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Opinión: Campo para el campo

Debemos darle campo al campo, el espacio merecido por tantos años, pero tan maltratado por violencia y abandono del Estado.
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26 Abr 2020 - 12:51 COT por Ecos del Combeima

Este esquema social al cual nos obligó la pandemia para volver a casa como guarda protectora, eliminar la vida social, guardar distancia, evitar la prisa, tener austeridad en el gasto y el consumo, cuidar la vida y muchos más, nos obligan a ver más allá, sobre lo que puede y debe suceder para convertirnos en actores de la construcción de un nuevo modelo de vida y sociedad. 

Las dinámicas producto de la crisis imponen una reinvención total en lo economico y social, ante los desafíos y modelos adaptativos que se deben asumir para afrontar la misma, tienen más valor hoy, la tierra productiva, el conocimiento, la tecnologías de la información y las comunicaciones y por supuesto las energías renovables y alternativas, las grandes urbes hábitats por revaluar, se han vuelto monstruos insaciables de consumo, contaminación, de fenómenos sociales de inseguridad, donde la salud mental se ve cada día más afectada por tantos conflictos, tantos encuentros y desencuentros, por falta de una verdadera sensibilidad e identidad. 

En el Tolima la tierra ha sido nuestra mayor riqueza, nuestra mayor fuente de ingreso, me refiero a la tierra que produce alimentos, en gran número en manos de muy pocos lamentablemente, por eso puedo decir que somos herederos de jornaleros, de agricultores, el campo ha sido el motor de nuestra economía y ahora el campo vuelve a ser nuestra gran oportunidad, pero esta vez debemos ver el campo como una empresa, al campesino como el empresario agrícola, debemos hacer una gran apuesta en apropiación de conocimiento técnico, de TIC, ligado todo esto, al desarrollo de un ambiente sano y sostenible, donde la producción limpia y orgánica estén en primera línea. Tenemos la gran oportunidad de un verdadero desarrollo rural, para potenciar nuestra naturaleza de campesinos, lo que somos y debemos mostrar con orgullo, la riqueza de nuestra tierra y la variedad de nuestros productos. 

Debemos darle campo al campo, el espacio merecido por tantos años, pero tan maltratado por violencia y abandono del Estado, el gran salto social y economico está allí, la gran oportunidad de combatir la pobreza en la ruralidad de nuestras familias campesinas tan excluidas; se tiene una enorme responsabilidad social, los gobiernos regionales y locales, como lo hicimos en los nuestros, están obligados a grandes inversiones y apuestas, así deberán quedar consignados en metas y planes de acción, para hacer realidad estos anhelos.

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Pero dejen de usar el agua, la vida y el ambiente para promover un gobierno que no le importó ninguna de las tres. Marchar está bien. Marchar con la misma bandera que usaron para llegar al poder, mientras se perdonan todos los daños que causaron, no es ambientalismo.

El Tolima es un territorio que entiende esto en carne propia. El departamento figura entre los principales productores nacionales de café, arroz, cacao y plátano. Es una despensa real del centro del país. Pero esa vocación productiva no siempre se ha traducido en cadenas de valor que beneficien primero a quien trabaja la tierra.

La experiencia exitosa de Medellín y Bucaramanga, enseña que esa transformación comenzó solo cuando sus dirigentes entendieron que compartían un mismo destino y decidieron actuar. Tolima e Ibagué, tienen la posibilidad de recorrer ese mismo camino.

Las redes sociales han amplificado los discursos más radicales, mientras que los algoritmos y la desinformación han encerrado a las personas en burbujas de fanatismo e información exprés.

El elector moderno es menos disciplinado, menos partidista y mucho más independiente que hace veinte años.

Lo que no resulta tan normal, es que esos cambios ocurran de manera tan abrupta que terminan pareciendo más una estrategia de mercadeo político que una convicción genuina.

Le pido a Dios, que me acompañe en esta tarea y que pueda hacer todo de sí, en beneficio de mi país. Y como dicen en la linda tierra que me acogió cuatro años, “arrieros somos y en el camino nos vemos”.

Las medidas cautelares adoptadas por el Consejo de Estado, en el estudio de la demanda contra el decreto mediante el cual se fijó el salario mínimo para el año 2026, solo confirman una cosa: la ligereza que ha caracterizado a este gobierno cuando de sustentar legalmente sus actuaciones se trata.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.