Chaparral, donde la resiliencia hoy sabe a café
Nací en Chaparral y decirlo siempre me llena de orgullo. Uno puede vivir lejos, recorrer otros caminos y construir su vida en otros lugares, pero hay algo de la tierra donde nació que nunca se va. Por eso me emociona especialmente lo que viviremos del 14 al 16 de agosto, cuando nuestro municipio reciba la cuarta Feria Internacional del Café “Tolima, Corazón Cafetero de Colombia”. Quiero ver mi pueblo lleno de visitantes, compradores y familias recorriendo sus calles. Quiero que prueben nuestro café y descubran todo lo que hay detrás de él. Porque esta feria también cuenta una parte de nuestra historia.
Chaparral tiene 440 años y buena parte de ellos han sido escritos entre montañas, trabajo campesino y una enorme capacidad para volver a empezar. También conocemos el dolor. Durante años, nuestro territorio apareció ante el país ligado a la violencia y al conflicto armado. Quienes somos de esta tierra sabemos que esa historia existió y que dejó heridas que todavía merecen memoria y respeto. Pero Chaparral nunca se quedó detenido allí. Mientras muchos hablaban de guerra, nuestros campesinos seguían madrugando, cultivando la tierra, criando sus familias y creyendo que algún día vendrían tiempos mejores.
Y esos tiempos hay que ayudarlos a construir. El café es una muestra de lo que podemos hacer. En nuestras montañas hay familias que permanecieron en sus fincas aun durante los años más difíciles. La Trinchera, en la vereda Horizonte, pertenece a una misma familia desde 1963 y su historia será una de las experiencias que podrán conocerse durante la feria. Me gusta pensar en lo que representa ese lugar. Mientras alrededor había incertidumbre, alguien seguía sembrando. Alguien recogía café. Alguien se negaba a abandonar su tierra. Historias como esa explican mejor a Chaparral que cualquier discurso.
Ahora el país cafetero dará la mirada hacia nosotros. Se esperan más de 15.000 visitantes durante los tres días de feria y eso significa movimiento para hoteles, restaurantes, comerciantes, transportadores, emprendedores y productores. Pero quisiera que pensemos más allá de llenar las calles durante un fin de semana. Cada persona que llegue debe llevarse una razón para regresar. Cada comprador que conozca un café especial producido en nuestras montañas puede convertirse en una relación comercial. Cada fotografía que muestre la belleza de nuestro territorio puede despertar el interés de alguien que nunca había pensado en visitar el sur del Tolima.
Ahí tenemos una tarea grande. La feria debe servir para que nuestros caficultores vendan mejor, para que las marcas nacidas en Chaparral encuentren nuevos mercados y para que los jóvenes descubran que también pueden construir un proyecto de vida alrededor del campo. Tenemos paisaje, café, cultura, historia y una ubicación privilegiada en el sur del departamento. Hace falta conectar mejor todo eso. Imagino rutas cafeteras, experiencias rurales, pequeños negocios creciendo alrededor del turismo y productores que no tengan que conformarse con vender solamente el grano, sino que puedan transformar, empacar y llevar su propio nombre hasta otras regiones y, por qué no, a otros países.
También debemos ser conscientes de algo. Tres días de feria no solucionarán los problemas históricos de nuestro campo. Todavía necesitamos mejores vías rurales, acompañamiento técnico, conectividad, oportunidades para los jóvenes y condiciones que permitan producir y comercializar con mayor rentabilidad. Reconocerlo no disminuye la importancia del evento. Al contrario, nos obliga a aprovecharlo bien. La verdadera medida del éxito no estará únicamente en cuántas personas nos visitaron, sino en lo que quede después del 16 de agosto para el campesino, para el emprendedor y para las familias de Chaparral.
Yo quiero que esta feria nos deje algo todavía más profundo. Durante mucho tiempo a los chaparralunos nos tocó explicar las heridas de nuestra tierra. Hoy tenemos la posibilidad de hablar también de nuestros caficultores, de nuestras montañas, de quienes emprendieron, de quienes regresaron y de aquellos que nunca se fueron. Me siento profundamente orgulloso de haber nacido en Chaparral y feliz de ver a mi pueblo abriendo sus puertas al mundo. Hemos demostrado que sabemos resistir. Ahora debemos demostrar que sabemos convertir esa fortaleza en oportunidades. Ese es el Chaparral que quiero ayudar a contar. Mi Chaparral, nuestra Tierra de Grandes.
Por: Mauricio Gutiérrez