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¡Aquí nunca ha venido nadie, pero seguro llegarán!

Afortunada o desafortunadamente, es la desgracia quien acelera la llegada de las autoridades gubernamentales con atenciones y ayudas para esta zona tan afectada por el sismo e históricamente olvidada por el Estado; convirtiendo aquella expresión esperanzadora en una frase que bien podría coincidir con lo que se propone la Patria Milagro.
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Ecos del Combeima
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16 Ago 2026 - 8:51 COT por Álvaro Montoya

“Por aquí nunca ha venido nadie, pero seguro llegarán”, se le escuchó decir a un habitante de San José del Palmar en el Chocó, al día siguiente del terremoto. Frase que resume la dimensión territorial de esta tragedia y la esperanza de un pueblo para que ese “nunca” termine y finalmente haga presencia un gobierno restaurador.

Afortunada o desafortunadamente, es la desgracia quien acelera la llegada de las autoridades gubernamentales con atenciones y ayudas para esta zona tan afectada por el sismo e históricamente olvidada por el Estado; convirtiendo aquella expresión esperanzadora en una frase que bien podría coincidir con lo que se propone la Patria Milagro. Y es que realmente fue un milagro que ese terremoto de magnitud 7,4 no haya causado un mayor número de pérdidas humanas.

Hace 27 años, el terremoto del Eje Cafetero concentró buena parte de sus efectos en Armenia, Pereira y municipios de la región. El desastre del pasado 10 de agosto tiene otra geografía. Su epicentro estuvo en San José del Palmar, pero sus consecuencias se extendieron por todo el Chocó, Valle del Cauca, Risaralda, Caldas, Antioquia, Tolima y otras regiones del país. La tragedia se desconcentró territorialmente, y por ello también,  la reconstrucción se haría desde las mismas regiones.

En 1999, el país creó el FOREC (Fondo para la Reconstrucción del Eje Cafetero), una organización con autonomía y capacidad para actuar sobre el territorio. Los costos directos e indirectos de aquel terremoto se estimaron en 2,2 % del PIB Nacional. Hoy, las primeras estimaciones sobre su impacto económico, aunque inciertas, podrían doblar esta cifra. El costo de la tragedia será enorme y más aún si consideramos las restricciones fiscales que enfrenta el país y el gobierno que apenas comienza.

El Gobierno del tigre llegó con la idea de gobernar desde y para las regiones. El terremoto acaba de convertir esa intención política en una necesidad práctica. La reconstrucción exigirá presencia territorial, decisiones rápidas y coordinación institucional, pero especialmente la capacidad de entender que cada municipio como cada región, tiene una realidad diferente.

Aquí aparece la importancia de las microgerencias territoriales. La reconstrucción requiere gerencias cercanas a la comunidad, pero con capacidad de coordinar con el Gobierno Nacional, gobernadores, alcaldes y empresarios de la región, para identificar prioridades, destrabar decisiones y convertir los recursos en obras y soluciones concretas. Cada territorio necesita una respuesta propia, aunque articulada dentro de una estrategia nacional.

Quizá aparezca también el verdadero significado de los “nunca” que el nuevo Gobierno quiere poner en el centro de su gestión: colombianos que durante generaciones han vivido lejos de los centros de decisión y aspiran que su territorio sea reconocido no solamente cuando ocurre una tragedia, sino también cuando se distribuyen las oportunidades. Esos que nunca han necesitado del Estado, pero reclaman su presencia activa en los territorios; aquellos que sin rendirse entienden y defienden la democracia, pero especialmente aquellos que nunca abandonan sus principios por presiones politiqueras y  siempre están ahí, luchando por su tierra y por su gente.

Este desafío nacional puede convertirse en la gran oportunidad para reconstruir el país desde las regiones. Rehacer pueblos, escuelas, hospitales, viviendas, vías, acueductos y sistemas productivos que puedan transformarse bajo nuevos estándares de seguridad y conectividad, pero también como parte de una visión regional que genere empleo, inversión y nuevas capacidades económicas.

Si gobernar para las regiones es el alma de la Patria Milagro, tendrá que comenzar por aquellos territorios donde durante mucho tiempo la presencia del Estado llegó tarde o nunca llegó. El “nunca” de San José del Palmar que dijeron al día siguiente y al que finalmente este gobierno sí llegó, reta a que después de la emergencia también lleguen las oportunidades.

Esta vez el terremoto afectó muchas y diversas regiones. La esperanza es que haciéndose el milagro, con la reconstrucción se vea y se sienta el desarrollo en esa otra Colombia.

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