Salario, jornadas y productividad: el nuevo escenario que exige decisiones y posturas empresariales
El 2026 comenzó con un escenario laboral que, más allá de opiniones o posturas, ya es una realidad para las empresas colombianas. Por un lado, el Salario Mínimo Legal Mensual Vigente fue fijado en $1.750.905, con un auxilio de transporte de $249.095, lo que lleva el ingreso total mensual cercano a los $2 millones. Por otro, continúa avanzando la reducción progresiva de la jornada laboral, que establece un máximo de 42 horas semanales.
Son decisiones de política pública vigentes. No están en discusión en esta columna si son acertadas o no. El punto relevante es otro: cómo este nuevo marco cambia las reglas del juego para empresas, emprendimientos y territorios como Ibagué y el Tolima.
Un nuevo equilibrio entre costo, tiempo y productividad
Cuando aumentan los ingresos laborales y, al mismo tiempo, se reduce el tiempo legal de trabajo, el efecto inmediato es claro: cada hora trabajada se vuelve más costosa. Esto no es una interpretación ideológica, es una ecuación económica básica. Y como toda ecuación, exige ajustes.
Para las empresas, especialmente las micro, pequeñas y medianas, el reto no está solo en absorber el costo, sino en replantear cómo se genera valor dentro de la organización. Ya no es sostenible depender únicamente de más horas, más esfuerzo o más sacrificio operativo. El foco se desplaza inevitablemente hacia productividad, organización interna y calidad del trabajo.
¿Qué significa esto en la práctica?
En este escenario, comienzan a volverse estratégicas preguntas que antes se postergaban:
• ¿Nuestros procesos están diseñados para aprovechar mejor el tiempo o para “llenar horas”?
• ¿Tenemos roles claros y prioridades bien definidas, o todo se resuelve a última hora?
• ¿Estamos vendiendo valor o solo compitiendo por precio?
• ¿La forma en que atendemos a los clientes justifica los costos que asumimos como empresa?
Estas preguntas no tienen color político. Son preguntas empresariales.
El reto particular para territorios como Tolima e Ibagué
En regiones donde el empleo formal, la productividad y la sostenibilidad empresarial siguen siendo desafíos estructurales, este nuevo escenario no debería leerse como una amenaza, sino como una señal clara de que el modelo empresarial necesita evolucionar.
Para muchas empresas del Tolima, el verdadero riesgo no es el aumento del salario o la reducción de horas, sino no hacer nada distinto frente a ello. Seguir operando igual, con los mismos procesos ineficientes, la misma cultura reactiva y la misma visión de corto plazo, sí puede poner en riesgo la sostenibilidad.
Por el contrario, quienes aprovechen este contexto para evolucionar, podrán convertir un cambio regulatorio en una palanca de transformación empresarial.
Menos discusión, más decisiones
Como país, como ciudad y como empresas, solemos quedarnos atrapados en el debate de si una decisión “gusta” o “no gusta”. Pero las empresas no crecen desde la opinión, sino desde la acción. Los empleos se sostienen cuando hay negocios viables, y los negocios viables se construyen cuando hay liderazgo, estrategia y capacidad de adaptación.
Este 2026 nos plantea un entorno laboral distinto. No es el primero ni será el último. La verdadera pregunta no es qué tan de acuerdo estamos con él, sino qué tan preparados estamos para responder con inteligencia, disciplina y visión de largo plazo.
Porque, al final, ni el salario ni la jornada sostienen una empresa por sí solos. Lo que la sostiene es la capacidad de quienes la lideran para convertir los cambios en decisiones y las decisiones en resultados. El liderazgo con visión, empresas bien gestionadas y una cultura de trabajo que entienda que la actitud de servicio, producto mejor y decidir a tiempo ya no es opcional. Es la única forma de avanzar