Pasar al contenido principal
Econoticias y Eventos
Economía
COMPARTIR
Se ha copiado el vínculo

Cultivos de ciclo largo están en el "valle de la muerte", Confecaucho

Mientras los bancos no aprendan a esperar la cosecha, el país seguirá atrapado en un círculo perverso: sembrando esperanza, pero cosechando deudas. En muchas regiones rurales, el acceso al crédito formal no supera el 20 %.
Imagen
 Si el Gobierno realmente quiere fortalecer el campo, debería empezar por reformar la arquitectura del crédito rural.
Crédito
Confecaucho
27 Mar 2026 - 9:22 COT por Alfonso Aya Roa

En Colombia se habla de reforma rural, de soberanía alimentaria, de transición productiva y de justicia social para el campo. Pero cuando un productor siembra un árbol de caucho natural, el sistema financiero le responde con una hoja en Excel que no entiende de biología ni de ciencias naturales.

Esa es la fractura que hoy está denunciando el sector cauchero y el de los cultivos permanentes tropicales. Mientras el Gobierno promueve discursos de fortalecimiento agropecuario, la arquitectura crediticia sigue diseñada para economías de rotación rápida, pero no para proyectos que maduran en años y producen durante décadas.

Fernando García Rubio, director ejecutivo de la Confederación Cauchera Colombiana, Confecaucho, afirmó qué incomoda a la banca: “No es falta de voluntad de pago del campesino; es un desfase técnico entre la velocidad del dinero y la velocidad del desarrollo de las plantaciones”.

El problema es simple, dijo. Mientras los bancos exigen cuotas mensuales, cultivos como el cacao, el aguacate o el caucho natural necesitan entre tres y seis años para entrar en producción. “Durante ese periodo el productor invierte, fertiliza, poda, controla plagas y asume riesgos climáticos, pero no recibe ingresos. Sin flujo de caja, el crédito se convierte en asfixia”, aeguró.

Para el dirigente gremial, “en muchas regiones rurales, el acceso al crédito formal no supera el 20 %. El vacío lo llenan el “gota a gota” y la informalidad financiera. ¿El resultado? Más vulnerabilidad y menos competitividad”.

“Sin tener su árbol en producción, el campesino no tiene flujo de caja. Y si no tiene flujo de caja, no puede cumplir el tiempo que el banco exige. Pero eso no significa que no vaya a pagar. Solo necesita tiempo. El tiempo que su cultivo sí le da, pero que el sistema financiero no reconoce”, sostiene García Rubio.

El dirigente gremial va más allá y cuestiona la coherencia del modelo económico rural. Mientras desde el Gobierno se habla de fortalecer el agro como motor de desarrollo sostenible, las decisiones técnicas en las oficinas de riesgo, centralizadas y desconectadas del territorio, continúan evaluando árboles como si fueran inventarios de supermercado. 

“Mientras los bancos no aprendan a esperar la cosecha, el país seguirá atrapado en un círculo perverso: sembrando esperanza, pero cosechando deudas”, destacó García Rubio

“Estamos hablando de activos vivos que pueden generar rentabilidad durante 20 o 30 años. Pero se analizan bajo una lógica de corto plazo. Así es imposible consolidar cadenas productivas sólidas”, advirtió García.

En el “valle de la muerte”

El llamado “valle de la muerte” de los cultivos permanentes tropicales no es un concepto retórico. Es el periodo en el que solo hay egresos y el banco ya exige intereses. Allí mueren proyectos viables, se frena la expansión agroindustrial y se limita el crecimiento de regiones completas.

Para el sector cauchero colombiano, el problema no es exclusivamente financiero; es institucional. Si el Gobierno realmente quiere fortalecer el campo, debería empezar por reformar la arquitectura del crédito rural. Periodos de gracia ajustados a la curva biológica del cultivo, seguros agropecuarios que cubran riesgos climáticos reales y unidades técnicas especializadas dentro de la banca comercial son, según García, medidas mínimas.

“Un analista que entiende qué es una poda de formación o el rayado de un árbol de caucho evaluará el riesgo mejor que alguien que solo mira una pantalla en Bogotá. Necesitamos una banca que huela a tierra”, afirma García.

“Colombia no puede hablar de soberanía agropecuaria mientras financie el campo con instrumentos pensados para negocios urbanos. Financiar un árbol no es un gasto, es una apuesta estratégica por el país”.

No todo es gris

En medio de este panorama, Confecaucho y el Fondo Nacional de Garantías, FNG, firmaron un convenio que busca aliviar la presión sobre los productores de caucho y otros cultivos permanentes. 

El acuerdo pretende ofrecer garantías financieras adaptadas a la realidad biológica de los árboles, permitiendo que los campesinos accedan a créditos con mayor respaldo y confianza. 

Para el dirigente, este paso es fundamental porque “el convenio con el FNG abre una puerta para que los bancos entiendan que un árbol es una garantía viva, que puede sostenerse en el tiempo y dar frutos por décadas. Es un primer avance hacia una arquitectura financiera más justa”.

La advertencia desde Confecaucho es clara. Si el crédito no se ajusta a la biología, el productor seguirá migrando a la informalidad, la agroindustria limitará su expansión y el discurso de transformación rural quedará en el papel.

“Porque un árbol puede esperar la lluvia. Pero no puede crecer al ritmo del interés bancario”, recalcó con vehemencia Fernando García Rubio.