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Lo que el nuevo ciclo económico le exige al empresario colombiano

Colombia cambia de gobierno en pocos días. El empresariado tolimense lleva meses trabajando. Esa diferencia, pequeña en el tiempo pero enorme en los resultados, es exactamente la que va a definir quién aprovecha el nuevo ciclo y quién lo ve pasar desde afuera.
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Adriana Matallana
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2 Ago 2026 - 9:05 COT por Adriana Matallana

En pocos días Colombia tendrá nuevo gobierno. Y aunque los cambios políticos suelen concentrar toda la atención en lo simbólico y lo protocolar, la conversación que realmente importa para el tejido productivo del país no está en la ceremonia sino en los números que heredará quien tome las riendas del Estado el próximo 7 de agosto.

El punto de partida es claro: el presupuesto nacional para 2027, radicado ante el Congreso el 29 de julio, asciende a 575,6 billones de pesos y llega con un faltante de 30,2 billones que no tiene financiación asegurada. Para cerrar esa brecha, el país necesitará una reforma tributaria, reducción del gasto o una combinación de ambas. El servicio de la deuda pública para ese mismo año alcanzará 118 billones de pesos, convirtiendo el pago de intereses en el mayor rubro del presupuesto nacional, por encima de la educación y la salud. No es una situación coyuntural ni atribuible a una sola decisión. Es el resultado acumulado de años de déficit que ahora exigen un ajuste estructural del Estado colombiano, independientemente de quien gobierne.

Frente a ese escenario, el nuevo gobierno entrante llega con señales que el sector empresarial ha recibido con expectativa. La inversión extranjera directa cayó 33% entre 2022 y 2025, perdiendo más de 5.600 millones de dólares en cuatro años. Recuperar esos flujos de capital no es un trámite inmediato, pero los mercados financieros ya han dado señales: el peso colombiano acumula una apreciación histórica, los bonos se han valorizado y los fondos internacionales que se reunieron en Barranquilla con el equipo económico entrante mostraron interés concreto en sectores como infraestructura, energía renovable y tecnología. El vicepresidente electo fue claro ante el sector productivo: el país avanzará con inversión privada como eje central. Para el empresariado colombiano esa señal tiene peso, porque define qué lugar va a ocupar el sector productivo en la estrategia de desarrollo de los próximos cuatro años.

Pero hay algo que ningún gobierno puede resolver por sí solo, y que le corresponde directamente al empresario: la preparación de su propia empresa para navegar un entorno que seguirá siendo exigente sin importar el color del gabinete. Una reforma tributaria que se avecina, tasas de interés que en Colombia han subido mientras el resto de América Latina las mantenía estables, y una inflación que proyecta cerrar 2026 cerca del 6%, son condiciones que afectan el costo del dinero, el poder adquisitivo de los clientes y la estructura de costos de cualquier negocio. Ninguna de esas variables cambia de la noche a la mañana con un cambio de gobierno. Se gestionan con planeación, con liquidez bien administrada y con decisiones que no esperan a que el entorno sea perfecto para tomarse.

Para el empresario y emprendedor de Ibagué y el Tolima, este momento tiene una lectura muy concreta. El nuevo ciclo que arranca el 7 de agosto abre expectativas reales en materia de inversión privada, seguridad jurídica y reactivación de sectores como la agroindustria y la infraestructura, áreas en las que el departamento tiene vocación y potencial probado. Pero aprovechar esas oportunidades requiere empresas preparadas: con estados financieros ordenados, con capacidad de endeudamiento sano, con propuestas de valor claras y con equipos que puedan responder cuando llegue la demanda. La oportunidad no espera a que la empresa esté lista, llega cuando llega.

La historia económica colombiana enseña algo que conviene recordar en semanas como esta: los países y las empresas que mejor capitalizan los cambios de ciclo no son los que más celebran el cambio sino los que más se prepararon durante la incertidumbre. Cada periodo de transición es, para quien lo lee bien, una ventana de diferenciación. Mientras unos esperan a ver qué pasa, otros toman decisiones, ajustan sus estructuras y se posicionan para el momento en que el entorno se estabilice.

Colombia cambia de gobierno en pocos días. El empresariado tolimense lleva meses trabajando. Esa diferencia, pequeña en el tiempo pero enorme en los resultados, es exactamente la que va a definir quién aprovecha el nuevo ciclo y quién lo ve pasar desde afuera.

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