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¿Queremos desarrollo?... Las APP son el camino

Las APP son una herramienta legal para hacer que el capital público y el capital privado trabajen juntos en proyectos que la ciudad necesita y que, por su tamaño y complejidad, difícilmente pueden desarrollarse únicamente con recursos del municipio.
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30 Ago 2026 - 9:06 COT por Ecos del Combeima

Por: Juan Esteban Espinel

Ibagué tiene un problema que no podemos seguir maquillando con discursos, queremos una ciudad moderna, competitiva y con infraestructura de primer nivel, pero seguimos intentando construirla casi exclusivamente con el presupuesto público. Y así, sencillamente, no alcanza.

No alcanza para resolver de manera simultánea los problemas de movilidad, recuperar y ampliar la infraestructura urbana, generar nuevos espacios para el deporte, transformar zonas estratégicas de la ciudad, construir equipamientos modernos, mejorar el espacio público y, al mismo tiempo, atender las necesidades sociales que naturalmente debe cubrir el Estado.

Por eso hay que empezar a hablar sin miedo de una herramienta que puede cambiar la velocidad con la que Ibagué se transforma: las Asociaciones Público-Privadas, las APP.

No como una fórmula mágica.

No como una manera de privatizar lo público.

Y mucho menos como un mecanismo para entregar el patrimonio de los ibaguereños.

Las APP son una herramienta legal para hacer que el capital público y el capital privado trabajen juntos en proyectos que la ciudad necesita y que, por su tamaño y complejidad, difícilmente pueden desarrollarse únicamente con recursos del municipio.

La Ley 1508 de 2012 estableció en Colombia el régimen jurídico de las APP. Allí se define que son instrumentos para vincular capital privado a la provisión de bienes públicos y sus servicios relacionados, mediante contratos en los que se distribuyen riesgos y se establecen mecanismos de pago asociados, entre otros aspectos, a la disponibilidad y al nivel de servicio de la infraestructura.

Dicho en términos sencillos, el Estado define qué ciudad necesita y establece las reglas; el sector privado puede aportar capital, conocimiento, capacidad de ejecución y gestión; y el proyecto debe responder a unos niveles de servicio, unos estándares y unas obligaciones claramente establecidos.

Y hay algo todavía más importante, la ley permite que sea el propio sector privado quien proponga proyectos de infraestructura pública mediante las llamadas iniciativas privadas. El particular puede asumir por su cuenta el costo de estructurar la propuesta y presentarla a consideración de la entidad pública competente.

Esto abre una puerta enorme para Ibagué.

Porque nuestra ciudad no puede limitarse a esperar que cada cuatro años aparezca un alcalde con suficiente presupuesto para hacer una obra.

Ibagué necesita una visión de ciudad a 15, 20 y 30 años.

Y esa visión debe identificar cuáles son los grandes proyectos que pueden transformar nuestra economía, nuestra movilidad, nuestro espacio urbano, nuestro turismo, nuestro deporte y nuestra calidad de vida.

El miedo no puede gobernar la ciudad. En Colombia existe todavía una prevención política frente a las APP. Algunos las miran automáticamente como sinónimo de privatización, otros creen que todo proyecto con participación privada significa entregar el control de los bienes públicos. Ese miedo puede ser entendible cuando existen malas experiencias o cuando los procesos no tienen la suficiente transparencia.

Pero una cosa es rechazar las APP mal estructuradas y otra muy distinta es rechazar las APP como herramienta de desarrollo. Una APP bien estructurada no significa que el Estado desaparezca, todo lo contrario, significa que el Estado debe ser mucho más inteligente.

La ley exige estudios económicos, análisis de costo-beneficio o mecanismos comparativos que demuestren que la APP es eficiente o necesaria para ejecutar el proyecto. También exige una adecuada asignación de riesgos, procurando que cada uno sea asumido por quien tenga mejores capacidades para administrarlo.

Es decir, no se trata de firmar contratos a ciegas, se trata de estructurar proyectos serios, con estudios, con modelos financieros, con análisis de demanda, con evaluación jurídica, con análisis de riesgos, con reglas claras, con competencia, con vigilancia. Y sobre todo, con una pregunta que nunca puede perderse de vista:

¿Qué gana Ibagué?

El verdadero debate no es APP sí o APP no, el verdadero debate debería ser otro:

¿Qué proyectos necesita Ibagué para dar el salto que estamos esperando y cuál es la mejor manera de financiarlos y operarlos?

Si una obra puede hacerse exclusivamente con recursos públicos y esa es la alternativa más eficiente, adelante. Si una obra puede hacerse mejor mediante una APP, ¿por qué negarnos?

Si el sector privado tiene la capacidad de estructurar, financiar, construir, operar y mantener una infraestructura que la ciudad necesita, bajo condiciones que protejan el interés público, ¿por qué no sentarnos a estudiar la propuesta?

La política no debe tenerle miedo a esa conversación, debe liderarla. Ibagué necesita pensar en grande, nuestra ciudad tiene enormes oportunidades, tenemos una ubicación estratégica, tenemos una población que demanda mejores servicios, tenemos vocación universitaria, turística, deportiva y empresarial, tenemos suelo con potencial de desarrollo, tenemos grandes retos de movilidad y conectividad. Y tenemos una infraestructura que necesita modernizarse al ritmo que exige una ciudad que aspira a ser competitiva.

Por eso tenemos que empezar a identificar un portafolio de grandes proyectos estratégicos susceptibles de ser estructurados bajo APP, cuando los estudios demuestren que este mecanismo es conveniente. Movilidad, estacionamientos, equipamientos urbanos, infraestructura deportiva, espacio público, turismo, desarrollo de zonas estratégicas, infraestructura para eventos, proyectos de renovación urbana, servicios asociados a grandes equipamientos.

No estoy diciendo que todos deban hacerse mediante APP, estoy diciendo algo mucho más sencillo: Hay que estudiarlos. Porque una ciudad que no estructura proyectos, no atrae inversión y una ciudad que no atrae inversión difícilmente puede acelerar su transformación. El político que le tenga miedo al sector privado se está equivocando.

Aquí hay una discusión política de fondo, durante demasiado tiempo hemos entendido que el papel del político consiste en conseguir recursos públicos y ejecutar obras. Eso ya no es suficiente. El nuevo liderazgo urbano debe ser capaz de conectar al Estado con el sector privado, con la academia, con los inversionistas y con la ciudadanía.

El buen político no es necesariamente el que consigue que todo lo pague el municipio, es el que consigue que Ibagué tenga más, y mejores proyectos, protegiendo cada peso público y garantizando que el interés colectivo esté por encima de cualquier interés particular.

Por eso la clase política no deberían mirar las APP con sospecha automática, deberían convertirse en sus mejores aliados, siempre que estén bien estructuradas y defiendan el interés público.

Un mandatario debería poder decirle a un inversionista:

“Esta es la ciudad que queremos construir. Estos son nuestros proyectos. Estas son nuestras reglas. Estas son nuestras necesidades. Muéstreme cómo podemos hacerlo juntos.”

Eso es liderazgo, la ciudad no puede esperar otros 20 años. Ibagué ha tenido durante décadas grandes proyectos que se anuncian, se estudian, se rediseñan, se vuelven a anunciar y finalmente avanzan a una velocidad que no corresponde con las necesidades de la ciudad. Mientras tanto, otras ciudades colombianas han entendido que atraer inversión privada también es una política pública.

No podemos seguir pensando que el futuro llegará únicamente cuando tengamos suficiente presupuesto. Tenemos que construir las condiciones para que el futuro venga a Ibagué. Y eso significa seguridad jurídica, planeación, estudios, reglas claras, Instituciones capaces de estructurar proyectos, transparencia. Y una administración pública que entienda que el sector privado debe ser su principal aliado.

La propia Ley 1508 contempla mecanismos para que las entidades territoriales desarrollen APP compatibles con sus planes de desarrollo y establece condiciones fiscales y presupuestales que buscan proteger la sostenibilidad de las finanzas públicas. Incluso permite que determinadas obligaciones de proyectos APP trasciendan el período de gobierno, con las autorizaciones correspondientes.

Eso es fundamental. Porque una ciudad no puede planearse con el calendario electoral. El mandatario de turno debe pensar más allá de su administración, el concejal debe pensar más allá de su período, el empresario debe pensar más allá de su negocio. Y la ciudadanía debe exigir que los grandes proyectos de ciudad tengan continuidad.

¡Una Propuesta para Ibagué!

Yo creo que Ibagué debería dar un paso adelante y construir un Banco de Proyectos Estratégicos APP. Un portafolio público, transparente y técnicamente estructurado donde estén identificados los grandes proyectos que puedan transformar la ciudad.

Que los inversionistas sepan qué quiere Ibagué, que la ciudadanía sepa qué se está proponiendo, que el Concejo pueda ejercer un verdadero control político y a su vez ser parte de las soluciones, que los gremios puedan participar, que la academia pueda aportar, que los proyectos tengan estudios serios y que cada iniciativa pase por el filtro más importante: Que sea buena para Ibagué.

No se trata de APP porque si, se trata de utilizar todas las herramientas que ofrece la ley para acelerar el desarrollo de la ciudad, porque si tenemos que esperar a que el presupuesto municipal alcance para construir todo lo que Ibagué necesita, probablemente seguiremos discutiendo las mismas obras dentro de diez o quince años.

Y no podemos permitirnos ese lujo. El futuro se construye con visión, Ibagué necesita dejar de pensar solamente en la próxima obra y empezar a pensar en la próxima generación de obras.

Necesitamos una visión urbana que combine recursos públicos y privados, necesitamos una administración que sepa estructurar proyectos, necesitamos concejales que entiendan las nuevas formas de financiación de las ciudades, necesitamos empresarios dispuestos a invertir en Ibagué. Y necesitamos ciudadanos que exijan transparencia, pero que también entiendan que el desarrollo requiere aliados.

Las APP no son la solución para todo, pero pueden ser una de las herramientas más poderosas para acelerar el desarrollo de Ibagué, el camino no es escoger entre lo público y lo privado. El camino es conseguir que ambos trabajen juntos cuando el interés público lo justifique.

Porque el verdadero patrimonio de Ibagué no es solamente lo que hoy tenemos, es la ciudad que seamos capaces de construir. Y si queremos que esa transformación ocurra en el corto y mediano plazo, tenemos que dejar atrás el miedo, abandonar la improvisación y empezar a estructurar proyectos de ciudad.

Ibagué no necesita más excusas, necesita proyectos, necesita inversión, necesita visión, necesita proyección. Y necesita entender que, para construir la ciudad que soñamos, las APP son el camino.

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