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El drama por ver trabajar

A la izquierda le haría bien recordar algo que alguna vez exigió cuando los atacaban: dejen gobernar. Fiscalicen, controlen, cuestionen, denuncien cuando haya razones. Para eso existe la democracia. ¡Pero hombre! Ni si quiera se han posesionado.
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José Monroy
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Ecos del Combeima
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5 Jul 2026 - 8:24 COT por José Adrián Monroy

Qué maravilla ver a la izquierda colombiana redescubrir, de la noche a la mañana, el amor por el Estado laico. Apenas se supo que Viviane Morales —abogada, exfiscal y abiertamente cristiana — llegaría al Ministerio de Educación, se armó el  coro de indignación bíblica: “adoctrinamiento”, “guerra al carácter laico”, “retroceso en derechos”. Jennifer Pedraza, Carrillo y compañía sacaron el crucifijo invertido para exorcizar a la nueva ministra antes de que se sentara en su escritorio.

Curioso, muy curioso. Porque a esa misma bancada moral no le tembló la voz cuando Francia Márquez nombró como viceministro de Diversidades a un señor cuya hoja de vida incluía años de carrera como actor porno, con contenido explícito circulando libremente en su cuenta de X, accesible para cualquier menor de edad con wifi. Ese nombramiento no despertó ninguna cruzada por el “carácter serio” del Estado. Al contrario: se defendió con la solemnidad de quien cita a Foucault, hablando de “resiliencia” y “superación de estigmas”. Y cuando finalmente lo hicieron ministro de Igualdad, el propio Petro remató la escena acusando de racista a quien se atrevió a cuestionarlo.

Tampoco hubo indignación  cuando el ministro del Interior Armando Benedetti, confesó públicamente tres décadas de consumo de cocaína y alcohol, con recaídas incluidas mientras ejercía cargos públicos. Ahí no se habló de “idoneidad ética” ni de “requisitos mínimos para gobernar”. Se habló de “valentía”, de “romper estigmas”, de una enfermedad que merece comprensión. Qué generosos son los mismos que hoy condenan a una ministra cuyo único pecado es ir a misa, o a culto, para ser exactos.

Ojo, no estoy pidiendo que se linche a nadie por su pasado ni por su enfermedad. Estoy señalando que la vara con la que la izquierda mide la moralidad pública es de caucho: se estira o se encoge según de quién sea. Cristiana en Educación: escándalo nacional, exactor porno en Igualdad y adicto confeso en Interior: comprensión y aplausos. Ese doble rasero no es coherencia ideológica, es simple sectarismo progresista.

Mientras tanto el nuevo gobierno se puso a trabajar. En dos semanas de empalme, el vicepresidente electo José Manuel Restrepo ya destapó nombramientos, contrataciones aceleradas y cambios estructurales de última hora en el gobierno saliente. Montó 22 mesas técnicas con 1.300 personas y fijó cronograma con fechas concretas. Cuatro años tuvo Francia Márquez de vicepresidenta —con ministerio propio incluido— y lo que la mayoría de colombianos recuerda es al “helicóptero” y “de malas”.

A la izquierda le haría bien recordar algo que alguna vez exigió cuando los atacaban: dejen gobernar. Fiscalicen, controlen, cuestionen, denuncien cuando haya razones. Para eso existe la democracia. ¡Pero hombre! Ni si quiera se han posesionado. 

Pero convertir el trabajo en motivo de sospecha y el orden en motivo de escándalo no fortalece la oposición; la ridiculiza. 

Finalmente, el verdadero temor no sea que el nuevo gobierno fracase, quizás el miedo sea exactamente que le vaya bien.

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