna de las tres. Marchar está bien. Marchar con la misma bandera que usaron para llegar al poder, mientras se perdonan todos los daños que causaron, no es ambientalismo.

El Tolima es un territorio que entiende esto en carne propia. El departamento figura entre los principales productores nacionales de café, arroz, cacao y plátano. Es una despensa real del centro del país. Pero esa vocación productiva no siempre se ha traducido en cadenas de valor que beneficien primero a quien trabaja la tierra.

La experiencia exitosa de Medellín y Bucaramanga, enseña que esa transformación comenzó solo cuando sus dirigentes entendieron que compartían un mismo destino y decidieron actuar. Tolima e Ibagué, tienen la posibilidad de recorrer ese mismo camino.

Las redes sociales han amplificado los discursos más radicales, mientras que los algoritmos y la desinformación han encerrado a las personas en burbujas de fanatismo e información exprés.

El elector moderno es menos disciplinado, menos partidista y mucho más independiente que hace veinte años.

Lo que no resulta tan normal, es que esos cambios ocurran de manera tan abrupta que terminan pareciendo más una estrategia de mercadeo político que una convicción genuina.

Le pido a Dios, que me acompañe en esta tarea y que pueda hacer todo de sí, en beneficio de mi país. Y como dicen en la linda tierra que me acogió cuatro años, “arrieros somos y en el camino nos vemos”.

Las medidas cautelares adoptadas por el Consejo de Estado, en el estudio de la demanda contra el decreto mediante el cual se fijó el salario mínimo para el año 2026, solo confirman una cosa: la ligereza que ha caracterizado a este gobierno cuando de sustentar legalmente sus actuaciones se trata.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.