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El ocaso del presidente Petro

Hoy el país tiene un nuevo presidente, y aunque el ambiente siga tenso y más polarizado que antes, por lo menos encarna una visión diferente, de respeto a las instituciones, a los empresarios que generan empleo, pero especialmente de firmeza para enfrentar a los delincuentes que tanto daño le han hecho a este país.
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28 Jun 2026 - 8:15 COT por Juan Manuel Díaz Borja

La reciente filtración de conversaciones de funcionarios del gobierno Petro con defensores del llamado Clan del Golfo, dadas a conocer por Noticias Caracol, y en la que quedó en evidencia, como realizaron algunos acuerdos por debajo de la mesa, han terminado de confirmar lo que siempre supimos respecto a la política de “paz total” promovida por el presidente desde sus épocas de campaña. 

No realizar bombardeos a campamentos guerrilleros, levantar órdenes de captura y darle estatus de “gestores” de paz a peligrosos narcotraficantes y paramilitares al tiempo que seguían delinquiendo, fue algo que sucedió durante los últimos cuatro años, así como el maltrato permanente a los altos mandos militares, como es el caso del General de la Policía: Henry Sanabria, quien denunció recientemente, que la entonces mano derecha del presidente Petro, Laura Sarabia, lo llamaba permanentemente a pedirle que desistiera de algunos operativos y a reprocharle algunas de sus actuaciones como jefe de la institución. No hay forma alguna de defender eso, ni siquiera poniendo por encima la necesidad de pacificar el país, pues todos los intentos de mesas de diálogo con esos grupos al margen de la ley fueron infructuosos desde el primer momento, aumentando la inseguridad y la impunidad a lo largo y ancho del territorio nacional.

Justamente ese resquebrajamiento de la seguridad en el país, sumado a los diferentes casos de corrupción como el de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo (por nombrar solamente uno), pero entre otras cosas, los excesos y desaciertos de la vida personal del presidente Petro y sus más cercanos alfiles y defensores, logró que la otra mitad del país, que parecía haber perdido la esperanza luego de un mal gobierno como el de Iván Duque, encontrará en Abelardo de la Espriella, una alternativa perfecta para hacerle frente a todo ese rechazo. Más que por las virtudes, Abelardo ganó por los desaciertos de sus oponentes, y no solamente los de Cepeda, un candidato que parecía que no quería ser presidente, sino de Petro que intervino todo el tiempo en la campaña, de personajes que nunca entendieron que eran gobierno y no oposición, tales como Carlos Carrillo, Gustavo Bolivar, Hollman Morris, Daniel Quintero, el mal llamado pastor Alfredo Saade, entre muchos otros, así como aquellos defensores de redes sociales que se llenaron los bolsillos con contratos, incluso en los medios públicos del país como el mal hablado Levy Rincon. 

Hoy el país tiene un nuevo presidente, y aunque el ambiente siga tenso y más polarizado que antes, por lo menos encarna una visión diferente, de respeto a las instituciones, a los empresarios que generan empleo, pero especialmente de firmeza para enfrentar a los delincuentes que tanto daño le han hecho a este país. Ojalá que ese respeto que dice profesar el electo mandatario le alcance para respetar lo poco que se haya hecho bien en el gobierno saliente, a los contrarios, a los que ejerzan oposición a través de la protesta social, pero sobre todo a procesos que vayan en marcha y necesariamente requieran de continuidad, como es el caso de la JEP, que ha logrado cumplir en buena medida su misión de encontrar verdad, justicia y reparación en más de 330 imputaciones, entre ex militares, ex guerrilleros y ex paramilitares. 

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