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Popular pero ineficiente

Rubén Darío Correa para parafrasear la campaña de Peñalosa es un candidato popular, pero ineficiente que encarna bien los antivalores de la política de usanza: hacer de las necesidades de los más pobres una oportunidad de soluciones cortoplacistas. Por: Andrés Forero.
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Javier Pérez / Ecos del Combeima
18 Sep 2019 - 18:03 COT por Ecos del Combeima

Cuando una firma encuestadora enuncia nombres de candidatos y pregunta a cuál de ellos usted conoce, debería hacer una necesaria distinción del significado más amplio de, ese término.

Conocer supone mucho más que verlo en una valla, escucharlo en un comercial o seguirlo en una red social.

Por eso después de los resultados del sondeo aplicado por el Centro Nacional de Consultoría para Alcaldía de Ibagué, lo que deberíamos preguntarnos es si los ciudadanos realmente saben en manos de quién pueden quedar los destinos del municipio.

Mal haríamos en dedicar este espacio a desacreditar a unos u otros, pero la lógica obliga a entregar elementos de juicio para que los electores hagan una mejor aproximación a la identidad de los candidatos en contienda.

Entonces empecemos por el empresario de la radio Rubén Darío Correa quien se supone lidera la intención de voto.

Si bien no hay evidencia de su participación en hechos delictivos, ni procesos judiciales que le puedan incriminar, dignificar la política implica ser modelo de comportamientos éticos responsables.

El todo se vale no pasa únicamente por comprar votos, avales o negociar con puestos mediante prácticas clientelistas, también habla del juego limpio, en igualdad de condiciones.

Correa abandonó esa partida cuando teniendo claros sus intereses políticos utilizó la función social del periodismo y un medio de comunicación de prestigio como plataforma para el lanzamiento de su campaña.

El predialazo, la iniciativa para construir escenarios deportivos a partir de una colecta que fracasó pero que le permitió estrechar lazos con quien sería su principal financiador: Henry Escobar, no hablan bien de esa forma de hacer política que pregona como independiente y alternativa.

De su cosecha también es el avivamiento de manifestaciones entre habitantes de los barrios del sur por el agua, que tampoco fueron conducentes a nada más allá del show mediático donde posó para la foto de las primeras planas y los diplomados de tutelas, vendidos como la panacea para resolver muchas necesidades sociales.

De sus días de empresario de radio no hay que olvidar desde sancochos hasta celebraciones de cumpleaños a adultos mayores, entrega de mercados y colectas, tácticas que le mantuvieron en los primeros lugares de sintonía, capital necesario para negociar la pauta oficial.

Correa para parafasear la campaña de Peñalosa es un candidato popular, pero ineficiente que encarna bien los antivalores de la política de usanza: hacer de las necesidades de los más pobres una oportunidad, de soluciones cortoplacistas.

Goza de afecto en esos sectores acostumbrados a saborear la comodidad del asistencialismo, a los que el analfabetismo sobre el ejercicio de la ciudadanía hace que poco o nada les importe el manejo del presupuesto público, la moralidad, la eficacia y la economía y menos el perfil de sus gobernantes.

Si bien es un hombre sin experiencia en lo público como otros de sus contenedores, cosa por lo que no se le podría condenar, se diferencia notablemente de ellos en lo superficial y descontextualizado de sus conceptos, como se evidenció en reciente debate organizado por Ecos del Combeima.

De ese ejercicio quedó claro que no será el Alcalde de los 500 mil jefes si no del medio millón de asesores, pues todas sus respuestas a la hora de plantear escenarios de toma de decisiones parecieran pasar por elevar consultas a terceros.

Es claro que quizás en otros contextos esta sería una figura con la que como hoy muchos piensan podríamos probar suerte para arriesgar, pero después de ocho años de malas ejecuciones, con un municipio endeudado y limitados recursos propios para inversión, lo sensato es pensar en lo que verdaderamente necesita Ibagué, una opción suficientemente probada en los ejercicios de administración y gerencia, con carácter, capacidad de gestión, visión y habilidades para integrar a todos los actores de la sociedad en una apuesta de co-gobernanza

Así que si no hay nada más allá del 15%, después de los números y las preferencias de 700 personas... que pase el siguiente.

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Porque Colombia tiene esa costumbre peligrosa de olvidar la sequía cuando llueve y olvidar el aguacero cuando hay sequía. Y así llevamos décadas atrapados en el mismo ciclo, sufriendo los mismos desastres y prometiendo los mismos planes que nunca llegan a la vereda.

Ibagué no puede seguir siendo una ciudad administrada bajo la lógica de las herencias políticas. La Alcaldía no es un patrimonio personal, ni una cuota burocrática, ni un premio para quien haya acompañado a determinado dirigente durante una campaña.

La inteligencia artificial no es simplemente ChatGPT respondiendo preguntas. Estamos frente a una tecnología capaz de intervenir directamente sobre el conocimiento, durante siglos considerado esencialmente humano.

La discusión sensata, entonces, no debería ser "armas sí" o "armas no". Debería ser qué controles funcionan, quién puede acceder legalmente a un permiso, cómo se verifica su responsabilidad y, sobre todo, qué está haciendo el Estado frente al enorme mercado ilegal.

Lo que define si esa mirada se convierte en inversión concreta es si el territorio tiene emprendimientos listos para recibirla: con modelo validado, con equipo capaz de ejecutar y con la disposición de jugar bajo las reglas de quienes ponen el dinero.

Ejemplo de ello es que hoy en Colombia se habla solo de izquierda y derecha, ambas de corte popular, aunque se insiste en calificarlas como de extremos; pero sin el impacto popular difícilmente habrían logrado lo que alcanzaron electoralmente.

Le pido a Dios, que me acompañe en esta tarea y que pueda hacer todo de sí, en beneficio de mi país. Y como dicen en la linda tierra que me acogió cuatro años, “arrieros somos y en el camino nos vemos”.

Las medidas cautelares adoptadas por el Consejo de Estado, en el estudio de la demanda contra el decreto mediante el cual se fijó el salario mínimo para el año 2026, solo confirman una cosa: la ligereza que ha caracterizado a este gobierno cuando de sustentar legalmente sus actuaciones se trata.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.