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¿Rappi o domicilio tradicional?

La sanción a Rappi es un claro mensaje para plataformas que surgieron con la promesa de beneficiar al consumidor, pero que al parecer se olvidaron de ello.
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26 Mar 2023 - 12:03 COT por Ecos del Combeima

La Superintendencia de Industria y Comercio (SIC), emitió una contundente sanción a la firma Rappi por 1.245 millones de pesos, en medio de una amplia investigación de protección al consumidor.

Los motivos de la sanción a Rappi coinciden con múltiples comentarios de inconformidad por parte de usuarios de este tipo de plataformas de “delivery” y transporte: cobros dobles a sus clientes, débitos posteriores a sus tarjetas de crédito por diferentes conceptos, constante aumento de tarifas y cancelaciones de los servicios contratados. 

Es importante resaltar que el descontento de muchos usuarios radica en que firmas como Rappi y plataformas similares, cuentan con implacables medidas de autocompensación al hacer cobros inmediatos por cancelar un servicio, pero en ningún caso existe una reparación al consumidor por el incumplimiento en  los tiempos de entrega o la calidad del servicio prestado.

Este tipo de marcas, con millonarias sumas de facturación en el país, necesitan relfexionar sobre un tema en particular ¿por qué se han hecho exitosas? Si lo hacen de forma genuina, entenderán que su promesa de ayudar al consumidor fue la clave del éxito, y también que, si esta promesa no se mantiene, será el principal motivo de fracaso.

Apreciadas plataformas, que el afán de incrementar el ticket promedio, de cumplir las metas y de crecer más rápido, no les haga perder su activo más importante: su reputación.

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Porque ya no basta con producir bien. Tampoco basta con tener tradición agrícola. Hoy el reto es otro: producir con eficiencia, gestionar con criterio empresarial y competir con estándares más altos.

No se trata de cualquier café. Son los mejores cafés de cada departamento, aquellos que han logrado destacarse por sus perfiles sensoriales, su trazabilidad y su calidad excepcional.

Pero Colombia no es un modelo teórico. Es un país donde la economía real funciona con una lógica distinta: aquí el crédito no es únicamente una herramienta de consumo, es un mecanismo de supervivencia. Y es ahí donde aparece la otra cara del debate.

Colombia importa cerca de 1,5 millones de toneladas de maíz al año, base para producir pollo, cerdo y huevo. También importa grandes volúmenes de carne de cerdo, lo que termina afectando el precio interno.

Esta lamentable situación tiene dos caras de una misma moneda. Ataco, donde generación tras generación había vivido de la agricultura básica y una minería artesanal, se encuentra hoy sometido a la ilegalidad.

Es muy triste que, aunque hoy existan más denuncias, no haya la misma proporción de justicia, pues el país se acostumbró a la indignación digital, a los nombres que circulan, a testimonios que conmueven, a debates encendidos y luego al olvido.

Le pido a Dios, que me acompañe en esta tarea y que pueda hacer todo de sí, en beneficio de mi país. Y como dicen en la linda tierra que me acogió cuatro años, “arrieros somos y en el camino nos vemos”.

Las medidas cautelares adoptadas por el Consejo de Estado, en el estudio de la demanda contra el decreto mediante el cual se fijó el salario mínimo para el año 2026, solo confirman una cosa: la ligereza que ha caracterizado a este gobierno cuando de sustentar legalmente sus actuaciones se trata.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.