Pasar al contenido principal
Econoticias y Eventos
Opinión
COMPARTIR
Se ha copiado el vínculo

Festividades folclóricas

Los dividendos económicos son millonarios y sus resultados sociales saltan a la vista.
Imagen
Crédito
Ecos del Combeima
7 Jul 2022 - 12:22 COT por Ecos del Combeima

Como lo señaló la Concejal Linda Perdomo, las festividades folclóricas de Ibagué, deben convertirse en la empresa cultural más importante de la ciudad. Se deben planificar y organizar con tiempo y con capacidad de ofrecer una agenda robusta con eventos culturales y de entretenimiento en un festival como el nuestro que recoge todo el folclor del país. 

Como en otras ciudades de Colombia y del mundo, las festividades propias son el motor dinamizador de la economía, del turismo, de la cultura y del desarrollo. Son verdaderas empresas culturales que generan empleo, capacitación y sentido de pertenencia. 

Los dividendos económicos son millonarios y sus resultados sociales saltan a la vista. Para no ir lejos, el reconocido Carnaval de Negros y Blancos que se celebra en Pasto, ocupa durante todo el año a cientos de artesanos, bailarines, músicos y demás actores del sector cultural en el diseño, preparación, planificación y organización del evento cultural que no solo deja recursos durante los días de celebración, sino todo el año. 

En Ibagué, el panorama es muy diferente, las fiestas de San Juan y San Pedro, se planifican y organizan dos o tres meses antes del inicio, la improvisación ha sido siempre la constante y el desconocimiento por nuestros cultores, artesanos, músicos y demás es y ha sido siempre la misma. Estamos dejando escapar un motor de trabajo y resultados económicos tan importante para sofocar la crisis económica que viven cientos de miles de ibaguereños. Las festividades deben tener un proceso de organización grande, que vincule todos los sectores culturales y a la ciudadanía en general. 

Hay que reconocer que luego de la pandemia, las fiestas que acaban de terminar tuvieron puntos altos, lograron una reactivación económica, pero dejaron a un lado el fortalecimiento real de los procesos culturales y de la visión de una empresa cultural grande y más productiva. 

Para que tengamos unas fiestas grandes, necesitamos grandes ideas, grandes propuestas y grandes acciones para su desarrollo. Estas festividades deben ser la industria cultural más grande, debe ser generadoras de empleo, es decir contratar a nuestros artistas para desarrollar las carrozas y demás alegorías, a nuestros músicos y bailarines para que preparen las comparsas en todas las comunas y que se convierta en una acción cultural permanente en todas las comunas. Esto sin dudad redunda en creación de empleos y en el mejoramiento en la calidad de las presentaciones artísticas y en la vistosidad del desfile. 

Se imaginan a nuestros cultores todo el año trabajando barrio a barrio, estructurando hermosas comparsas, preparando cultural y artísticamente a las candidatas, los niños interpretando instrumentos musicales y nuestros adultos participando activamente de una ola cultural que le daría grandeza a nuestro festival. Además, la planificación para invitar a todos los departamentos del país y comitivas internacionales nos daría un plus que llamaría la atención de muchos más visitantes de los acostumbrados para mejores resultados en términos económicos. 

Nos falta organización, sentido de pertenecía y mucha imaginación para mejorar sustancialmente nuestras festividades y darle el lugar que se merece nuestro sector cultural.

También te puede interesar estas columnas

Porque una cosa es que haya más personas trabajando… y otra muy distinta es que ese trabajo represente verdaderamente mejores condiciones de vida.

Porque el Tolima no es solo un lugar en el mapa. El Tolima es carácter. Es historia. Es gente.

Hoy, Ibagué enfrenta el reto de superar no solo sus dificultades estructurales, muchas de ellas rezagos de varias décadas y de problemas a nivel país, sino también la narrativa de pesimismo, revanchismo o simple desconocimiento, que unos pocos parecieran estar bastante interesados en imponer.

Celebrar de verdad no es sólo aplaudir lo que hay. Celebrar de verdad es tener el valor de ver también lo que nos falta. Y aquí, en el corazón de los Andes colombianos, hay una conversación pendiente sobre el futuro.

Si algo caracteriza a Leonidas es su generosidad intelectual. Disfruta compartir lo que sabe, aunque curiosamente parece escuchar más de lo que habla, una cualidad que distingue a quienes realmente tienen conocimiento y sabiduría.

Por eso, cuando hablamos del Tolima, no hablamos solo de un territorio bonito o diverso. Hablamos de un núcleo de biodiversidad nacional, de un ecosistema estratégico para los Andes y de un espacio clave para la conservación global.

Le pido a Dios, que me acompañe en esta tarea y que pueda hacer todo de sí, en beneficio de mi país. Y como dicen en la linda tierra que me acogió cuatro años, “arrieros somos y en el camino nos vemos”.

Las medidas cautelares adoptadas por el Consejo de Estado, en el estudio de la demanda contra el decreto mediante el cual se fijó el salario mínimo para el año 2026, solo confirman una cosa: la ligereza que ha caracterizado a este gobierno cuando de sustentar legalmente sus actuaciones se trata.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.