¿Y si el problema no son solo los piques? El debate que podría cambiar una vieja polémica en Ibagué
Es la medianoche. El ruido de los motores rompe el silencio en la vía al Aeropuerto. En cuestión de minutos llegan decenas de motociclistas, mientras en los conjuntos residenciales cercanos varias familias intentan volver a dormir. La escena se repite desde hace años en el sector de La Samaria y Santa Cruz, donde los piques ilegales se convirtieron en una de las principales preocupaciones de los residentes.
Sin embargo, el debate parece estar entrando en una nueva etapa. Autoridades, concejales, motociclistas y habitantes del sector comienzan a coincidir en que la ciudad necesita una solución distinta a la simple persecución. El punto en común es uno: abrir la discusión sobre un espacio adecuado donde esta práctica pueda realizarse de manera regulada, sin afectar la tranquilidad de la comunidad.
Una problemática que va más allá del ruido
Durante un recorrido realizado por Ecos del Combeima en el sector de La Samaria, los habitantes describieron una situación que, aseguran, se presenta principalmente durante las noches y madrugadas de los fines de semana. Las molestias no se limitan al ruido de los motores. Los entrevistados hablan de dificultades para descansar, sensación de inseguridad y comportamientos que, según afirman, acompañan con frecuencia estas concentraciones.
"Estamos aburridos. Llegan después de las tres de la mañana, consumen licor y dejan todo esto lleno de basura. Lo más incómodo es el ruido cuando uno está durmiendo", manifestó uno de los residentes.
Otros vecinos señalaron que también les preocupa el consumo de sustancias psicoactivas, la modificación de motocicletas con escapes de alto ruido y el riesgo que representan estas maniobras para quienes transitan por la zona.
"Debe haber algún estilo de control porque puede causar accidentes. No solo vienen a hacer piques, también se mezclan otras situaciones que terminan afectando a quienes vivimos aquí", expresó otra habitante.
Incluso algunos ciudadanos recordaron episodios en los que conductores se han encontrado inesperadamente con estas concentraciones durante la noche, poniendo en riesgo la movilidad sobre la vía al Aeropuerto.
Un consenso inesperado
Aunque el descontento por las carreras ilegales es evidente, hubo un aspecto que llamó la atención durante el sondeo ciudadano. Ninguno de los residentes consultados rechazó la posibilidad de que los motociclistas cuenten con un escenario adecuado para desarrollar esta práctica.
"Todo deporte tiene derecho a ejercerse, pero debe hacerse en un sitio adecuado y no en cualquier calle poniendo en riesgo a los demás", afirmó una residente.
Para varios habitantes, la solución no pasa únicamente por sancionar o perseguir a quienes participan en estas actividades, sino por combinar controles efectivos con alternativas que permitan sacar estas prácticas de las vías públicas.
"Aquí hay talento, pero no escenarios"
Ese mismo argumento fue expuesto por Larsen, integrante del Club Dementes, quien asegura que el motociclismo deportivo lleva años buscando un espacio legal en la ciudad. Según explicó, Ibagué cuenta con pilotos que incluso han competido a nivel nacional e internacional, pero muchos han tenido que entrenar fuera del Tolima por la falta de infraestructura especializada.
El motociclista señaló que las solicitudes para construir un espacio destinado a estas prácticas no son nuevas. Recordó que desde administraciones anteriores diferentes clubes participaron en mesas de diálogo donde ya planteaban la necesidad de una pista para motociclismo y stunt.
"No es una petición reciente. Siempre se ha pedido un espacio, pero al no existir, muchos terminan buscando lugares como la vía al Aeropuerto, que entre comillas resulta idónea porque es una recta amplia, aunque sigue siendo una vía pública y, por lo tanto, la actividad continúa siendo ilegal", explicó.
Para Larsen, un escenario adecuado no solo beneficiaría a quienes practican el deporte, sino que también podría convertirse en un atractivo para eventos nacionales, turismo y dinamización económica.
La discusión llegó recientemente a la Administración Municipal. La alcaldesa Johana Aranda confirmó que junto a la Secretaría de Gobierno prepara una estrategia que incluiría acercamientos con los motociclistas.
Pero los controles seguirán
El eventual diálogo con los motociclistas no significa que las autoridades vayan a levantar el pie del acelerador en materia de seguridad. Por el contrario, tanto la Administración Municipal como concejales que han abordado el tema consideran que los operativos seguirán siendo indispensables para enfrentar las conductas ilegales que rodean estas concentraciones.
Durante uno de los más recientes operativos realizados, las autoridades reportaron la inmovilización de 29 motocicletas por incumplir la normatividad vigente, además de la incautación de armas cortopunzantes y estupefacientes, así como controles de antecedentes a cerca de 300 personas.
Precisamente, el concejal Deiby Buitrago considera que allí está una de las claves del debate. El cabildante reconoce que los piques ilegales generan problemas de convivencia, inseguridad y alteración del orden público, pero también sostiene que existe un grupo de jóvenes que practica esta actividad como disciplina deportiva. (Lea: Los piques ilegales estarían favoreciendo otros delitos en Ibagué)
Por eso propone avanzar en dos frentes paralelos: mantener el control de las autoridades sobre las carreras clandestinas y, al mismo tiempo, estudiar la creación de un escenario donde esta práctica pueda realizarse bajo reglas claras y con supervisión institucional.
¿Puede una ciudad transformar un problema de convivencia en una política pública que beneficie tanto a los residentes como a quienes realizan esta práctica?
Mientras esa respuesta llega, las noches siguen siendo iguales en la vía al Aeropuerto. Los motores continúan encendiéndose, los vecinos siguen esperando poder dormir tranquilos y las autoridades mantienen los operativos.
La diferencia es que, por primera vez en mucho tiempo, todas las voces involucradas parecen coincidir en algo: Ibagué necesita dejar de discutir únicamente cómo perseguir los piques ilegales y empezar a debatir seriamente cómo resolverlos sin renunciar a la seguridad de la ciudad.