Sensibilizan a vendedores en Varsovia, pero la Calle Tercera sigue invadida por el comercio informal
Mientras se sensibiliza en un sector, en otro la informalidad sigue creciendo
La jornada realizada en los alrededores de la Clínica Nuestra buscó llamar la atención de los vendedores sobre la necesidad de mantener despejados los andenes y parte de las vías, con el propósito de facilitar el tránsito seguro de los peatones.
De acuerdo con la Alcaldía, durante el recorrido se dialogó con comerciantes informales y se entregaron recomendaciones relacionadas con el uso adecuado del espacio público. La Administración anunció que este tipo de acciones continuarán en diferentes puntos de Ibagué.
Pero mientras se realizan estas sensibilizaciones, basta recorrer la Carrera Tercera para encontrar una realidad que plantea otra pregunta: ¿qué está pasando en los sectores donde la ocupación del espacio público ya parece haberse convertido en algo cotidiano?
Desde la Gobernación del Tolima hasta la Avenida 15, el panorama incluye vendedores de frutas, juguetes, dispositivos electrónicos, alimentos, ropa y diferentes artículos. A ellos se suman vehículos tipo jeep acondicionados como puntos de venta de café y otras actividades comerciales que terminan reduciendo el espacio disponible para caminar.
El espacio público termina convertido en zona comercial
El problema no está únicamente en la cantidad de vendedores. También está en la forma como las actividades comerciales terminan ocupando espacios que deberían garantizar la movilidad de los ciudadanos.
Los peatones deben compartir corredores cada vez más reducidos con mercancías, carretas, vehículos y puestos de venta. En algunos puntos, caminar por el sector se convierte en una especie de recorrido de obstáculos, especialmente cuando coinciden vendedores, compradores y personas que simplemente necesitan desplazarse.
Y hay situaciones que llaman particularmente la atención, como la presencia de un vehículo particular estacionado en la Plazoleta Darío Echandía, de acuerdo con lo observado durante el recorrido.
La discusión, entonces, no puede limitarse a los vendedores ambulantes. El uso del espacio público implica también el comportamiento de conductores, comerciantes y ciudadanos que utilizan estos lugares.
Los comerciantes formales también sienten el impacto
A pocos metros de los vendedores informales están los establecimientos comerciales que funcionan legalmente y que deben asumir costos que hacen parte de cualquier negocio formal.
Arriendos, impuestos, servicios públicos y salarios son algunas de las obligaciones que deben enfrentar sus propietarios, mientras intentan mantener abiertas sus puertas y atraer clientes.
El escenario genera una preocupación adicional: algunos comerciantes no quieren entregar declaraciones sobre la situación por temor a posibles retaliaciones. Así, quienes aseguran verse afectados terminan prefiriendo guardar silencio.
Eso deja un problema de fondo que también debería ser atendido por las autoridades: cómo garantizar condiciones equilibradas para quienes cumplen con las obligaciones de un establecimiento formal, sin desconocer que miles de personas encuentran en las ventas informales una fuente de ingresos.
Sensibilizar es un primer paso, pero la ciudad necesita soluciones
Kely Posada, directora de Espacio Público, explicó que estas jornadas buscan orientar a los vendedores y promover la convivencia entre comerciantes, peatones y conductores.
La sensibilización puede ser necesaria, pero difícilmente será suficiente si después de los llamados al orden los mismos puntos vuelven a ser ocupados de la misma manera.
Ibagué necesita recuperar el espacio público, pero hacerlo no debería significar simplemente retirar vendedores de las calles. También implica buscar alternativas para quienes dependen de estas actividades y, al mismo tiempo, proteger a los peatones y a los comerciantes formales que sienten que están compitiendo en condiciones desiguales.
El reto para la Administración está precisamente ahí: pasar del diálogo a soluciones que puedan mantenerse en el tiempo.
Porque mientras en Varsovia se sensibiliza sobre el uso adecuado del espacio público, en la Carrera Tercera la pregunta sigue siendo inevitable: ¿cuándo llegará el mismo mensaje, acompañado de acciones concretas, a los demás sectores donde los andenes y zonas públicas también están siendo utilizados como espacios comerciales?