Habitantes de La Gaviota alertan riesgo de emergencia por colapso de colector de aguas residuales
La preocupación crece entre los habitantes del barrio La Gaviota, al sur de Ibagué, donde un antiguo problema de alcantarillado se ha convertido en una amenaza que, según denuncian los residentes, podría terminar en una tragedia.
La situación se origina en un colector de aguas residuales que atraviesa gran parte del sector y que recoge las descargas de más de 200 viviendas. De acuerdo con líderes comunitarios, la estructura presenta daños severos desde hace varios meses y las soluciones implementadas hasta ahora han sido temporales e insuficientes.
Según la denuncia, el colapso parcial del sistema generó un represamiento de aguas y sedimentos en la parte alta del barrio, formando una especie de dique improvisado que preocupa a los vecinos por el riesgo de un eventual deslizamiento o una avalancha de lodo.
“Eso se convirtió prácticamente en una represa. Si ese muro llega a ceder, el daño puede ser enorme. Incluso podría cobrar vidas humanas”, advirtió uno de los líderes comunitarios.
Los habitantes aseguran que, aunque se realizaron algunas intervenciones de emergencia, estas no solucionaron el problema estructural del colector. Por el contrario, afirman que los sedimentos continuaron desplazándose por la red hasta generar nuevos taponamientos y filtraciones.
La comunidad denuncia que el agua está saliendo por sectores donde no debería circular, afectando patios, terrenos y zonas cercanas a varias viviendas. El temor principal es que la humedad permanente termine debilitando el suelo y comprometiendo la estabilidad de las casas ubicadas en la parte baja del sector.
“Lo que necesitamos no son pañitos de agua tibia. Necesitamos una solución definitiva antes de que ocurra una desgracia”, señalaron los residentes.
Los habitantes también hicieron un llamado a la Alcaldía de Ibagué, al IBAL y a los organismos de gestión del riesgo para que realicen una inspección técnica urgente y determinen el verdadero alcance de las afectaciones.
Mientras esperan respuestas, las familias continúan conviviendo con filtraciones, malos olores y la incertidumbre de no saber qué puede ocurrir durante una fuerte temporada de lluvias o si el terreno continúa cediendo.