Colombia cambia de gobierno en pocos días. El empresariado tolimense lleva meses trabajando. Esa diferencia, pequeña en el tiempo pero enorme en los resultados, es exactamente la que va a definir quién aprovecha el nuevo ciclo y quién lo ve pasar desde afuera.
El equilibrio no está en elegir entre creerle a la víctima o proteger al señalado, como suele plantearse en redes, sino en sostener ambas garantías a la vez: canales serios para que las denuncias sean escuchadas, y respeto a la presunción de inocencia hasta que un juez decida lo contrario.
Anuncios y compromisos puntuales cuyo verdadero significado está en reconocer que el desarrollo nacional no podrá seguir dependiendo exclusivamente de las decisiones tomadas desde el Distrito Capital, sino desde y para las regiones.
La dimensión de esta crisis se entiende al observar la importancia de la Ruta Nacional 40. Durante 2025, más de 2,87 millones de vehículos, un promedio superior a 8.000 diarios, recorrieron el corredor Ibagué–Cajamarca, principal conexión entre Bogotá y Buenaventura.
El campo tolimense no necesita más cartas bonitas. Necesita resultados. Y su experiencia es garantía de que puede alcanzarlos. Por eso mismo, los retos que tiene por delante no admiten excusas.
Le pido a Dios, que me acompañe en esta tarea y que pueda hacer todo de sí, en beneficio de mi país. Y como dicen en la linda tierra que me acogió cuatro años, “arrieros somos y en el camino nos vemos”.
Las medidas cautelares adoptadas por el Consejo de Estado, en el estudio de la demanda contra el decreto mediante el cual se fijó el salario mínimo para el año 2026, solo confirman una cosa: la ligereza que ha caracterizado a este gobierno cuando de sustentar legalmente sus actuaciones se trata.
¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?
Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.