¿Cancha deportiva o rumba hasta la madrugada? Residentes de FortezzaII piden que las autoridades intervengan
Habitantes del conjunto residencial Fortezza II, en La Samaria, aseguran que desde marzo enfrentan noches de ruido, música, gritos y situaciones que, según denuncian, estarían afectando su tranquilidad y descanso. También cuestionan la presunta venta y consumo de licor en la cancha sintética contigua.
“No estamos en contra de un espacio deportivo lo que queremos es que nos respeten el derecho de descansar y de tener un ambiente tranquilo,” habitante de Fortezza II
Las torres D, E y F del conjunto se encuentran contiguas a una cancha sintética y, de acuerdo con los habitantes, el inconveniente no estaría relacionado con la práctica deportiva, sino con lo que ocurre después de los partidos.
Una propietaria, cuya madre, hija y nieto viven en el conjunto, contó que durante una visita realizada en marzo pudo comprobar personalmente la situación que sus familiares venían comentándole. Desde entonces, asegura, las quejas han sido recurrentes en el grupo de residentes.
La denuncia apunta a partidos que terminarían dentro del horario permitido, pero posteriormente, según los habitantes, continuarían la música a alto volumen, los gritos, las risas y otros comportamientos que se extenderían hasta altas horas de la noche e incluso hasta la madrugada. “Siempre se llama a la Policía, pero no aparecen o muchas veces no contestan”, relata la residente, quien considera que la situación ya llegó a un punto insoportable para quienes viven en las torres más cercanas.
La norma existe, pero al parecer solo en el papel
El reclamo adquiere especial relevancia porque la propia Alcaldía de Ibagué estableció mediante el Decreto 1008 de 2018 restricciones específicas para las canchas sintéticas. La norma, en su momento, prohibió la venta y consumo de bebidas embriagantes en estos establecimientos y determinó que las canchas ubicadas en zonas residenciales pueden funcionar con horarios específicos.
Por eso, más allá de la percepción de los residentes, existe una pregunta que corresponde responder a las autoridades: ¿La cancha está cumpliendo actualmente las condiciones y horarios que le son aplicables y se está verificando si existe venta o consumo de bebidas alcohólicas en el establecimiento?
Los residentes no están afirmando que exista una infracción comprobada. Están pidiendo que se investigue y que las autoridades realicen controles durante las horas en las que, según sus testimonios, se presentan los mayores inconvenientes.
La denuncia también apunta a la falta de respuesta
El administrador del conjunto, Jhon Edilberto Guzmán, habría presentado un derecho de petición relacionado con la problemática, según manifiestan los residentes, pero aseguran desconocer qué actuaciones se han adelantado posteriormente o cuáles fueron las respuestas obtenidas.
La preocupación no se limita al volumen de una canción o a una noche ocasional. Los habitantes hablan de una situación que, según su relato, se presenta con frecuencia y que estaría afectando directamente el descanso de familias que viven a pocos metros del escenario.
La legislación colombiana también contempla mecanismos para proteger la tranquilidad frente a ruidos que afecten la convivencia., la Ley 2450 de 2025 fortaleció las herramientas de las autoridades frente a la contaminación acústica y modificó el artículo 33 del Código Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana.
La norma incluso contempla que la autoridad de Policía pueda utilizar medios de audio e imagen como elementos para demostrar una perturbación y, bajo determinadas circunstancias, adoptar medidas sin que necesariamente exista previamente una medición técnica.
El reclamo es sencillo: deporte sí, exceso no
Los residentes insisten en que no pretenden acabar con un espacio deportivo ni impedir que la comunidad disfrute del fútbol, lo que solicitan es que exista una convivencia equilibrada entre quienes utilizan la cancha y las familias que viven alrededor.
La pelota puede seguir rodando, pero los habitantes de Fortezza II quieren saber quién está vigilando lo que ocurre cuando terminan los partidos.
Por ahora, la petición es concreta: que la Alcaldía, la Policía y las autoridades competentes verifiquen en terreno qué está sucediendo en la cancha contigua, revisen sus condiciones de funcionamiento, determinen si existe venta o consumo de licor y establezcan si los niveles de ruido y los horarios están afectando la tranquilidad de los residentes.
Porque una cancha deportiva puede ser un lugar para encontrarse, hacer ejercicio y compartir; lo que los vecinos cuestionan es que, si sus denuncias son ciertas, el derecho a la recreación de unos termine convirtiéndose en noches sin descanso para otros.