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¿Más curules para el Tolima, significa más región?

El perfil de los nuevos congresistas, refleja sin duda, una realidad política sostenida durante las últimas dos décadas.
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Ecos del Combeima
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22 Mar 2026 - 10:04 COT por Álvaro Montoya

Pregunta que apremia en juego de dos temporadas. Una primera que ya surtió credenciales para el Congreso de la República y otra segunda que avanza con rapidez y pronto definirá la Presidencia de los colombianos. Partida de dos tiempos que inevitablemente terminará reconfigurando el tablero político nacional y regional.

Para el Tolima el panorama resulta alentador, al contar con un número superior de senadores frente a otros tiempos y  otros departamentos. Sin embargo, esa composición política tiene un claro predominio de derecha y quizá algo con matiz de centro; mientras que en la Cámara de Representantes la situación parece más equilibrada, donde la tercera parte de esas nuevas credenciales refleja posiciones distintas dentro del espectro político regional.

Todos ellos, sin duda, con méritos suficientes para estar allí y seguro con plena disposición de trabajar por su departamento. Pero una cosa es lo que se quiere hacer y otra muy distinta lo que realmente se puede lograr. Y esa capacidad de incidencia dependerá sin duda de esa segunda temporada; del resultado presidencial.

El perfil de los nuevos congresistas, refleja sin duda, una realidad política sostenida durante las últimas dos décadas. El Tolima continúa siendo en esencia conservador, lo cual nos ubica políticamente en un lugar distinto a las actuales posturas del gobierno nacional, sumado a la nueva composición Congresional donde el Pacto Histórico constituye la bancada más numerosa.

He ahí, donde el resultado presidencial tendría implicaciones directas sobre la región. Pues un eventual triunfo de la derecha o centro derecha, podría facilitar una mayor sintonía política para impulsar proyectos regionales desde el Congreso; pero en un escenario distinto, el Tolima tendría que seguir gestionando su desarrollo con mayor esfuerzo fiscal, debido a una menor afinidad política frente a un gobierno central distante, tal cual viene ocurriendo durante los últimos 3 años.

Pero más allá de esa coyuntura, el verdadero desafío para el departamento, estaría en no depender exclusivamente de ese resultado electoral. El Tolima necesita construir una agenda regional poderosa, clara y capaz de convocar todas las fuerzas vivas del departamento incluyendo su bancada parlamentaria en pleno, alrededor de 2 o 3 grandes proyectos estratégicos de largo plazo, que estén por encima de las diferencias interpartidistas.

Esa agenda territorial que podría encontrar grandes coincidencias con cualquier gobierno, debería centrarse en sectores de gran potencial como la agroindustria, la logística y un turismo innovador. Allí estaría lo fundamental, sobre la cual podríamos construir consensos políticos e institucionales.

Si el Tolima logra alinear su representación parlamentaria alrededor de estas apuestas estratégicas, seguro no faltarán inversionistas ni aliados institucionales. Pues el departamento tiene hoy, además de una bancada robusta, las condiciones comparativas y competitivas, que muchas regiones quisieran tener.

El Tolima como su capital debería ser una responsabilidad compartida, que vaya más allá de la coyuntura electoral y cuyo común denominador estaría en conseguir resultados concretos para el territorio en materia de proyectos, inversión, infraestructura, empleo y oportunidades para todos.

Bajo ese contexto, el estrés presidencial no debería trasnocharnos. Lo que si deberíamos estar haciendo desde ya, es capitalizar esa nueva fuerza política departamental y actuar conjuntamente con visión territorial, y aptitud propositiva, articulando una agenda común de desarrollo.

Si la nueva bancada, después de escuchar la alcaldesa Aranda y la gobernadora Matiz, logra alinearse alrededor de 2 o 3 proyectos estructurales, donde se potencie la agroindustria, la logística y un turismo innovador, el departamento podrá transformar esa fortaleza política, en hechos ciertos y un progreso tangible. Porque al final, las elecciones solo cambian gobiernos, pero si las regiones logran organizarse alrededor de un propósito común, avanza y asegura un mejor destino.

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