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Dos años después, Ibagué sigue esperando el puente peatonal anunciado en la avenida Mirolindo

El caos generado por los resaltos abrió nuevamente una vieja discusión: ¿por qué el puente peatonal prometido hace dos años sigue sin construirse?
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9 Ago 2026 - 7:52 COT por Ecos del Combeima

Los reductores de velocidad instalados recientemente frente a Mercacentro 10 no solo frenaron el tráfico de la avenida Mirolindo. También revivieron una pregunta que permanece sin respuesta desde hace dos años: ¿qué pasó con el puente peatonal que fue anunciado para este sector?

La obra fue presentada en 2024 como una alternativa para mejorar la seguridad de los cientos de peatones que diariamente cruzan esta vía nacional, uno de los corredores con mayor flujo vehicular de Ibagué. Sin embargo, dos años después, el puente sigue sin construirse y la ciudad terminó enfrentando una nueva controversia tras la instalación de cinco resaltos que generaron extensos trancones y obligaron a la Secretaría de Movilidad a ordenar el retiro de dos de ellos.

La problemática trasciende el debate sobre los reductores. En este punto convergen peatones, deportistas, trabajadores, estudiantes, clientes de establecimientos comerciales y habitantes de sectores cercanos que, todos los días, deben atravesar una vía por la que circulan vehículos particulares, motocicletas y transporte pesado. La necesidad de una solución es evidente, pero ninguna de las alternativas anunciadas ha logrado materializarse.

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Un anuncio que sigue esperando convertirse en obra

El entonces secretario de Infraestructura, Eduardo Suárez Barrera, anunció hace dos años la construcción del puente peatonal como respuesta a las condiciones de riesgo que presentaba este corredor vial.
Hoy, la explicación es distinta.

El actual secretario de Infraestructura, Marco Matheus, aseguró que la principal dificultad radica en la infraestructura existente sobre la avenida.

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"Se está haciendo un análisis técnico y presupuestal, considerando que por allí se encuentra ubicada una red de energía y la altura de esas líneas entraría en conflicto con la estructura del puente. Eso implicaría elevar las redes o hacer la subterranización correspondiente", explicó.

Según el funcionario, la presencia de estas redes obliga a evaluar técnicamente la viabilidad del proyecto y su costo, pues cualquier intervención requeriría previamente adecuaciones por parte del operador del servicio eléctrico.

La situación abre otro debate que durante años ha estado presente en Ibagué: la necesidad de avanzar en la subterranización de redes de energía en diferentes sectores estratégicos de la ciudad. En este caso, la infraestructura aérea no solo impacta el paisaje urbano, sino que hoy aparece como uno de los principales obstáculos para ejecutar una obra anunciada desde 2024.

Matheus también confirmó que las mesas técnicas adelantadas en su momento entre la Administración Municipal, Mercacentro y la concesionaria de la vía no lograron un consenso sobre la solución que debía implementarse.

Incluso señaló que actualmente no puede asegurarse que la respuesta definitiva sea un puente peatonal.
"Puede ser un puente peatonal, puede ser alguna otra solución como un deprimido. Todo esto implica revisar redes de energía, acueducto, alcantarillado y otros aspectos técnicos", indicó.

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La falta de articulación

La instalación de las bandas reductoras fue una iniciativa del privado con el propósito de disminuir la velocidad de los vehículos y brindar mayor seguridad a los peatones.

Sin embargo, la medida terminó generando un fuerte impacto sobre la movilidad del corredor, obligando a la Secretaría de Movilidad a intervenir y ordenar el retiro de dos de los cinco resaltos instalados.

Para la Red de Veedurías Veemóvil, lo ocurrido dejó al descubierto una falta de coordinación entre las entidades involucradas.
Su representante, Rubén Darío Calderón, aseguró que la ciudad continúa esperando una solución definitiva mientras las autoridades siguen anunciando nuevos estudios.

Archivo de audio

"Aquí lo que necesitamos no son anuncios ni excusas. Lo que esperamos es una solución definitiva. Si el puente no es viable, entonces deben decir cuál será la alternativa y ejecutarla", manifestó.

El veedor también cuestionó que aún no se conozcan públicamente los estudios que sustentan la imposibilidad de construir el puente y afirmó que la instalación de los reductores refleja improvisación y ausencia de planeación.

"No puede ser que dos años después nos digan que el puente no se puede hacer por las redes de energía. Esa evaluación debía existir antes del anuncio. Lo que vemos es una falta de articulación entre las entidades y ninguna solución de fondo", sostuvo.
Una deuda pendiente con la seguridad vial.

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Más allá de la congestión vehicular generada por los resaltos, el caso volvió a poner sobre la mesa una realidad que permanece igual desde hace varios años: miles de personas continúan cruzando diariamente una de las avenidas más transitadas de Ibagué sin una infraestructura que garantice plenamente su seguridad.

Hoy, mientras la Administración adelanta nuevos análisis técnicos y presupuestales para determinar qué obra resulta viable, la solución definitiva sigue sin fecha de ejecución.

Los resaltos lograron reducir la velocidad de los vehículos, pero también dejaron en evidencia que el verdadero problema continúa siendo el mismo: dos años después del anuncio del puente peatonal, Mirolindo sigue esperando una intervención que proteja la vida de quienes transitan por este sector y que, al mismo tiempo, no comprometa la movilidad de uno de los corredores más importantes de la ciudad.