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Momento para la grandeza

Si los resultados de las últimas encuestas son un reflejo cierto de la realidad local de las campañas, las alarmas deben estar encendidas. Por: Andrés Forero.
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Ecos del Combeima
17 Oct 2019 - 9:23 COT por Ecos del Combeima

Primero para quienes se dedican a la política, pues los resultados de los sondeos son una manifestación tácita de la notable ausencia de estrategia y segundo para los ciudadanos, pues estamos frente a un eventual y peligroso control absoluto del poder por parte de una colectividad lo que obligaría el exhaustivo y necesario ejercicio del control ciudadano.

Pensar en que los partidos políticos y los egos de sus dirigentes acaben por entregarle al barretismo la Gobernación del Tolima y la Alcaldía de Ibagué sería la más equivocada de las jugadas, vulnerando de paso para la democracia el principio del equilibrio de poder.

En consecuencia, este es indiscutiblemente un momento para la grandeza, para demostrar que los intereses del municipio están por encima de las ambiciones burocráticas y clientelistas de los gamonales y las colectividades.

Urge contemplar entonces alianzas programáticas que en 12 días consoliden un bloque que sume, sea capaz de conquistar el voto de los indecisos y le gane el pulso en las urnas, no únicamente al candidato Andrés Fabián Hurtado, si no a lo que en sí mismo este representa.

Hablamos de una batalla contra gigantes o más bien molinos de viento. La gran coalición debe enfrentar antes que nada la mezquindad de sus propios líderes y luego combatir con firmeza las prácticas politiqueras del rival que ya debe tener en marcha el maqueavélico plan que siempre le ha funcionado: chantaje emocional a contratistas públicos, sobornos a líderes y pago de conciencias.

A estas alturas, lo más difícil está en identificar dentro de la baraja cuál puede ser la figura que recoja esas otras tendencias y las congregue. Quizás dos hojas de vida que resultan idóneas y generan mínima resistencia.

He de advertir que frente al contexto actual la solución tampoco está en el empresario de la radio, Rubén Darío Correa, tener que elegir entre este y Hurtado, presionados por los resultados de las encuestas y el temor de que terminen posesionados, uno u otro, sería equivalente a saltar al vacío. Un tiro en el pie.

No obstante, de resultar fallido este intento, la última opción estaría puesta en el ejercicio de la ciudadanía y su veeduría social.

Los organismos de control, como es bien sabido, terminan a merced y bajo tutela de los gobernantes. Ni hablar del Concejo Municipal que en su tarea de vigilancia en lo político suele ser neutralizado con asignaciones contractuales y vulgares repartijas de mermelada.

Solo ciudadanos con los ojos bien abiertos y capacidad ética para denunciar y hacer oposición a todo acto que pueda traicionar la transparencia y el correcto proceder del servicio público podrían dar tranquilidad a un escenario de tal turbulencia.

Así pues, quedan menos de dos semanas para encontrar salidas de escape o prepararnos para cuatro años de defensa férrea del erario, la dignidad de la política y las instituciones ibaguereñas.

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Por eso, elegir bien no es un asunto menor. Es decidir quién tendrá la responsabilidad de defender al Tolima con argumentos, con liderazgo y con visión de desarrollo, en el escenario donde se toman las decisiones más importantes del país.

El crecimiento de 131 % no debe leerse como un punto de llegada, sino como una señal de oportunidad. Porque la participación del Tolima dentro del total nacional sigue siendo cercana al 0,35 % en exportaciones no minero-energéticas. Es decir, hay crecimiento, pero también hay un enorme margen de expansión.

Hay quienes afirman que dicha conducta raya en un problema de salud mental, pero también, desde el punto de vista sociológico, algunos expertos, como el mexicano Omar Estrada, han abordado el fenómeno como una nueva forma de expresión de los jóvenes que hay que entender y comprender.

“Con seguridad todo y sin seguridad nada¨, frase que ha calado profundamente en todos los colombianos, al nacer de una realidad.

Colombia atraviesa un momento económico complejo, mientras el debate político se consume en polarización, la economía real intenta sostenerse sobre una base exportadora aún frágil y altamente dependiente de bienes primarios.

La decisión más importante en marzo, mayo y junio de 2026 es elegir pensando en nuestra institucionalidad y democracia, que ha sido la más antigua y solida de Latinoamérica y respetar, así no nos gusten, esos pesos y contrapesos, y mejorar esta institucionalidad para que nunca más alguien abuse de ella o termine proponiendo constituyentes amañadas, para gobernar a su antojo. 

Las medidas cautelares adoptadas por el Consejo de Estado, en el estudio de la demanda contra el decreto mediante el cual se fijó el salario mínimo para el año 2026, solo confirman una cosa: la ligereza que ha caracterizado a este gobierno cuando de sustentar legalmente sus actuaciones se trata.

Hoy la situación no solo no mejora, sino que se agrava, y la comercialización del arroz se vuelve cada vez más pesada y más injusta para el agricultor tolimense.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.