Pasar al contenido principal
Econoticias y Eventos
Opinión
COMPARTIR
Se ha copiado el vínculo

Analfabetismo laboral: una condena a la exclusión

Tan dramático es el porcentaje de colombianos que no saben leer ni escribir, como los que teniendo algún conocimiento básico, no saben de oficio o actividad económica alguna que les permita sobrevivir dignamente.
Imagen
Crédito
Javier Pérez / Ecos del Combeima
12 Mar 2023 - 6:03 COT por Ecos del Combeima

La educación hace al hombre un ser humano, autónomo e independiente, y por el contrario, el analfabetismo pareciera condenarlo a la exclusión social y la pobreza absoluta. Abdicar a la enseñanza formal pareciera ser fuente de pobreza extrema, y aunque no siempre es cierto, la educación si es la oportunidad para superarla. Y es que un gran número de las personas que se mantienen pobres, desempleadas o luchando en la informalidad, tienen baja comprensión de lectura y hace un uso inadecuado de la matemática como de las herramientas informáticas. Condición que los obliga a permanecer desocupados, en el rebusque o en la calle; perdiendo así, la oportunidad de calificar a un empleo digno y estable. 

Aunque no encontramos estadística que mida ese analfabetismo laboral, sí podemos dimensionarlo a partir de la tasa de analfabetismo absoluto que, según el DANE, en Colombia supera el 5,2% de su población; al igual que el dramático 12,6% de analfabetismo en la zona rural registrado por el Censo Nacional Agropecuario, donde la mayoría de excluidos sigue siendo la mujer y la población joven de este país. 

Y es que aún existen en Colombia regiones donde abunda esa triada tenebrosa de pobreza, analfabetismo y desempleo, como en los departamentos del Chocó y la Guajira donde la ignorancia llega al 14%de los habitantes. Demostrando que el desempleo y la pobreza es compañía infaltable del analfabetismo. Es lamentable poder afirmar que el analfabetismo es una condena a la exclusión, y que la restricción a la educación como derecho superior coarta igualmente los demás derechos fundamentales propios de todo ser humano.

Tan dramático es el porcentaje de colombianos que no saben leer ni escribir, como los que teniendo algún conocimiento básico, no saben de oficio o actividad económica alguna que les permita sobrevivir dignamente y conformar o sostener una familia; y es mayor el infortunio, cuando por esa condición la persona no logra hacer parte de procesos sociales y políticos vividos en su propia comunidad, viéndose expuesto al sometimiento de aquellos que suelen aprovecharse de esa dramática situación.

En coincidencia con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, especialmente cuando el mundo se propone garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad, o cuando Colombia en su Plan Decenal de Educación procura impulsar un sistema educativo de calidad que promueva el desarrollo económico y la transformación social, dejando entrever  que la lucha contra la ignorancia absoluta y el analfabetismo laboral, no se ha ganado, haciéndose urgente capacitar para el empleo e imperioso educar humana y técnicamente a jóvenes y mujeres en temas de emprendimientos, habilidades y actividades económicas de supervivencia, dignas para un ser humano.

Especialmente en Ibagué donde también los índices de desempleo, informalidad y pobreza, son top nacional, nos corresponde hacer un plan de choque que corrija esos indicadores de miseria que llevan décadas y aun no se rompen. Y es que el circulo vicioso comienza cuando la situación económica familiar y falta de oportunidad, obliga a que los jóvenes abandonen sus estudios y salgan al rebusque, dejando las aulas por la calle. Esta desconexión con el sistema educativo lleva a que se pierdan generaciones completas, que bien entrenadas laboralmente podrían activar económicamente nuestra ciudad-región.

Muchos serían los elementos a conjugar en esta estrategia, pero en principio tenemos que definir en ese plan de choque, el propósito de avanzar hacia la inclusión y el desarrollo económico local. Muestra de esa falta de estrategia y cohesión entre lo público y lo privado, está la iniciativa de algunos sectores económicos, de montar sus propias escuelas(talleres) y capacitar gente del común para formar y cubrir sus propias necesidades; que aunque no se entienda desde lo público, son miles los empleados que se requieren con urgencia en Ibagué y no se tiene el recurso humano capacitado para cubrirlo.

También te puede interesar estas columnas

El principal problema surgió por las facultades que el gobierno pretendía otorgar a la ANT. Varias disposiciones generaban preocupación porque podían reducir el papel de los jueces dentro de los procesos agrarios.

La explicación es sencilla. Los exportadores venden sus productos en dólares, pero pagan todos sus costos en pesos colombianos: salarios, combustible, transporte, energía, impuestos y buena parte de sus insumos. Por eso, cada vez que el dólar baja, reciben menos pesos por exactamente el mismo café, las mismas flores o el mismo aguacate que exportaron el día anterior.

El Mundial llega en el mejor momento posible para Ibagué. Cinco puentes festivos concentrados en junio y julio, vacaciones de mitad de año, visitantes llegando desde Bogotá y otras ciudades.

A la izquierda le haría bien recordar algo que alguna vez exigió cuando los atacaban: dejen gobernar. Fiscalicen, controlen, cuestionen, denuncien cuando haya razones. Para eso existe la democracia. ¡Pero hombre! Ni si quiera se han posesionado.

Embriaguez política que comenzó cuando la izquierda progresista creyó que la primera vuelta presidencial era la única; sobreestimación que hizo crisis al ser remontada por una derecha popular no tradicional, que interpretó un sentimiento ciudadano.

Es necesario recordar que hablar de seguridad no es hablar únicamente de delincuencia o de las acciones punitivas que reclaman los ciudadanos a diario, sino también de prevención, convivencia, inteligencia territorial, atención a poblaciones vulnerables, recuperación del espacio público y articulación interinstitucional.

Le pido a Dios, que me acompañe en esta tarea y que pueda hacer todo de sí, en beneficio de mi país. Y como dicen en la linda tierra que me acogió cuatro años, “arrieros somos y en el camino nos vemos”.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.