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El terremoto pasó, pero estos niños todavía no pueden volver a su escuela en Ibagué

El sismo del 10 de agosto no derrumbó la sede Antonio Nariño de la Escuela Normal Superior de Ibagué, pero dejó afectaciones que mantienen a sus estudiantes en clases virtuales.
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Normal sede Antonio Nariño
2 Sep 2026 - 16:27 COT por Tatty Umaña

Tres semanas después, detrás de una solución que parece sencilla, hay padres que deben salir a trabajar, niños que permanecen en casa, dificultades para conectarse, aprendizajes que se complican y familias que siguen preguntándose cuándo volverán a las aulas.

Una escuela que quedó en silencio

En el barrio Antonio Nariño, en la Comuna Tres de Ibagué, hay una escuela que estos días luce diferente. No porque sus salones hayan desaparecido ni porque el terremoto haya provocado un daño estructural que obligue a pensar en reconstruirla, sino porque donde normalmente debería escucharse la voz de los niños hoy hay silencio.

Se trata de la sede Antonio Nariño de la Escuela Normal Superior de Ibagué, unas instalaciones que antes hicieron parte de la Institución Educativa Joaquín París y que desde 2010 están vinculadas a la Normal Superior, es un lugar que, además, había recibido mejoras. En 2022, Celsia, a través de su Fundación, intervino la red eléctrica interna, arregló pasillos, renovó el piso del comedor y realizó trabajos de pintura que cambiaron la cara de la institución, hoy, sus estudiantes reciben clases desde sus casas.

El problema no termina cuando el daño no es estructural

El terremoto del 10 de agosto dejó afectaciones que, según la información conocida por la comunidad educativa, tendrían solución. Pero mientras se adelantan las actuaciones necesarias para determinar las condiciones de la sede y permitir el regreso, son los niños y sus familias quienes están viviendo las consecuencias de esta espera.

Para algunos padres, tener a sus hijos nuevamente en casa durante la jornada escolar significa reorganizar una rutina que no siempre pueden modificar, hay quienes deben salir a trabajar y no tienen la posibilidad de acompañarlos durante las clases. Hay niños que deben conectarse a través de los recursos disponibles en sus hogares y familias que enfrentan dificultades de internet o de dispositivos.

Y hay algo que resulta todavía más difícil de medir: no todos los aprendizajes se sienten igual detrás de una pantalla, una explicación que para un niño resulta sencilla cuando está frente a su profesor puede convertirse en una dificultad cuando llega a través de una conexión virtual. La interacción, las preguntas, el acompañamiento y la convivencia escolar hacen parte también del proceso educativo.

¿Y el refrigerio de los niños?

Hay otra preocupación que toca directamente la vida diaria de estas familias. Los estudiantes de esta sede tienen una jornada aproximada entre las 7:00 de la mañana y las 11:50. Al permanecer en casa, tampoco están recibiendo el PAE ni el refrigerio de la mañana en las condiciones habituales de su jornada escolar.

Para muchas familias, no se trata simplemente de una comida adicional. Es un apoyo que hace parte de la alimentación cotidiana de sus hijos, por eso, la pregunta es inevitable: ¿qué alternativas se están ofreciendo mientras los niños permanecen por fuera de las aulas? Tenemos la respuesta, padres de familia nos confirmaron que el lunes pasado los reunieron y les entregaron los refrigerios de esta semana.

La espera también genera angustia

Hay algo que no aparece en un informe técnico: la sensación de incertidumbre, los padres quieren saber cuándo podrán enviar nuevamente a sus hijos al colegio sin temor. Los niños quieren regresar a sus salones, encontrarse con sus compañeros y recuperar una rutina que para ellos significa mucho más que cuatro paredes y un tablero.

La experiencia de Ibagué después del terremoto demuestra que medir los daños solamente por aquello que se cayó puede dejar por fuera una parte importante de la historia, una escuela también puede resultar afectada cuando sus puertas permanecen cerradas y sus niños tienen que aprender desde casa, por eso, mientras avanzan las evaluaciones y reparaciones que correspondan, esta comunidad necesita respuestas claras, fechas, alternativas y acompañamiento.

Porque el terremoto ocurrió el 10 de agosto, pero para los niños de la sede Antonio Nariño, sus familias y sus profesores, la historia todavía no ha terminado.