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El mapa comercial de Colombia está cambiando. ¿Estamos leyéndolo?

Las reglas del comercio internacional cambian. Siempre han cambiado. Lo que no cambia es que los países y las empresas que mejor navegan esos cambios son los que no esperan a que las circunstancias los obliguen a moverse. Se mueven antes.
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Adriana Matallana
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26 Jul 2026 - 10:17 COT por Adriana Matallana

Desde el 24 de julio, los productos colombianos que ingresan a Estados Unidos pagan un arancel adicional del 12,5%. fue adoptada bajo la legislación comercial estadounidense que permite a ese país investigar y sancionar prácticas de sus socios comerciales.”
La medida reemplaza el recargo temporal del 10% que venía aplicándose desde febrero y fue adoptada bajo la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974 por la Oficina del Representante Comercial de ese país. El argumento formal no es que Colombia exporte productos fabricados con trabajo forzoso, sino que el país no cuenta con controles suficientemente eficaces sobre las mercancías que importa desde terceros mercados. Una distinción técnica importante que muchos titulares no hicieron.

El impacto no es igual para todos los sectores, y eso también importa entenderlo bien. Quedaron excluidos del nuevo arancel productos estratégicos como el café, el banano, el aguacate, el mango, el petróleo, el carbón, el oro, el cacao y algunos medicamentos. Pero sí quedaron cobijados por el recargo las flores frescas, las confecciones, las manufacturas de plástico, algunos alimentos procesados, cosméticos y una parte importante de la oferta manufacturera colombiana. Según Analdex, el gremio de exportadores, el arancel del 12,5% recae sobre aproximadamente el 30% de las exportaciones colombianas hacia ese mercado. Y hay un dato que contextualiza la magnitud del cambio: hasta abril de 2025, ninguno de esos productos pagaba arancel gracias al Tratado de Libre Comercio entre Colombia y Estados Unidos, vigente desde 2012. En poco más de un año, el escenario pasó de cero a 12,5%.

Lo que además pone en desventaja a Colombia frente a varios de sus competidores directos es que países como Argentina, México, Ecuador, India e Indonesia quedaron con el recargo menor del 10% dentro del mismo paquete de medidas. Una diferencia de 2,5 puntos porcentuales puede parecer menor en abstracto, pero en sectores intensivos en mano de obra y sensibles al precio, como el floricultor o el textil-confección, esa brecha se siente en los márgenes y en la capacidad de competir por precio en el mercado estadounidense.

Para el empresario colombiano que no exporta directamente, esta noticia también tiene lectura. Cuando los exportadores enfrentan presión en sus márgenes, esa presión recorre hacia abajo toda la cadena: proveedores de insumos, transportadores, empacadores, diseñadores, productores agrícolas que abastecen a las empresas exportadoras. La economía es un sistema interconectado, y las decisiones del comercio exterior, aunque parezcan distantes, terminan tocando a más actores de los que uno imagina.

Pero hay una reflexión que va más allá de este arancel en particular, y que la situación actual obliga a poner sobre la mesa: la dependencia de un solo mercado siempre ha sido un riesgo, y Colombia lo está comprobando de nuevo. Estados Unidos concentra alrededor del 26% de las exportaciones totales del país. Cuando ese mercado ajusta sus reglas, el impacto es inmediato y transversal. La respuesta estructural a ese riesgo no es dejar de exportar a Estados Unidos sino construir una canasta de destinos más diversificada, con mercados que ofrezcan estabilidad y condiciones competitivas.

En esa dirección, hay una señal que vale la pena mirar con atención. Después del doble terremoto que golpeó a Venezuela el 24 de junio de 2026, Analdex identificó una ventana de oportunidad comercial para Colombia por hasta USD 2.842 millones, en 99 productos con alta coincidencia entre la oferta exportadora colombiana y la demanda venezolana, especialmente en alimentos, bebidas, medicamentos, materiales de construcción y bienes de consumo masivo. No es un número que deba leerse como negocios cerrados, el propio gremio es claro en aclarar que es un ejercicio de coincidencia comercial, no una proyección de ventas garantizadas. Pero sí señala algo importante: cuando una puerta se estrecha, la inteligencia empresarial consiste en identificar rápido qué otras puertas se están abriendo.

Para el Tolima, cuya economía tiene vocación agroindustrial y una producción diversificada en alimentos, el momento invita a una pregunta concreta: ¿qué tan preparados están los empresarios y productores del departamento para pensar en clave exportadora, no como aspiración de largo plazo sino como decisión estratégica del presente? Construir capacidad exportadora toma tiempo, requiere conocer las reglas de origen, los requisitos sanitarios de cada mercado, la logística y las condiciones de pago. Pero ese proceso tiene que empezar en algún momento. Y los momentos de turbulencia en los mercados son, paradójicamente, los que más aceleran esa conversación.

Las reglas del comercio internacional cambian. Siempre han cambiado. Lo que no cambia es que los países y las empresas que mejor navegan esos cambios son los que no esperan a que las circunstancias los obliguen a moverse. Se mueven antes.

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