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El momento difícil de la porcicultura colombiana

Aquí está el nudo del problema y la razón por la que nadie en el gobierno habla de esto: el cerdo barato funciona como amortiguador de la inflación.
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14 Jun 2026 - 12:18 COT por Omar Julián Valdés Navarro

Tomándonos unos tinticos en una cafetería de Fresno, con un buen par de amigos, le pregunté ingenuamente a uno de ellos cómo iba su proyecto porcícola, el cual consistía en 10 cerdas de cría con las que lograba sostener algunos gastos adicionales en su familia. Por la venta de los lechones sostenía a su hija que estudia derecho en Bogotá. Con sorpresa y con algo de dolor en su rostro, típico de alguien que pasa por un momento difícil, me contaba del inminente cierre de su pequeño proyecto. Un proyecto familiar que llevaba años poniendo algo de plata en el bolsillo. Me dijo algo que se me quedó grabado: "Don Omar, ya no da. Ya nadie me compra los lechoncitos, porque eso está tan barato que no da ni para el concentrado." Y ahí me puse a investigar. Porque la verdad es un sector muy importante para mí municipio.

Lo primero que nos encontramos es la realidad del precio: el valor del cerdo en canal cayó de 170-180 mil pesos la arroba a 80-90 mil. Casi a la mitad. Una caída que no generó ninguna marcha, ningún titular y ningún comunicado de los mismos que llenan plazas hablando de defender la vida del campesino. El cerdo registra una inflación anual de -6.94%, la más baja en 15 años. Para el consumidor urbano suena como una buena noticia. Para mi amigo que los produce en Fresno, es la quiebra.

Esto no es casualidad ni fenómeno natural. Tiene nombre y apellido. Durante 2024, Estados Unidos aumentó un 26% sus exportaciones de cerdo hacia Colombia, llegando a 142.035 toneladas valoradas en USD 360 millones. En 2025 entraron 176.758 toneladas importadas, principalmente desde Estados Unidos, Canadá y Chile, por la puerta grande que les abrió el TLC. Y para rematar el cóctel, China produjo un récord histórico de cerdo en 2025, cerró su mercado a las importaciones mundiales y ese excedente que el gigante asiático rechazó terminó buscando nuevos destinos. Parte llegó a Colombia y se encargó de hundir lo que quedaba de los precios del productor local. Una fría y cruel realidad para nuestros pequeños porcicultores.

Aquí está el nudo del problema y la razón por la que nadie en el gobierno habla de esto: el cerdo barato funciona como amortiguador de la inflación. Con la carne de res subiendo 12.12% anual y una inflación total de 5.56%, el kilo de cerdo a $18.775 frente a $36.908 de la res le permite al ministro de Hacienda mostrar datos bonitos. Lo que no muestra es al pequeño productor luchando solo por sacar a su familia adelante, como lo hace mi amigo todos los días para lograr que su hija sea abogada.

Porque esta ecuación tiene un ganador y un perdedor muy claro. El ganador es el industrial grande, el que produce su propio alimento balanceado, tiene economías de escala y sobrevive con precios bajos porque sus costos son la mitad. Y de esos hay varios en Colombia, principalmente en Antioquia y los Llanos Orientales. El perdedor es el productor de cordillera, el de Fresno, Herveo, Casabianca y Palocabildo, que compra el alimento en la plaza local, vende al intermediario al precio que le impongan y no tiene frigorífico, ni marca propia, ni TLC que lo proteja a él.

¿Puede frenarse? Técnicamente sí. El TLC con Estados Unidos tiene mecanismos de salvaguardia que permiten aplicar aranceles temporales cuando las importaciones causan daño comprobado a la producción nacional. Pero para eso se necesita voluntad política, y con una economía que no logra frenar la inflación y que ve en la entrada de cerdo barato una oportunidad de mantener estables los precios, esa voluntad brilla por su ausencia, aun a costa de sacrificar a los pequeños productores de esta cadena.

El amigo que me contó su historia no pidió subsidio. No pidió reforma agraria. No pidió tierra. Solo pedía que lo dejaran competir en igualdad de condiciones. Que, si van a abrir las puertas al cerdo americano, por lo menos le den al colombiano la tecnología, el crédito y algo de protección en un negocio que se volvió injusto para los nuestros.

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