Colombia y el momento de las regiones
Días antes de la posesión del nuevo presidente de Colombia, el país comienza a percibir señales de una forma distinta de gobernar. La visita al Tolima, precedida por recorridos realizados en otros departamentos bajo la estrategia de Empalme Territorial, ha enviado un claro mensaje político e institucional: desde y con las regiones se construirá el Plan Nacional de Desarrollo para gobernar.
Anuncios y compromisos puntuales cuyo verdadero significado está en reconocer que el desarrollo nacional no podrá seguir dependiendo exclusivamente de las decisiones tomadas desde el Distrito Capital, sino desde y para las regiones. Colombia podría estar entrando en una nueva etapa administrativa y económica.
No es la primera vez que el país intenta recorrer este camino. La Constitución de 1991 fortaleció la descentralización, creando las Regiones Administrativas y de Planificación (RAP); luego surgieron el Sistema General de Regalías (SGR), los Contratos Plan, los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET), las Zonas Más Afectadas por el Conflicto Armado (ZOMAC), las Alianzas Público-Privadas (APP), el mecanismo de Obras por Impuestos y otros instrumentos concebidos para reducir las brechas territoriales. Todos con avances importantes, pero también evidenciando las dificultades de un modelo que continúa altamente centralizado.
Quizá el mayor desafío no haya sido desconcentrar su operatividad, sino descentralizar las oportunidades para el desarrollo. Durante décadas, muchas regiones recibieron responsabilidades administrativas, pero continuaron dependiendo de las decisiones y los recursos del nivel central. La verdadera transformación llegará cuando los territorios cuenten con las condiciones necesarias para atraer la inversión, desarrollar infraestructura y fortalecer la competitividad desde sus propias capacidades. A manera de ejemplo, regionalizando los procesos y aprobaciones de las Alianzas Público-Privadas, especialmente las de iniciativa privada sin recursos públicos.
En diferentes países, el desarrollo regional ha demostrado que las economías más fuertes y dinámicas nacen de territorios bien articulados, con instituciones sólidas y una estrecha cooperación entre la comunidad, la universidad, la empresa y el mismo Estado. Colombia tiene hoy la oportunidad de avanzar hacia ese modelo.
El Tolima aparece como uno de los departamentos con mejores perspectivas para esta nueva etapa. Haber alcanzado el tercer mayor crecimiento económico nacional en 2025 constituye un reconocimiento al esfuerzo conjunto del sector productivo e institucional.
Con seguridad territorial y una estrategia interinstitucional para atraer la inversión, el Tolima se convertiría en uno de los principales centros de desarrollo económico nacional. En principio, las prioridades están claramente identificadas: la consolidación de la Ruta 40, superando el estrecho de Cajamarca; el desarrollo del Corredor Logístico Agroalimentario entre El Espinal y Flandes, con una adecuada infraestructura logística especializada; y la modernización aeroportuaria en Ibagué y Flandes. Con ello y algo más, florecerá la efectividad del desarrollo económico, auspiciado desde las regiones.
El momento de las regiones será también el momento del Tolima. Si el nuevo gobierno logra traducir ese mensaje de descentralización en inversión y confianza institucional, el Tolima, también llamado "Departamento Milagro" y tercero en crecimiento económico nacional, consolidará su liderazgo y transformará su territorio. Las regiones no se transforman solas; lo hacen cooperando, interactuando, sumando y creando las condiciones para su propio desarrollo. He aquí la importancia de entender y avanzar en los Tratados Regionales de Desarrollo Económico (RED-T).