Pasar al contenido principal
Econoticias y Eventos
Opinión
COMPARTIR
Se ha copiado el vínculo

La pertinencia académica y laboral

Resulta importante y mas que oportuno integrar las necesidades de la sociedad especialmente en su aspecto productivo.
Imagen
Crédito
Suministrada
9 Sep 2021 - 6:50 COT por Ecos del Combeima

La pandemia que no termina, nos impuso la obligación de abordar temas estructurales de nuestra sociedad, con el propósito de darles un enfoque mas funcional que nos ayudaría a corregir, optimizar y adecuar situaciones a nuestra nueva realidad, sobretodo,  respecto al sistema productivo y de las necesidades específicas de los ciudadanos.

En ese sentido, me pareció importante analizar las cifras dadas por el Ministerio del Trabajo, en donde aseguran que hay un déficit de personas capacitadas en programación y tecnología, el cual alcanza el 46%, lo que significa, que  solo se están cubriendo 4 de cada 10 vacantes que se ofrecen para perfiles con conocimientos en programación.

Además, por cuenta del covid – 19, las empresas se dieron cuenta que se deben manejar marketing digital, automatización de procesos, usar sistemas de información para el seguimiento de esos procesos y para ello se requieren personas como los  desarrolladores o programadores. De hecho, según un estudio de Microsoft y LinkedIn, se espera que para el año 2025 haya más de 10 millones de vacantes para esa clase de perfiles  en la región, de las cuales 2 millones serán en empresas colombianas.

Entonces, se está evidenciando que cada vez es más alta la demanda de trabajo en el sector tecnológico en Colombia, pero, la oferta de profesionales en el país aún es poca, lo que afecta su dinámica en el mercado laboral y  que por su escasez y complejidad, sea una de las labores con mejor remuneración.

Con todo esto quiero plantear, que se debe volver a  poner sobre la mesa la idea de convertir en política pública la pertinencia académica y laboral, pues resulta importante y mas que oportuno, integrar las necesidades de la sociedad especialmente en su aspecto productivo, pretendiendo adecuar lo que se ofrece desde la educación formal a la demanda potencial del mercado laboral, con programas académicos de corte técnico y tecnológico, así como la orientación que debería darse a ciertas áreas del conocimiento como la matemática, el aprendizaje del inglés o el énfasis en tecnologías de la información, comunicación y redes sociales.

Finalmente, para lograr una efectiva pertinencia académica que se relacione con la dinámica económica y laboral, se debe garantizar el acceso a la educación técnica y superior de los jóvenes; no como funciona ahora, en donde a las universidades públicas entran un numero reducido de estudiantes, sino ampliando el espectro, permitiéndoles a quienes no alcanzaron los puntajes exigidos, poder estudiar, superarse, mejorar sus condiciones de vida y  contribuir a la sociedad siendo productivos.

También te puede interesar estas columnas

Pero dejen de usar el agua, la vida y el ambiente para promover un gobierno que no le importó ninguna de las tres. Marchar está bien. Marchar con la misma bandera que usaron para llegar al poder, mientras se perdonan todos los daños que causaron, no es ambientalismo.

El Tolima es un territorio que entiende esto en carne propia. El departamento figura entre los principales productores nacionales de café, arroz, cacao y plátano. Es una despensa real del centro del país. Pero esa vocación productiva no siempre se ha traducido en cadenas de valor que beneficien primero a quien trabaja la tierra.

La experiencia exitosa de Medellín y Bucaramanga, enseña que esa transformación comenzó solo cuando sus dirigentes entendieron que compartían un mismo destino y decidieron actuar. Tolima e Ibagué, tienen la posibilidad de recorrer ese mismo camino.

Las redes sociales han amplificado los discursos más radicales, mientras que los algoritmos y la desinformación han encerrado a las personas en burbujas de fanatismo e información exprés.

El elector moderno es menos disciplinado, menos partidista y mucho más independiente que hace veinte años.

Lo que no resulta tan normal, es que esos cambios ocurran de manera tan abrupta que terminan pareciendo más una estrategia de mercadeo político que una convicción genuina.

Le pido a Dios, que me acompañe en esta tarea y que pueda hacer todo de sí, en beneficio de mi país. Y como dicen en la linda tierra que me acogió cuatro años, “arrieros somos y en el camino nos vemos”.

Las medidas cautelares adoptadas por el Consejo de Estado, en el estudio de la demanda contra el decreto mediante el cual se fijó el salario mínimo para el año 2026, solo confirman una cosa: la ligereza que ha caracterizado a este gobierno cuando de sustentar legalmente sus actuaciones se trata.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.