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Vuelve y juega el turismo para el Tolima

Pero más allá de las cifras, lo verdaderamente importante es entender el enorme valor estratégico que empieza a adquirir el turismo para el desarrollo regional.
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Crédito
Ecos del Combeima
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10 Mayo 2026 - 10:49 COT por Álvaro Montoya

No deja de sorprender los aportes en materia económica y social que viene dejando el turismo, pero especialmente aquel relacionado con lo que somos, tenemos y hacemos; con aquello que nos ha acompañado por siempre, con la manifestación cultural de lo nuestro, de lo que somos e históricamente hemos sido.

Colombia como el mundo mismo, descubre con admiración nuestra riqueza ambiental; se sorprenden gratamente con nuestras tradiciones, con nuestra cultura campesina, étnica y ancestral, con nuestra música, costumbres y ese folclor tan particular; y especialmente con nuestra gastronomía, que rompe récord tras récord y ocupa la atención nacional e internacional y que hoy goza de la mejor calificación a nivel mundial. Pues nos damos el lujo de tener en nuestro territorio al municipio de Murillo como el mejor pueblo turístico 2025 según la ONU, y Honda pueblo patrimonio, como el segundo destino más competitivo según el Indice de Competitividad Turística 2025. También como el departamento con las mejores tazas de café, el Tapa Roja Rosado como el mejor aguardiente, y la lechona tolimense como el plato de cerdo del mundo, y sin ser pretenciosos, hasta la mejor gobernadora del país.

Y es que lo dijo con entusiasmo y mucho orgullo —y tiene por qué hacerlo— nuestro Secretario de Cultura, Alexander Castro, durante el desarrollo de la Segunda Mesa Sectorial de Turismo Sostenible y Diversificado,  donde leyó textualmente unas cifras increíbles dadas por Fenaldata, donde para el Tolima al cierre del año 2025, la actividad de alojamiento y servicios de comida había crecido en 8.911 ocupados, y en las actividades artísticas, de entretenimiento y recreación 6.746 ocupados. Indudablemente, las mayores cifras de la última década.

En total, el Tolima ocupó en turismo a 50.454 personas y en actividad cultural a 44.726, para un gran total de 95.080 ocupados. Entonces, ¿cómo no entusiasmarse y sentirse orgullosos de haber entregado semejante resultado en beneficio de esa industria sin chimeneas, que ante todo, resalta y sobrepone lo que tenemos como región y especialmente lo que somos.

Pero más allá de las cifras, lo verdaderamente importante es entender el enorme valor estratégico que empieza a adquirir el turismo para el desarrollo regional. Mientras otros sectores enfrentan dificultades derivadas de la desaceleración económica, el turismo y la cultura aparecen como una alternativa real de crecimiento, generación de empleo y movilidad social. Aquí no solo ganan los hoteles o los restaurantes; también se benefician el campesino que vende sus productos, el artesano, el transportador, el guía turístico, el emprendedor gastronómico y cientos de familias que encuentran en esta actividad una oportunidad legítima para progresar.

El Tolima, históricamente asociado a su vocación agrícola, empieza además, a consolidarse como un destino turístico integral. Hoy el departamento no solamente produce y vende café, arroz o frutas; también vende experiencias, identidad, tradición y cultura. Y eso tiene un valor enorme en un mundo donde los territorios compiten precisamente por diferenciarse desde su autenticidad.

Por eso resulta tan importante que esta apuesta no sea coyuntural ni dependa únicamente del entusiasmo y la tarea bien hecha de algunos funcionarios. El turismo requiere continuidad, inversión, infraestructura, promoción y seguridad. Requiere vías en buen estado, conectividad, formación bilingüe, fortalecimiento empresarial, y sobre todo, preservar aquello que precisamente nos hace atractivos: nuestra propia riqueza natural y cultural.

El Tolima empieza a entender que el futuro no solo está en lo que produce la tierra, sino también en lo que produce el alma de su gente. Hoy  quizá nuestra gran fortaleza está en haber descubierto que nuestra cultura, nuestras tradiciones y nuestro folclor no son únicamente motivo de orgullo tolimense, sino también un poderoso motor de desarrollo económico y social, para toda una región.

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