Bienvenido Ministro: aquí no hay aplausos, hay cuentas pendientes
Este pequeño espacio de opinión es, tal vez, un llamado de optimismo para el nuevo ministro de Agricultura nacional. Le escribo desde el Tolima. Desde ese departamento que produce los cafés de especialidad de mayor reconocimiento en el país, que siembra más de 90.000 hectáreas de arroz al año, que tiene aguacate Hass para exportar, en el que el cacao empieza a ganar espacio en los mercados internacionales, con ganaderías en todos los pisos térmicos y con una gente que madruga sin que nadie se lo pida. Le escribo también como columnista, como alguien que lleva años poniendo el campo en estas páginas y como tolimense que conoce de cerca lo que significa producir en este país.
Su nombramiento, ministro, nos generó algo que en el campo colombiano escasea: esperanza. No la esperanza ingenua de quien cree todo lo que se anuncia en una rueda de prensa. Sino la esperanza razonada de quien ve que usted, a diferencia de otros, conoce la cocina por dentro. Cuarenta años entre Finagro, el Banco Agrario, el Ministerio de Agricultura y la Comisión Nacional de Crédito Agropecuario le dan un peso a su nombramiento que difícilmente se puede comprar o improvisar. No por nada fue consultor de Fedepalma y coordinador financiero del programa MIDAS de USAID. Eso le da algo adicional: sabe cómo funciona el crédito rural desde adentro, con sus trabas, sus vicios y sus oportunidades reales.
Dicho eso, permítame ser directo. Porque el campo tolimense no necesita más cartas bonitas. Necesita resultados. Y su experiencia es garantía de que puede alcanzarlos. Por eso mismo, los retos que tiene por delante no admiten excusas.
El primero es el crédito. Su meta de bancarizar a 2,5 millones de campesinos exige plataformas de pago, corresponsalías rurales y crédito formal accesible de verdad. En el Tolima, el pequeño productor no va al banco porque el banco no llega a su vereda, porque los trámites lo agotan antes de que le aprueben el préstamo y porque las garantías que le piden no las tiene. Si usted logra que un cafetero de Fresno pueda acceder a un crédito desde su celular en 48 horas, habrá hecho más que muchos de sus antecesores juntos.
El segundo es la titulación. Un censo nacional agropecuario actualizado es urgente, porque hoy nadie sabe con exactitud cuántas hectáreas productivas hay en el Tolima ni en qué condición jurídica se encuentran. Sin esa información, cualquier política de tierras es un disparo al aire, especialmente si no se logra la articulación necesaria con la Agencia Nacional de Tierras y las entidades que deben formalizar la propiedad rural. El Tolima tiene productores que llevan décadas trabajando fincas sin un papel que lo acredite. Esa informalidad los excluye del crédito, del seguro agropecuario y de los programas de apoyo. Resolverla no es política social. Es política económica.
Y si logra su proyecto de relevo generacional, ministro, habrá tocado el problema de fondo. Las 700 escuelas de emprendimiento rural que propone son exactamente el tipo de política que el campo necesita. Yo mismo tuve el honor de liderar la Escuela Regional del Café del Tolima y vi en los ojos de más de mil jóvenes lo que significa creer que el campo puede ser un proyecto de vida. Si ese programa se ejecuta con disciplina, con presupuesto real y con seguimiento serio, va a cambiar el campo colombiano en una generación. Y eso no lo digo por cumplido.
Le digo todo esto, ministro, porque creo que usted puede hacer la diferencia. No porque lo diga el presidente que lo nombró, sino porque su hoja de vida respalda que sabe dónde están los problemas. El reto ahora es si tiene la voluntad política para ir contra las estructuras que llevan décadas frenando las soluciones. Porque en el campo colombiano no faltan buenas ideas. Lo que falla es la ejecución.
A partir del 7 de agosto las propuestas dejarán de ser discurso para convertirse en indicadores de gestión. El Tolima va a estar mirando y va a juzgar si su nombre será uno más de los que pasaron sin pena ni gloria por esa cartera, o si será el que cambie para siempre el destino del agro colombiano. Desde este espacio de opinión, seguiremos contando lo que pasa en el campo con la misma franqueza con la que le escribimos esta carta.
Bienvenido, ministro. El campo lo espera.