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IBAGUÉ - COLOMBIA, 21.Julio.2019
Terraverde
  |   08.Mayo.2019   |   Por:  
Javier Pérez

Crónica: Justos por pecadores

Crónica: Justos por pecadores
Crédito: 
Javier Pérez / Ecos del Combeima
Un venezolano que por circunstancias de la vida terminó en Ibagué cuenta la situación tan difícil a la que se tienen que someter por culpa del socialismo.

Caminando por las calles de Ibagué me encontré con un personaje que con su mirada un poco apenada me llamó y manifestó que quería hablar conmigo. Al ver su rostro un poco sucio con barba larga, vestimenta vieja lo primero que pensé fue en alguien que me iba a pedir dinero, sin embargo, le presté atención y sus primeras palabras fueron:

“Chico yo sé que tú eres comunicador y con todo respeto te quiero decir algo”.

Así es como comienzo a escuchar la historia de Ángel Miguel Rivas, un venezolano de Maracay en el estado de Aragua, que por culpa de la situación de su país tuvo que emigrar dejando toda su vida ‘tirada’: un hijo, sus bienes y un futuro promisorio como abogado.

Lleva más de cuatro meses en Ibagué donde ya por estos días la está pasando muy mal, le ha tocado buscar comida en la basura debido a la necesidad extrema, no tiene donde pasar la noche, le ha tocado dormir en una banca de cualquier parque; todo lo anterior después de vivir y dormir cómodamente en su propio apartamento.

¿Cómo llega usted a Colombia, exactamente a Ibagué?

En realidad, me dirigía al país de Ecuador con pocos recursos y en medio de la travesía me fui descapitalizando y llegué aquí a Ibagué. Entre por Cúcuta pase por Pamplona luego Bucaramanga y me alcanzó para llegar hasta aquí, hasta esta ciudad que es muy acogedora.

¿Usted en Venezuela que hace?

Yo soy estudiante de noveno semestre de derecho, lastimosamente estudie en una universidad privada, no estudie en una ‘aldea Bolivariana’ osino ya me hubiese graduado. Tengo un diplomado en criminalística forense y uno también de oratoria.

En realidad, yo salí de mi país con un sueño, pero la realidad es otra. Esto no es fácil, aquí veo a hermanos venezolanos que migraron algunas son personas que no trabajaban porque vivían de las facilidades que les daba el Gobierno y aquí he visto que ellos se sienten satisfechos cuando les regalan un arroz, una harina, pero no debería ser así; ahora su realidad, nuestra realidad es que la estamos pasando muy mal. Yo pienso que nunca debí haber salido de mi país.

¿Cómo ve usted la situación de Colombia en especial de Ibagué?

Colombia… Esta ciudad me ha acogido muy bien, tienen mucha cultura, tienen seguridad, cosa que carecemos en mi país lastimosamente, pero no me explico el alto costo de la vida, de como las personas pagan una cuarta parte de su salario en servicios públicos, de cómo los impuestos consumen a los ciudadanos de a pie.

¿Qué sucedió con sus pertenencias en Venezuela y con las que llego a Colombia?

En realidad, en Venezuela deje un apartamento que me dio la ‘Gran Misión Vivienda Venezuela’ patrimonio que aún posee mi hijo. Veo que aquí en Colombia en un 40% a 48% de la población viven en alquiler por la cantidad de trasteos que he visto. Eso demuestra que hay una problemática para que las personas puedan tener su vivienda propia que debe ser un derecho, así como lo debe ser la salud; ‘y esas son cosas que critican mucho de mi país’.

Aquí a Colombia llegué con solo con una maleta de ropa y desafortunadamente me la robaron. Pues cómo me ha tocado dormir en la calle y aquí estoy con los zapatos rotos, una ropa vieja y sucia que me conseguí.

Sobre este tema de la salud. ¿Qué fue lo que le paso a usted acá y como son las cosas en su país?

Yo me encontraba vendiendo unos dulces, me encontraba en la parte de lo que es la vía de la 60, fui embestido por una moto de alto cilindraje, en realidad cuando me desperté estaba en el piso y ya no estaba la persona que me había arrollado solo había gente a mi alrededor, vi una clínica cerca y pensé que el derecho a la vida, el derecho a la salud era un derecho inherente, trate como pude para llegar a la clínica donde fui mal atendido ni siquiera un doctor tuvo la ética de revisarme, solo me preguntó que cual era la EPS que tenía, luego simplemente me dijo que me fuera al hospital Federico Lleras que es como a 3 o 5 kilómetros de distancia pienso yo; pero ni una ambulancia hubo para mí y la verdad me dio bastante lastima y pena ajena porque en mi país que con todos los problemas que tiene la salud es gratuita y yo te digo algo, si eso llegase a pasar en mi país, de que una clínica no te atiende o por lo menos te estabiliza, esa clínica u hospital va a tener problemas con el gobierno.

Según el DANE dice que en Colombia una persona que gane más de $257.433 pesos no es pobre ¿Qué opina sobre eso?

Yo pienso que un colombiano que se gane un sueldo mínimo y si no hace algo extra laboral, jamás van a tener un carro, jamás van a poder darse un viaje al exterior cuando en mi país con toda la crisis y el auge que se produce, le estoy hablando que una persona que gana sueldo mínimo, un obrero, ha conocido otros países. No voy a decir que todas las personas, pero hablando de un 100% creo que un 30% logra como mínimo obtener su propio vehículo último modelo y en realidad más del 40% logra o posee su vivienda propia que le da el gobierno.

Esta mal visto que el Gobierno regale las viviendas, pero ahí está el derecho a la misma. Lo que pasa es que nosotros no estábamos preparados culturalmente ni socialmente para recibir estas clases de ayudas, no supimos aprovecharlas; si ese gobierno hubiese llegado a este país, a Colombia, con todo el trabajo, con todas las circunstancias que ustedes han pasado, ustedes si hubieran aprovechado todo eso. Ojo, no estoy diciendo que el Socialismo sea la mejor alternativa porque estamos hablando que el capitalismo tiene que funcionar para que un país y una nación crezca en total.

¿Usted ha buscado trabajo aquí en Ibagué?

Sí, y me dieron en una panadería que tiene muchos locales, pero desafortunadamente me tuvieron que sacar porque no tenía el permiso para trabajar. Trate de tramitar el PEP (Permiso Especial de Permanencia) con el cual podría trabajar, pero no fue posible.

¿Qué sigue para usted, que aspira o espera?

Derrotado no me quisiera ir, pero simplemente me quisiera devolver a mi país, con todas las ganas y con todo el corazón me quisiera devolver a mi país; muy encantado del Tolima, de Ibagué, fue lo mejor que conocí, pero en realidad en mi país hay sumamente facilidades de uno adquirir cosas que aquí es casi imposible, muy buena la seguridad, tienen seguridad, mi país tiene problemas con la inseguridad, pero nosotros tenemos fe que si se logra una buena educación para las próximas generaciones todo cambiará; cuando los profesores comiencen a educar a personas para que sean gerentes, para que sean grandes empresarios y no que sean obreros; aclaro no es que el obrero no funcione, porque sin un obrero no se construiría un país, pero agarremos el ejemplo de Santander, el ejemplo de Bolívar que ellos querían llegar a un sitio y llegaban.

 

Finalizando la entrevista y viendo su rostro de cansancio, sus ojos se aguaron y me exclamó “Chamo esto es muy duro”. Yo sin saber que decirle más que un simple ‘ánimo’ me levanto de la silla donde nos sentamos para hacer la grabación y le dije que, si quería tomar algo y él me respondió, que lo que quisiera es una oportunidad para volver a retomar su vida, que no quisiera caer en el vicio o en el alcohol pero que la calle es dura, que la calle es el vivo ‘demonio’ que sin compasión te absorbe y te destruye.

Me vuelve a repetir que extraña su país, su hijo y que lastimosamente le tocó fue pedir comida en vez de dinero, que ya no sabe que más hacer. Tiene miedo de salir de la ciudad y tratar de regresar al país caminando, así como muchos lo están haciendo y que su mayor temor es el no lograr sobrevivir y quedar ‘tirado’ en medio de la nada.

Es así como se despide, me agradece el haberle simplemente escuchado y que eso no lo hace cualquiera ya que siempre piensan que les va a pedir dinero o peor aún que los va a robar; yo le manifiesto que es muy dura su situación que tal vez no podría llegar ni a imaginarme lo que está viviendo. Me despido, a él le da un poco de pena darme la mano debido a que la tenía sucia y se disculpa por eso, se aleja mientras me quedo pensando y agradeciendo por todo lo que tengo y que no sería para nada fácil tomar la decisión de dejar a mi hija, familia, etcétera y todo por tener que salir corriendo de un país que no tiene oportunidades y donde tal vez me pueda enfermar ya sea por falta de medicina o por falta de alimentos.

 

Finalizo este escrito invitándolo a usted que se tomó unos minutos para leer esto a que reflexione y a que siempre le dé gracias a Dios, a la vida, por lo poco o mucho que tiene.

 

Por: Javier Pérez / Ecos del Combeima