Consulta tu conciencia, en la consulta del 8 de marzo
El próximo 8 de marzo no es una fecha cualquiera del calendario electoral colombiano. Más allá de la rutina democrática, ese día marcará el principio del fin de las campañas presidenciales y el inicio de una de las decisiones más trascendentales que como país habremos de tomar en los últimos años. No se trata solo de escoger candidatos, también de fortalecer la democracia y redefinir el rumbo de toda una nación.
Sin restarle importancia a la elección del Congreso de la República, pilar fundamental del equilibrio institucional y gobernabilidad, estas consultas interpartidistas concentran una carga simbólica y política superior. Llegan después de un periodo presidencial marcado por profundos giros ideológicos, tensiones interinstitucionales y una creciente polarización que ha erosionado la confianza país y debilitado la conversación pública.
Colombia enfrenta hoy el desafío de corregir sin destruir, reformar sin dividir y avanzar sin desconocer a la otra mitad. Por eso, estas consultas no pueden leerse como simples competencias internas, sino como un termómetro del tipo de liderazgo que la ciudadanía está dispuesta a respaldar en el corto y mediano plazo.
La ausencia en estas consultas de algunos favoritos según las encuestas, sumada al diseño mismo del tarjetón, deja interrogantes abiertos y sugiere que el tablero político puede cambiar. El ejercicio está concebido para que participen, idealmente, cerca de 12 millones de colombianos, una cifra muy superior a los 2,3 millones de votos válidos que obtuvo la consulta del Pacto Histórico. En ese escenario, el ganador de estas tres consultas, que en la práctica parece una sola, podría ubicarse alrededor de los 3 millones de votos, el doble de los obtenidos por Iván Cepeda en su consulta, y un volumen incluso superior al total de sufragios que alcanzaría la misma bancada del Centro Democrático como partido político que avala hoy a la senadora Paloma Valencia Laserna, quien según las encuestas más recientes, se perfila como ganadora de su propia consulta y del tarjetón en general.
La pregunta es inevitable: ¿qué percepción quedará cuando Paloma Valencia entre de lleno en la última milla electoral con este capital político ya cuantificado en las urnas?. Más aún si se tiene en cuenta que en esta consulta no aparecen candidatos del Partido Conservador, Cambio Radical, el Partido de la U ni del Partido Liberal, colectividades que en buena medida, coinciden o coincidirían con las premisas de una eventual candidatura como la suya. De hecho, esta consulta no solo la proyectaría, sino que la desplazaría hacia un espacio más amplio, como lo es el centro, el centro-centro político nacional.
En ese escenario, resultaría determinante la consolidación de ese favoritismo y el papel de una mujer con discurso claro, carácter firme y atractivo electoral, para amplios sectores del país. No es que la “interconsulta” defina al próximo presidente, pero sí puede perfilar a un gran favorito, al dejarse contar en las urnas como prueba ácida de legitimidad. Pues esta candidata o candidato ganador, llegaría a la contienda electoral con algo más sólido que firmas y encuestas.
Así, cobra mayor relevancia la figura de Paloma Valencia y su narrativa de orden, firmeza y corazón. Un orden que no es autoritarismo; una firmeza frente a lo no negociable como lo es la democracia, la seguridad y la institucionalidad; y un corazón que reconoce el papel decisivo de las regiones y la valentía cívica de sus mujeres.
En la Interconsulta se votará por un nombre y una propuesta capaz de concertar y conectar a millones de colombianos que buscan salir de la polarización y enriquecer la democracia. Es este el momento de bajarle volumen al odio y subírselo a las ideas.
Por eso, consulta tu conciencia y vota en la consulta del 8 de marzo, porque de allí depende en buena medida, el vuelo que Colombia pueda volver a tomar.