Dejemos de arreglar el campo a punta de discurso
Si en algo son buenos los políticos es en anunciar. Y ya no es raro que, cada vez que el agro pasa por momentos difíciles —ya sea por el clima, los precios o la inseguridad— aparezca un funcionario, un ministro o el mismísimo presidente a decir que “el Gobierno está comprometido con el campo”. Pero después del anuncio… silencio. Y los resultados son los mismos o peores que antes.
Mientras tanto, el productor madruga al otro día igualito: con el mismo precio malo, con la misma deuda, con el mismo verano o invierno encima y con la misma incertidumbre de siempre.
Y no es carreta mía; intentaré ser lo más imparcial posible. Las cifras le ponen números a esa sensación de abandono. En 2024, el país perdió más de 220 mil hectáreas por afectaciones climáticas entre sequías, incendios e inundaciones (IDEAM). Para hacernos una idea más clara, eso es dos veces el área sembrada en arroz en el Tolima. Y, aun así, los productores recibieron menos del 30 % de los apoyos prometidos en tiempos de emergencia.
Eso es como mandar un bombero sin agua.
Mientras tanto, el Gobierno nacional anunció que el país tendría una “revolución agropecuaria”, pero casi cuatro años después los resultados van por otro lado. El presupuesto del Ministerio de Agricultura para 2025 solo creció un 3,2 %, muy por debajo del aumento real que necesitaría un sector que aporta entre el 12 % y el 14 % del empleo nacional. ¿Cómo despega este avión si no le echan la gasolina que necesita para levantar vuelo?
Y ni hablar de precios. Muchos cultivos siguen a pérdida. El arroz, por ejemplo, tuvo caídas del 12 % en el precio pagado al productor en 2024, mientras los costos de insumos subieron casi un 5 % en el primer semestre de 2025. Esto es matemática simple: si al campesino le pagan menos, pero producir le cuesta más, ¿de qué revolución estamos hablando?
El presidente puede salir a decir que “el campo es prioridad”, pero la prioridad se demuestra en vías terciarias, en créditos blandos, en asistencia técnica, en compra pública de alimentos, en apoyo comercial… y en una cosa que parece olvidárseles: cumplir lo prometido.
Porque el agro colombiano no necesita discursos.
Necesita decisiones.
Por eso celebro nuevamente la voluntad de gobiernos locales y departamentales, que hoy diversifican y exploran cadenas con el fin de mejorar la comercialización y buscar nuevas oportunidades de negocio. Hace solo 15 días, el norte del Tolima, junto a Fedepanela, se unió en Palocabildo para lanzar la primera feria panelera, y este fin de semana se realizó en Ibagué la primera feria arrocera del Tolima. Aunque, como todo, hay cosas por mejorar, es importante destacar cómo se exploran alternativas para que el Tolima dé a conocer productos nuevos que diversifican nuestro valor en el campo.
Y como este espacio es para opinar, lo digo sin rodeos: en casi cuatro años, las políticas agrarias se quedaron cortas frente a las verdaderas necesidades de nuestros campesinos. Por eso, y por el bien de todos, le pido al Gobierno Nacional que en estos meses que aún quedan no baje la guardia. Todavía estamos a la espera de programas por lanzar, ferias por fortalecer, cadenas productivas por activar y promesas de tarima que perfectamente podrían cumplirse si hubiera voluntad y gestión.