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Desconexión con el país, una de las causas por las que los jóvenes no votan en Colombia

La Fundación Universitaria del Área Andina, analizó la baja participación de la juventud en las elecciones en el país.
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Hay baja participacioón de jóvenes en la política colombiana revela estudio de la Universidad Área Andina.
Crédito
FUAA
31 Mar 2026 - 11:17 COT por Alfonso Aya Roa

La baja participación juvenil en política no significa apatía automática, pero sí revela una falla persistente en la forma como el país está formando ciudadanía. En Colombia, los jóvenes han demostrado capacidad de movilización en momentos decisivos, pero esa energía no siempre se traduce en voto informado ni en participación sostenida dentro de los canales institucionales. 

De hecho, la Registraduría reportó que en las elecciones de Consejos Municipales y Locales de Juventud de 2025 votaron más de 1,5 millones de jóvenes, 18,44 % más que en 2021. 

Aun así, el dato no borra una realidad más amplia: la distancia entre juventudes, representación política y toma de decisiones sigue siendo profunda. A eso se suma que el país tiene a la fecha 36,8 millones de identidades de usuarios en redes sociales, lo que ayuda a entender por dónde circula hoy buena parte de la información política que consumen los más adolescentes.

Aura Natalia Pineda Sáenz, directora de la Licenciatura virtual en Ciencias Sociales de Areandina, identifica tres factores de fondo que explican este fenómeno: erosión política, déficits de comunicación territorial y ausencia de una pedagogía sólida sobre el funcionamiento del Estado. 

“Uno de los problemas centrales es la ausencia de un trabajo pedagógico que reconozca y explique el funcionamiento del país”, explica. Cuando eso no ocurre, la política aparece como algo lejano, abstracto o irrelevante, incluso para quienes sí tienen interés en los problemas públicos.

Desconectados

La desconexión no empieza el día de las elecciones. También se construye en el colegio y en la universidad, cuando la formación ciudadana queda reducida a rituales formales sin efecto real. Pineda advierte que, aunque la Constitución de 1991 y la Ley 115 de 1994 abrieron espacios de participación como gobiernos escolares, en muchos casos esos mecanismos terminaron convertidos en ejercicios decorativos: se eligen representantes, pero no siempre hay incidencia, evaluación ni transformación. 

El resultado es que muchos jóvenes aprenden a ver la participación como una formalidad, no como una herramienta para influir de verdad en decisiones que afectan empleo, educación, impuestos, transporte o acceso a servicios.

A esto se suma el ecosistema digital. Hoy buena parte de la información política juvenil circula por X (antes Twitter), Instagram y hasta TikTok, donde se mezclan noticias reales, contenidos fragmentados, fake news, deepfakes y piezas diseñadas para generar reacción antes que comprensión. 

“Los jóvenes crecen inmersos en un entorno donde la información falsa y sin rigor circula de forma inmediata, cargada de odio y polarización”, señala la docente. El riesgo no es solo creer en una mentira, sino formar una opinión política a partir de fragmentos virales sin contexto ni contraste.

Informarse mejor antes de marcar el tarjetón

La primera regla para un joven que va a votar en 2026 es pasar del contenido corto al contenido sustantivo. 

Eso significa revisar los programas de gobierno y no quedarse solo con frases de campaña, clips o publicaciones virales. Ahí están las prioridades del candidato, su diagnóstico del país y las propuestas con las que dice querer responder. Leer esos documentos permite ver si existe relación entre los problemas que identifica y las soluciones que plantea.

El segundo paso es revisar trayectoria, experiencia y coherencia. No basta con escuchar lo que promete en campaña. Conviene mirar cargos ocupados, iniciativas previas, posiciones públicas y capacidad de gestión. 

Pineda insiste en que también es importante observar la trazabilidad del candidato: si existe correspondencia entre lo que promete hoy, lo que ha defendido antes y lo que ha logrado hacer en espacios anteriores.

El tercer consejo es contrastar la información. Antes de compartir un contenido político o asumir que algo es cierto, vale la pena buscar confirmación en medios reconocidos, debates completos, entrevistas de fondo y verificadores como EFE Verifica, Newtral, Infoveritas, Verificat o Fact Check Explorer. 

“El principio más importante es no compartir sin verificar”, resume Pineda. Ese hábito no solo protege a quien vota; también reduce la circulación de desinformación en época electoral.

También conviene aprender a detectar señales de alerta: titulares alarmistas, imágenes borrosas, errores evidentes de edición, audios sin contexto, videos demasiado cortos o supuestas declaraciones explosivas sin fuente confiable. 

En deepfakes, detalles como sombras extrañas, mala sincronización labial o gestos poco naturales pueden ser pistas de manipulación.

Más allá del voto, los jóvenes tienen otras rutas de incidencia sin necesidad de militar en partidos. Cabildos abiertos, veedurías ciudadanas, consejos de juventud, colectivos barriales, organizaciones comunitarias y movimientos estudiantiles siguen siendo espacios legítimos de participación. La tarea pendiente está en conectar esa capacidad de movilización con mecanismos permanentes de decisión, control y seguimiento.