165 veces tolimense
Cada 12 de abril, algo se mueve en el pecho de quienes llevamos al Tolima tatuado en el alma. No es nostalgia solamente. Es algo más profundo: el olor a tamal al desayuno, el bunde que cantamos como si estuviéramos rezando, los colores vinotinto y oro que no son de un equipo sino de una identidad entera.
Hoy, mientras el departamento cumple 165 años de existencia oficial, los tolimenses que están por fuera y los que aún caminan sus calles y sus montañas, tenemos razones de sobra para celebrar. Pero sobretodo para preguntarnos con honestidad y sin derrota, ¿hacia dónde vamos? Porque el Tolima es mucho. Es la Tierra Firme de Colombia, como la llamamos con orgullo. Es cuna del pueblo pijao, de Darío Echandía, del Festival Folclórico más importante del país, de uno de los cafés más finos del mundo. Es tierra de ríos generosos, de paisajes que cortan el aliento, de gente que trabaja duro y que recibe al forastero con los brazos abiertos. Todo eso existe y merece ser celebrado en voz alta y sin timidez.
Celebrar de verdad no es sólo aplaudir lo que hay. Celebrar de verdad es tener el valor de ver también lo que nos falta. Y aquí, en el corazón de los Andes colombianos, hay una conversación pendiente sobre el futuro. El Tolima ocupa hoy el puesto 11 entre 33 departamentos en el Índice de Competitividad Nacional, y eso es un logro. Sin embargo, los propios analistas advierten que estamos en una franja intermedia: ya no somos los “últimos de la cola” de antes, pero tampoco somos los líderes que podríamos ser. La economía tolimense, sólida en su vocación agropecuaria y en su comercio, no ha logrado aún consolidar industrias de conocimiento, innovación ni servicios de alto valor agregado que generen empleo calificado para los jóvenes que hoy se van a buscar oportunidades a otras ciudades.
Ese es quizás el reto más urgente: retener el talento. El Tolima forma gente brillante que luego engrandece a Bogotá, a Medellín, al mundo. No hay nada de malo en irse a crecer; pero sí hay algo que corregir cuando irse es la única opción. Nuestro departamento necesita construir con urgencia un entorno que haga posible quedarse: más educación superior de calidad, más conectividad real en los municipios, más apuesta por el turismo sostenible, por la agroindustria, por las industrias creativas que ya son una fortaleza cultural de esta tierra.
La gobernación avanza. El plan de desarrollo reporta logros y metas cumplidas. La institucionalidad trabaja. Pero los cambios estructurales que el Tolima necesita no los hace un gobierno solo: los hace una sociedad que decide, que exige, que invierte en lo local, que apoya al emprendedor de la esquina tanto como aplaude al jugador del Deportes Tolima en el coloso de la 37.
165 años no son poca cosa. Son generaciones de tolimenses que labraron esta tierra con sus manos, que la defendieron, que la cantaron y que la lloraron también en los años duros de la violencia y el olvido. Hoy le debemos a esos hombres y mujeres no solo un aplauso, sino un compromiso: el de ser la generación que finalmente hace del Tolima lo que siempre supo que podía ser.
¡Feliz cumpleaños a mi tierra! Que los próximos 165 años sean tuyos, nuestros, de todos los que te amamos desde adentro y desde lejos. El bunde suena, y hay que bailarlo con los pies puestos en el futuro.