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El partido que los negocios no pueden perderse

Las ventas de televisores, por su parte, podrían superar los $4 billones en el año, con 2,5 millones de unidades, un récord histórico para Colombia.
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Adriana Matallana
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14 Jun 2026 - 12:25 COT por Adriana Matallana

Arrancó el Mundial, el país ya lleva semanas jugando su propio partido económico, uno que no tiene árbitro ni estadio, pero sí ganadores y perdedores muy concretos.

Cada cuatro años, la Copa del Mundo hace algo que ninguna política pública logra con tanta velocidad: mueve el consumo de millones de hogares simultáneamente, en cuestión de días, con una intensidad que los economistas llaman un acelerador temporal de actividad. No es magia, es el efecto de un evento que concentra atención masiva, genera emociones colectivas y activa el gasto de una manera que los negocios más preparados aprovechan y los menos listos observan desde afuera.

Las cifras de este Mundial 2026 no son menores. Solo en Bogotá, la Secretaría Distrital de Desarrollo Económico proyecta un impacto cercano a $1,6 billones sobre el PIB de la ciudad durante los meses de junio y julio, impulsado principalmente por el aumento del consumo en los partidos de la Selección. Según Fenalco, en cada jornada con Colombia en cancha, las ventas de televisores, alimentos y bebidas suben entre el 30% y el 50%. El sector de bares y restaurantes proyecta ingresos adicionales de $656.806 millones durante el torneo, con un crecimiento del 23,5% frente a las ventas habituales del período, y la generación de hasta 30.000 empleos temporales según Asobares. 

Las ventas de televisores, por su parte, podrían superar los $4 billones en el año, con 2,5 millones de unidades, un récord histórico para Colombia. Y Rappi estima que cada partido de la Selección generará cerca de 250.000 pedidos de domicilios, con ventas adicionales cercanas a $60.000 millones por jornada solo en gastronomía, tecnología y entretenimiento.

Dicho esto con toda la claridad posible: no todos los negocios ganan igual. El Mundial redistribuye el gasto del hogar, no lo multiplica indefinidamente. Mientras los bares, restaurantes, supermercados, tiendas de tecnología y plataformas digitales están en su mejor momento, los cines, los restaurantes de formato formal sin pantallas, los centros de entretenimiento alternativo y algunos sectores de turismo doméstico enfrentan una presión real sobre sus ingresos durante las mismas semanas. Bancolombia lo describe con precisión en su análisis sectorial: el Mundial crea ganadores y perdedores dentro del mismo período, y la diferencia entre unos y otros no es el tamaño del negocio sino la capacidad de anticiparse.

Esa anticipación es exactamente lo que separa al empresario que lee el mercado del que lo padece. Un bar que instaló pantallas adicionales en noviembre pasado está lleno hoy. Una tienda de barrio que hizo alianza con un proveedor de snacks antes del arranque del torneo está rotando inventario a un ritmo que no veía en meses. Un emprendedor digital que lanzó contenido mundialista en sus redes desde la semana pasada está generando tráfico. Todos tomaron decisiones pequeñas antes de que empezara el ruido. El ruido llegó. Y la diferencia entre los que se prepararon y los que no es visible ahora mismo en cualquier calle de Ibagué.

Hay algo más que vale la pena señalar, y tiene que ver con el largo plazo. Los eventos masivos tienen memoria económica corta pero huella comercial larga para quienes saben usarlos bien. El negocio que durante el Mundial construyó base de datos de clientes, fidelizó a quienes llegaron por primera vez, probó un nuevo producto o formato y midió sus resultados, sale del torneo con más que dinero en caja: sale con información. Y la información sobre cómo se comporta su cliente en momentos de alta emoción colectiva es un activo que vale mucho más allá del 19 de julio, cuando suene el pitazo final en el estadio MetLife de Nueva Jersey.
Los grandes eventos no llegan a pedirle permiso a ningún negocio. Llegan, mueven el mercado durante unas semanas y se van. Lo que queda depende de qué tan bien preparado estaba cada uno para recibirlos. 

Mi mensaje para el empresario y el emprendedor de Ibagué es directo: estamos en el momento exacto. Una ciudad intermedia que en estas semanas se viste de vacaciones, de tradición, de visitantes que llegan con ganas de gastar, de conocer y de quedarse con una experiencia que contar. El Mundial es el telón de fondo, pero el escenario real es nuestra ciudad. Y en ese escenario, el diferencial no lo pone el tamaño del local ni el presupuesto de publicidad. Lo pone la actitud de servicio. Cuando un visitante entra a un negocio ibaguereño y encuentra calidez, agilidad y una experiencia que no esperaba, no solo vuelve: recomienda. Y en un mundo donde el voz a voz sigue siendo el canal más poderoso que existe, esa recomendación vale más que cualquier pauta. El partido económico ya está en curso. Como en el fútbol, en los negocios también existe el fuera de lugar, y quedarse quieto esperando que la oportunidad toque la puerta es la forma más segura de perderla. Este Mundial, estas vacaciones, estos visitantes no van a volver el próximo mes a darnos una segunda oportunidad. Son hoy. Y hoy, más que nunca, la mejor estrategia de negocio que tiene Ibagué se llama servicio con intención.

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