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Opinión: Las falsas noticias, una nueva forma de lucha

Los medios de comunicación legalmente establecidos y con amplio reconocimiento ciudadano tienen el enorme reto, en el afán de la chiva, de ajustarse a las normas que protegen a los ciudadanos.
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3 Mayo 2020 - 9:12 COT por Ecos del Combeima

Las muy populares conocidas con el anglicismo fake news, se vienen popularizando y ubicando como una nueva forma de expresión maligna, que buscan desinformar, hacer daño, lograr orientar entre mentiras y verdades, la opinión publica y peor las decisiones mediáticas de algunas autoridades institucionales.

Una nueva “forma de lucha” como alguna vez definió las Farc, el secuestro o la extorsión, que obviamente produce un daño igual o mayor, porque nada bueno queda de una mentira que corre y corre, dando razón a alguno de los ítems de la teoría de comunicación de Joseph Goebbels, ministro de Propaganda del Tercer Reich, quien definió a la perfección el objetivo de las fake news: “Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”.

En nuestro país esta nueva expresión se ve en diversos niveles, algunos muy desprevenidos la usan para hacer bromas, otros más sistemáticos utilizan planes elaborados, creando perfiles falsos, con apariencia de portales noticiosos, nombres sugestivos o se esconden detrás de anónimos, desde donde empiezan a desarrollar estrategias que buscan desinformar o desprestigiar, aprovechando que las redes sociales otorgan la posibilidad del anonimato y una distribución masiva de la información, lo que permite que más personas incautas se conviertan en cómplices publicando información falsa sin control.

Los medios de comunicación legalmente establecidos y con amplio reconocimiento ciudadano tienen el enorme reto, en el afán de la chiva, de ajustarse a las normas que protegen a los ciudadanos, de ser responsables en tratándose de defender la verdad, la honra y bienes de las personas, de las instituciones y en no dejar avanzar esta nueva “forma de lucha”, que hace daño a toda la sociedad. He visto hombres y mujeres destrozados y destrozadas por la violación de su intimidad, otros por que han destruido sus familias o están inmiscuidos en inconvenientes jurídicos, que deben resolver en medio de la inocencia de sus actos. 

Urge legislar sobre la utilización de las redes sociales, para defender la verdad y la integridad de las personas, para no seguir teniendo homicidas de la moral, la legalidad y la verdad, escondidos cobardemente en anónimos, necesitamos una prensa libre, que luche contra la mentira con la verdad, necesitamos usar la virtualidad para construir y no para destruir.

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Porque ya no basta con producir bien. Tampoco basta con tener tradición agrícola. Hoy el reto es otro: producir con eficiencia, gestionar con criterio empresarial y competir con estándares más altos.

No se trata de cualquier café. Son los mejores cafés de cada departamento, aquellos que han logrado destacarse por sus perfiles sensoriales, su trazabilidad y su calidad excepcional.

Pero Colombia no es un modelo teórico. Es un país donde la economía real funciona con una lógica distinta: aquí el crédito no es únicamente una herramienta de consumo, es un mecanismo de supervivencia. Y es ahí donde aparece la otra cara del debate.

Colombia importa cerca de 1,5 millones de toneladas de maíz al año, base para producir pollo, cerdo y huevo. También importa grandes volúmenes de carne de cerdo, lo que termina afectando el precio interno.

Esta lamentable situación tiene dos caras de una misma moneda. Ataco, donde generación tras generación había vivido de la agricultura básica y una minería artesanal, se encuentra hoy sometido a la ilegalidad.

Es muy triste que, aunque hoy existan más denuncias, no haya la misma proporción de justicia, pues el país se acostumbró a la indignación digital, a los nombres que circulan, a testimonios que conmueven, a debates encendidos y luego al olvido.

Le pido a Dios, que me acompañe en esta tarea y que pueda hacer todo de sí, en beneficio de mi país. Y como dicen en la linda tierra que me acogió cuatro años, “arrieros somos y en el camino nos vemos”.

Las medidas cautelares adoptadas por el Consejo de Estado, en el estudio de la demanda contra el decreto mediante el cual se fijó el salario mínimo para el año 2026, solo confirman una cosa: la ligereza que ha caracterizado a este gobierno cuando de sustentar legalmente sus actuaciones se trata.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.