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Un presidente para el campo

El verdadero enemigo del agro no es el productor grande ni el pequeño. El verdadero enemigo es seguir improvisando mientras producir en Colombia cada día cuesta más.
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18 Mayo 2026 - 9:48 COT por Omar Julián Valdés Navarro

 UN PRESIDENTE PARA EL CAMPO
Estamos próximos a iniciar la primera vuelta presidencial, y quise hacer un ejercicio cansón, pero necesario para el sector agropecuario: entender cuál es el enfoque de cada candidato frente al campo y dar mi opinión sobre lo que creo que representan sus propuestas.

Y es que ya empezó esa época donde aparecen las fotos en las fincas, los sombreros recién comprados, las botas limpias que jamás han pisado barro y las frases de siempre: “el agro será prioridad”, “vamos a fortalecer al campesino”, “Colombia será potencia agroalimentaria”. Y uno, que ya ha visto más campañas que cosechas buenas, aprende a escuchar con calma.

Hoy hay tres nombres fuertes sonando para la Presidencia: Iván Cepeda, Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia. Y aunque todos hablan del campo, la verdad es que cada uno mira el agro desde una Colombia distinta.

Empecemos con Iván Cepeda. Su visión sigue muy ligada a lo que hemos visto en el actual gobierno: reforma agraria, soberanía alimentaria y más apoyo estatal para pequeños productores. Y ojo, la idea en el papel suena justa. Porque sí existen campesinos sin tierra, sí hay abandono histórico y sí hay regiones donde el Estado aparece únicamente en elecciones o cuando hay paro.

El problema es que el campo colombiano ya está cansado de vivir únicamente de buenas intenciones. Porque una cosa es entregar tierra… y otra muy distinta es volverla productiva. Hoy muchos productores siguen esperando vías terciarias, asistencia técnica, créditos accesibles y mercados donde realmente puedan vender bien sus cosechas. Porque el campesino no vive del discurso: vive de que la cuenta le dé.

Por el otro lado aparece Abelardo de la Espriella, con un discurso mucho más fuerte en seguridad y autoridad. Y guste o no guste, hay algo que es cierto: sin seguridad no hay agro. Ningún productor invierte tranquilo donde hay extorsión, invasiones, minería ilegal o grupos armados cobrando vacuna.

Abelardo habla de defender la propiedad privada, impulsar la agroindustria y volver a producir más dentro del país. Y ahí toca reconocer algo que muchos dicen bajito en las veredas: el productor colombiano siente que hoy tiene menos respaldo que el delincuente. Porque mientras el campesino madruga a trabajar, el criminal muchas veces termina negociando desde una mesa con más garantías que la víctima.

Y en otra orilla está Paloma Valencia, con un enfoque más aterrizado hacia competitividad, productividad y empresa rural. Habla de tecnificación, asociatividad y modernización del agro. Y sinceramente creo que ahí hay una conversación importante que Colombia lleva años aplazando.

Porque el campo no puede seguir produciendo como hace 40 años mientras compite contra países que tienen mejores carreteras, más tecnología, créditos baratos y subsidios enormes. Aquí todavía hay productores sacando cosechas por trochas destruidas y vendiendo prácticamente a pérdida.

Y ojo, modernizar el agro no significa llenar el campo de drones y aplicaciones mientras las veredas siguen sin internet. Modernizar también es ayudarle al productor a reducir costos, mejorar productividad, transformar alimentos y abrir mercados reales.

La verdad, si me preguntan cuál tiene el mejor enfoque para el campo, creo que el error de Colombia siempre ha sido mirar el agro por pedazos.

Hoy más que nunca el campo necesita una visión integral. Proteger al pequeño productor, claro que sí. Pero también entender que el mediano y el grande son fundamentales para mover empleo, inversión y producción. Porque últimamente pareciera que producir más fuera casi un pecado.

Y no. El verdadero enemigo del agro no es el productor grande ni el pequeño. El verdadero enemigo es seguir improvisando mientras producir en Colombia cada día cuesta más.

Al final, el voto es secreto y cada quien vota por el candidato que más lo represente. Pero personalmente creo que el campo colombiano necesita menos peleas ideológicas y más visión de futuro. Necesita tecnología, competitividad, seguridad y respeto por el productor que genera empleo y mueve la economía rural.

Y tal vez por eso, esta vez me gusta la idea de que Colombia tenga su primera mujer presidenta.

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