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"El hospital materno infantil puede ser el próximo elefante blanco": Jorge Armando Cabrera, exgerente de la USI

El exgerente cuestionó la planeación del proyecto, los recursos asignados para su construcción y la falta de claridad sobre su sostenibilidad.
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Crédito
Ecos del Combeima
24 Ago 2026 - 8:03 COT por Ecos del Combeima

El Hospital Materno Infantil de Ibagué podría convertirse en un nuevo “elefante blanco” si las decisiones sobre su construcción no están acompañadas de una planeación que garantice su funcionamiento a largo plazo. La advertencia fue hecha por Jorge Armando Cabrera, exgerente de la Unidad de Salud de Ibagué (USI), quien cuestionó la forma en que se ha estructurado el proyecto y las condiciones económicas que tendría que enfrentar una vez entre en operación.

Cabrera conoce de cerca la USI ya que permaneció un año en la institución, seis meses como subgerente y otros seis como gerente. Durante ese periodo participó en la contratación del estudio de oferta y demanda que ahora utiliza para sustentar sus cuestionamientos. Su crítica no parte de desconocer la necesidad de fortalecer la atención materno-infantil, sino de poner en duda si la ciudad está planeando una infraestructura que realmente pueda sostener.

El primer cuestionamiento está relacionado con los $63.000 millones destinados para la construcción. Cabrera considera que no existe suficiente claridad sobre cómo se llegó a esa cifra, especialmente porque, según explicó, durante su paso por la USI las estimaciones del proyecto estaban entre $80.000 y $90.000 millones

Para el exgerente, el problema está en comprometer recursos antes de tener completamente definidos el alcance, las características y el costo real de una obra de esta magnitud. Su preocupación se extiende incluso a los recursos anunciados por el Gobierno nacional para infraestructura hospitalaria, pues cuestionó que se hayan realizado asignaciones sin que inicialmente estuvieran completos los estudios y diseños.

No obstante, Cabrera reconoció que los estudios y diseños del proyecto ya fueron contratados y se encuentran en ejecución. Por ello, su cuestionamiento apunta a la manera en que se tomaron inicialmente las decisiones de financiación y no a afirmar que actualmente no exista ningún proceso de estudios.

El  cuestionamiento del exgerente está en la sostenibilidad del hospital

Cabrera aseguró que el estudio de oferta y demanda contratado durante su gestión estableció que la futura institución necesitaría un respaldo cercano a los $60.000 millones para sus primeros seis meses de funcionamiento. Esto, explicó, estaría relacionado con los tiempos de pago de las EPS y con el periodo que tendría que atravesar el hospital antes de comenzar a recibir los recursos derivados de la prestación de sus servicios. Su preocupación es que este dinero no estaría garantizado dentro de los recursos asignados al proyecto.

Para Cabrera, entonces, la discusión no puede quedarse en cuánto cuesta levantar el edificio. También debe responder quién pagará su funcionamiento, cómo se financiará la operación inicial y qué recursos permitirán sostener las especialidades y servicios proyectados.

A esto suma un tercer interrogante: la dotación hospitalaria. El exgerente recordó que desde el Ministerio de Salud se había hablado de una inversión superior a $30.000 millones para equipar la institución, pero cuestionó que estos recursos no aparezcan dentro de la asignación que conoce.

En su lectura, existe el riesgo de que se avance rápidamente en la construcción de una infraestructura para mostrar resultados en materia de salud, mientras asuntos fundamentales para su funcionamiento permanecen pendientes.

Afán de resultados

Es allí donde aparece la crítica política de fondo de Cabrera. A su juicio, existe un afán por mostrar resultados en infraestructura hospitalaria sin haber resuelto primero todas las condiciones necesarias para que el proyecto sea viable.

La advertencia no está dirigida únicamente a la construcción física. Cabrera cuestiona una lógica en la que el éxito de un proyecto se mida por lograr la asignación de recursos y levantar una edificación, dejando para después preguntas como cuánto costará operarla, qué demanda tendrá, cómo se financiarán sus primeros meses y si podrá mantener todas las especialidades previstas.

El exgerente considera que una obra de esta dimensión debe partir de una planeación integral. De lo contrario, Ibagué podría terminar con una infraestructura costosa que no tenga la capacidad financiera o asistencial para funcionar como fue proyectada.

En esa discusión también cuestionó el tamaño de la institución. Según Cabrera, el proyecto contempla alrededor de 15 o 16 especialidades, lo que podría llevarlo a competir con el Hospital Federico Lleras Acosta en lugar de complementar la red existente.

Por eso, su propuesta es que Ibagué fortalezca un hospital de segundo nivel que permita atender pacientes con patologías de menor complejidad y descongestionar las urgencias del Federico Lleras. “Ibagué no necesita una unidad materno-infantil como tal, Ibagué necesita un hospital de segundo nivel”, sostuvo.

Para el exgerente, la USI debería recuperar capacidad quirúrgica y fortalecer servicios de las unidades intermedias. También mencionó como prioridades la ampliación de servicios como rayos X en el San Francisco y el avance de proyectos como la Unidad Intermedia de El Salado.

El Salado y las prioridades de la red pública

La situación de la Unidad Intermedia de El Salado es otro de los elementos que Cabrera utiliza para cuestionar las prioridades de inversión en salud de Ibagué. Según explicó, durante su paso por la USI se adelantó la estructuración del proyecto y este fue presentado ante el Ministerio de Salud para obtener la respectiva viabilidad técnica. Sin embargo, la obra continúa pendiente.

Para Cabrera, mientras se impulsa un nuevo hospital de gran escala, la ciudad también necesita resolver las deficiencias de una red que ya existe y fortalecer los servicios cercanos a las comunidades.

Su planteamiento no desconoce el déficit de atención materno-infantil. El exgerente reconoce que hay necesidades en servicios para madres, gestantes y neonatos, pero considera necesario establecer si ese déficit puede sostener económicamente una institución de la dimensión que se proyecta.

Como referencia, mencionó el caso de un proyecto hospitalario en Neiva que, según relató, no logró mantener con el paso de los años todas las especialidades de alta complejidad que inicialmente se habían planteado.