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Enroque electoral en 2026 por cuenta del salario mínimo y la emergencia económica

Sin duda el salario mínimo es hoy el tema más sensible del debate público, pues toca directamente millones de trabajadores y centenares de empresas especialmente las pequeñas y medianas, con estrechos márgenes de utilidad.
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Crédito
Ecos del Combeima
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4 Ene 2026 - 11:56 COT por Álvaro Montoya

En ajedrez, el enroque no es una jugada ofensiva inmediata. Es ante todo una decisión estratégica que sirve para proteger al rey de un ataque frontal y activar la torre como pieza de largo alcance, cuyo verdadero poder se manifiesta cuando el tablero empieza a despejarse. No es casual que los maestros enroquen justo antes de entrar en la fase decisiva de una partida.

El ahora opositor ruso Garry Kasparov, insiste que el ajedrez enseña para la vida y la política, y que cada movimiento debe responder a un objetivo de largo plazo, pues quien solo reacciona a la jugada del rival, termina jugando la partida que el otro diseñó.

Algo similar parece ocurrir en la política colombiana, cuando el presidente mueve dos casillas claves, semejando mas un enroque corto que decisiones de política pública. Una primera, cuando declara la emergencia económica justificada en la necesidad de proteger los pobres y vulnerables; y una segunda ¨vital¨ cuando incrementa el salario mínimo por decreto, con una carga simbólica y electoral imposible de ignorar. Ambas decisiones controvertidas desde el punto de vista constitucional y técnico, pero igualmente poderosas desde la lógica y la coyuntura política electoral.

En este enroque, el ¨rey¨ presidente, mueve también 2 casillas para blindarse de la impopularidad; pero no importa porque el efecto real se produce en la “torre” o sea en su candidato, al ceder con fuerza un poderoso discurso social y reivindicativo capaz de cerrar una partida electoral. No importa la jugada en sí, y menos sus efectos económicos, lo relevante está en redefinir el tablero político para el resto de la partida.

Sin duda el salario mínimo es hoy el tema más sensible del debate público, pues toca directamente millones de trabajadores y centenares de empresas especialmente las pequeñas y medianas, con estrechos márgenes de utilidad. Un aumento exagerado y sin el análisis riguroso de la ley de contrapesos, y su efecto sobre la inflación, el empleo y la informalidad, puede terminar afectando justamente a quienes pretende proteger. Sin embargo en términos electorales, esa jugada ¨pondría al gobierno del lado correcto del tablero moral¨ y obligaría sus críticos a ocupar una posición bastante incómoda.

Lo mismo ocurrirá con la emergencia económica cuya validez jurídica será evaluada por la Corte Constitucional, cuando ya su mensaje electoral ¨que se ha querido y no se ha podido¨, quedará tatuado en millones de sufragantes. En el ajedrez político, cuando el rival se limita a discutir la legalidad del enroque sin replantear su estrategia, va perdiendo tiempo, posiciones y hasta la partida misma.

Enrocar sin oposición no significa ganar la partida, pero sí, haber asegurado el control del ritmo y del tablero. Desde ese momento un adversario ya desgastado, jugará a la defensiva y reaccionará con errores. En política ocurre exactamente lo mismo. Quien impone la agenda emocional y simbólica, así sea a costa de la estabilidad económica, obligará a los demás a moverse dentro de su propia estrategia.

Ojo que para 2026 el riesgo del tablero electoral, no está en un salario mínimo desproporcionado ni en una emergencia económica jurídicamente discutible. El verdadero riesgo está en permitir que esas jugadas se conviertan en la narrativa dominante sin una estrategia alternativa que hable de un crecimiento social con responsabilidad fiscal. El problema no sería el enroque, sino que el contrario en el tablero, acepte jugar sin estrategia y reduzca el debate solo a responder indignaciones.

Jugar sin argumentos y objetivos a largo plazo, según Kasparov, es aceptar que el rival piense por nosotros. Si el país político no reacciona con una estrategia visionaria contra la inseguridad que vive el país o con propuestas serias y ciertas de  apoyo a la economía popular (13 millones de colombianos por cuenta propia) que conecte la seguridad democrática con la justicia social y viabilidad económica; el continuismo llegará por omisión y no por imposición.

En el ajedrez, como en la política, el jaque mate llega cuando el rival no se da cuenta de que la partida entró en la recta final. Para este caso con un enroque que favorece con su movimiento millones de colombianos, así sea de manera temporal mientras se despeja el limbo jurídico y se evidencia su impacto económico. Cantidad y tiempo, casi suficiente para quedarse con la partida electoral en mayo de 2026.