Turismo sostenible, la importancia de vender una experiencia
Por: Guillermo Ignacio Alvira
Según cifras del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, nuestro país recibió entre enero y septiembre de 2025, un total de 4.8 millones de visitantes provenientes de Estados Unidos, México, Ecuador, Perú, entre otros. Lo anterior reflejando el crecimiento de Colombia como uno de los destinos favoritos en América Latina. No es para menos, el país tiene una riqueza cultural y una biodiversidad envidiable, y pese a ello, en el departamento del Tolima nos ha faltado potencializar esas bondades mucho más.
Una de nuestras apuestas en este camino rumbo al Congreso, es sin duda trabajar en acciones en pro de fortalecer el turismo, pero no cualquier tipo de turismo, sino un turismo sostenible y experiencial, que no es otra cosa que vender la idea de que no basta solo con visitar un lugar, sino vivirlo en su sentido más amplio aunque sea solo por unos días.
Lugares hermosos de nuestro país como Caño Cristales, el Parque Tayrona, Barichara, Villa de Leyva, Salento, El Parque del Café, entre muchos otros, nos han enseñado que más allá de lo bonito de un lugar, el visitante se siente atraído por otro tipo de significaciones, elementos, momentos, historias, mitos, y eso hace que evidenciemos una oportunidad de oro para el Tolima.
Nuestro departamento además de ser reconocido por su gastronomía, ostenta diferentes destinos culturales, naturales, agrícolas, deportivos, de amplio potencial como Honda, Ambalema, Murillo, Anzoátegui, Roncesvalles, Prado, entre otros, en donde se puede generar toda una estrategia de desarrollo a través de rutas agroecológicas, experiencias alrededor del café, del cacao, del arroz, del aguacate, etc, en donde quienes vengan de afuera puedan vivir completa la experiencia de visitar el lugar, conocer la historia, probar multiplicidad de sabores, y compartir experiencias con los habitantes de esas zonas del Tolima.
Desde luego que con esto no quiero decir que ese tipo de turismo no se esté haciendo, porque sé que hay lugares en donde las comunidades han intentado realizar este tipo de ofertas. Sin embargo es necesario poner el acelerador, y promover acciones que conviertan el turismo sostenible en una necesidad estratégica para los gobiernos, para los inversionistas, y en una respuesta para que nuestros campesinos, artesanos y operadores locales formalicen sus servicios, y ante todo, protejan y defiendan el amor y la identidad cultural. Por ejemplo, que bonito sería que así como sucede en La Chamba en donde las personas pueden ir y ver cómo se realiza la extracción de la arcilla, y todo el proceso de modelado, secado y pulido de las piezas; alguien que quiera visitar una finca ganadera, pueda hacerlo, guiado desde luego por una persona capacitada que le explique todo el proceso del manejo del ganado, de los procesos de compostaje, del ordeño tradicional, del modelo productivo en sí, entre otros.
Estoy absolutamente convencido que ese tipo de turismo de experiencia transforma completamente una visita, pues ya no se trata solo de ir a conocer un lugar y tomarse una selfie, sino conocer las tradiciones, compartir con la gente, tratar de entender la historia, sus necesidades, sus pensamientos, y llevarse además de la foto, toda una experiencia significativa.
Vamos a promoverlo, vamos a trabajar si Dios y los tolimenses me dan la oportunidad de ser Representante a la Cámara, pero como dije en mi columna anterior cuando hablamos de la necesidad de industrializar el campo, nada de eso tiene sentido, ni forma, si no le apostamos a la seguridad. Necesitamos tener un territorio seguro, en donde podamos ir, recorrer y recomendar lugares, sin miedo a que le vaya a pasar algo malo al turista, al extranjero, e incluso al propio paisano.
La seguridad debe ser un pilar de todas las democracias, y una base sólida para el turismo aquí y en cualquier lugar del mundo.