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Cuando la convicción tiene fecha de vencimiento

Lo que no resulta tan normal, es que esos cambios ocurran de manera tan abrupta que terminan pareciendo más una estrategia de mercadeo político que una convicción genuina.
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José Monroy
Crédito
Ecos del Combeima
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7 Jun 2026 - 10:25 COT por José Adrián Monroy

Las segundas vueltas presidenciales tienen una lógica simple: quien quiera ganar debe ampliar sus apoyos. Ningún candidato llega a la Casa de Nariño con su inicial base electoral. Por eso es normal que, entre la primera y la segunda vuelta, los discursos se moderen, los tonos cambien y aparezcan nuevos mensajes dirigidos a quienes votaron por otras opciones.

Lo que no resulta tan normal, es que esos cambios ocurran de manera tan abrupta que terminan pareciendo más una estrategia de mercadeo político que una convicción genuina.

Durante los últimos días hemos visto a  Iván Cepeda emprender una carrera acelerada para conquistar a los votantes del centro y a quienes respaldaron otras candidaturas. En ese intento, sin embargo, ha terminado enviando mensajes contradictorios que pueden generar más dudas que certezas.

Primero, vinieron las insinuaciones sobre un posible fraude en la primera vuelta. Una acusación de semejante magnitud exige pruebas sólidas, porque de lo contrario termina debilitando la confianza ciudadana en las instituciones que garantizan la democracia. Después, cuando el tema no produjo los réditos políticos esperados, el discurso cambió.

Algo similar ocurrió con episodios tan innecesarios como el de la camiseta de la Selección Colombia. En una campaña donde el país espera respuestas sobre empleo, seguridad y crecimiento económico, convertir símbolos nacionales en escenarios de confrontación política terminó siendo un error que generó más rechazo que simpatía.

También hemos visto una nueva disposición a debatir y a mostrarse abierto al diálogo, una actitud que muchos ciudadanos se preguntan por qué no apareció con la misma intensidad meses atrás. A ello se suma la decisión de frenar la recolección de firmas para la Asamblea Nacional Constituyente, precisamente cuando el tema comenzó a generar inquietud entre sectores moderados como el centro.

Cada hecho, por separado, podría tener una explicación; el problema aparece cuando todos ocurren al mismo tiempo. Entonces la sensación que queda no es la de una evolución política, sino la de una campaña intentando acomodar su discurso según las necesidades del momento.

Mientras tanto, el presidente Petro dirige la campaña desde el Palacio de Nariño con una desfachatez que ya ni disimula. No es solo un problema ético — es un problema jurídico. La Constitución y la ley son claras frente a la participación en política de los servidores públicos. Pero claro, para quien lleva años interpretando las normas a su conveniencia, ese es un detalle que no importa.

Las segundas vueltas no se ganan únicamente sumando apoyos, también se ganan construyendo confianza. Y la confianza no surge cuando un candidato dice hoy lo contrario de lo que defendía ayer, surge cuando los ciudadanos perciben coherencia, claridad y convicción.

Porque al final, la gente no es ingenua. Vieron cómo gobernó Petro, vieron cómo trató las instituciones, la economía, la salud; y ahora ven cómo su candidato se transforma en quince días para decir lo que ellos quieren escuchar. ¿será entonces, que la convicción tiene fecha de vencimiento?

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