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El relevo que no llega, la silenciosa crisis demográfica de Colombia

Colombia envejece en silencio mientras la clase política sigue atrapada en discusiones coyunturales que ignoran la mayor amenaza estructural del país, como lo es la disminución acelerada de su juventud.
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Alejandro Rozo
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Suministrada
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30 Nov 2025 - 8:35 COT por Alejandro Rozo

La demografía global está cambiando y nuestro país no solo no se está preparando, sino que se está deslizando hacia un escenario en el que habrá más adultos mayores que colombianos jóvenes capaces de sostenerlos. Es un fenómeno tan profundo que definirá la economía, el sistema pensional, la productividad, la migración, la seguridad social y el bienestar de las próximas décadas.

Mientras el mundo observa con inquietud cómo China cae aceleradamente en su natalidad, hoy con cerca de 1,41 mil millones de habitantes, pero con riesgo real de perder 100 millones en 20 años, y cómo India se convierte en la nación más poblada con 1,46 mil millones y un bono demográfico todavía vigente, Colombia se ubica en un punto intermedio, pero altamente vulnerable. Estados Unidos, con 347 millones de personas, posee una ventaja clave, pues recibe migrantes jóvenes y calificados. Brasil, con más de 213 millones, y México, con 132 millones, aún mantienen masas laborales significativas. Colombia, en cambio, apenas ronda los 53 millones y empieza a mostrar señales de contracción demográfica.

La tasa global de fecundidad ya cayó a 1,6 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional (2,1). Esto significa, en términos simples, que cada nueva generación será más pequeña que la anterior. Cada año nacen menos colombianos, y lo que antes era un país joven se está convirtiendo rápidamente en un país envejecido. Este proceso es irreversible en el corto plazo y exige políticas públicas que no existen.

El efecto más devastador de este fenómeno se verá en el sistema pensional. Colombia opera bajo un modelo que depende de que muchos jóvenes trabajen para financiar las pensiones de quienes ya no están en edad laboral. Es una pirámide funcional que solo opera si la base, la población joven y productiva es más ancha que la cúspide donde están los adultos mayores pensionados. Pero la pirámide colombiana se está invirtiendo, pareciera que más personas entran a la vejez mientras menos llegan a la edad productiva. La consecuencia es brutal, llegará un momento en que no habrá cotizantes suficientes para sostener el sistema. El país se está llenando de NINIS, jóvenes que ni estudian ni trabajan. Hoy representan más del 20 % de la población entre 15 y 28 años. Es decir, una quinta parte de los jóvenes no está acumulando educación, experiencia laboral ni productividad futura. Una nación que envejece y, al mismo tiempo, desvaloriza su capital humano joven está marchando hacia un precipicio social y económico.

El panorama laboral tampoco ayuda, la informalidad supera el 55 %, lo cual implica que la mayoría de los jóvenes no cotiza y, por tanto, no contribuye al sostenimiento del sistema pensional. La economía digital avanza, pero no absorbe suficiente mano de obra mientras la educación superior pierde matrícula.

Lo más inquietante es el silencio institucional, la demografía no aparece en los discursos políticos, ni en las reformas estructurales, ni en la planeación territorial. Es como si el país estuviera ignorando que su sostenibilidad depende de tener suficientes jóvenes educados, sanos y productivos.

Es urgente replantear el modelo de desarrollo. Colombia debe adoptar políticas que incentiven la maternidad y la paternidad, asegurar redes de cuidado, flexibilizar el mercado laboral, ampliar la educación temprana, reducir el costo de la vida familiar y atraer migración calificada. También debe apostar por un salto definitivo en productividad: automatización, inteligencia artificial, educación técnica y digitalización de sectores tradicionales. Un país envejecido puede sostenerse solo si su productividad es excepcionalmente alta.

El país que envejece trae un futuro inevitable: la vejez será más costosa, los jóvenes serán menos, el trabajo escaseará y la presión fiscal será enorme. Quienes hoy envejecemos debemos preguntarnos quién pagará nuestras pensiones, quién sostendrá el sistema de salud, quién producirá lo que consumimos y quién liderará la economía del futuro.

La bomba demográfica está activa. La hemos ignorado demasiado tiempo. El verdadero problema no es envejecer, sino hacerlo sin jóvenes, sin productividad y sin un Estado preparado. Colombia aún puede actuar, pero la ventana se está cerrando. El país debe dejar de aplazar este debate antes de que la realidad lo obligue a enfrentarlo demasiado tarde.