¡Necesito vacaciones!
Esto ya no es cuestión de género, tanto hombres como mujeres se están quejando de exceso de trabajo, el hecho de no salir a cumplir una rutina, sino desarrollarla en casa hace que otras cosas que antes no hacían, bien fuera porque tenían a alguien que las hiciera o porque no tenían la obligación de hacerlas porque las suplían de alguna manera.
El panorama para María de 35 años es el siguiente: Se levanta una hora antes de lo que lo hacía antes, debe arreglar el apartamento, preparar desayunos, levantar a sus tres hijos de seis, ocho y 12 años, acosarlos para que se duchen, se vistan y se desayunen, entre tanto encender computadores, incluido el suyo, verificar el internet, dejar el cada uno de sus hijos en la plataforma correspondiente, cada uno estudia en un colegio diferente, pero todos inician a las 7 sus clases virtuales, ella desde las 6 está pendiente de su trabajo, si bien hasta las 8 no inicia su horario laboral debe estar verificando los correos electrónicos de ella y de su jefe, para las 8 ya debe tener el primer reporte. Arregla la cocina del desayuno mientras va dictándole al celular el segundo reporte, contesta las llamadas que empiezan a entrar y le responde a su hijo menor la inquietud respecto a porqué la cada de Carlitos se ve más nítida que la de él. Para las 9:30 debe tener listas las onces, mientras cuando iban al colegio la lonchera muchas veces llegaba sin tocarla ahora comen el doble. El hijo de la mitad no entiende lo que la profesora dice y grita como loco mientras ella está en una video conferencia con su jefe y otros compañeros, por más que le ponga “mute” al micrófono todo el mundo se entera. Se para un momento a tomar café, debe empezar por prepararlo y se da cuenta que su hijo mayor está jugando mientras el profesor de estadística dicta la clase. Otra llamada, una queja, ahora llama su jefe a preguntar por una información que tiene en la oficina en físico y no alcanzó a escanear antes de iniciar el teletrabajo obligatorio. Mira el reloj son las 11, debe empezar a poner las ollas para el almuerzo, a las 12 cuando se paran de la primera jornada quieren que el almuerzo esté servido. Ella ya le encontró oficio al servilletero, es su nuevo soporte para el celular y también “ok Google” es una frase que inunda los espacios, el asistente le ha servido mucho. Lo logra 12:20 está sirviendo el almuerzo, entretanto va enviando correos pendientes. A la 1:30 está terminando y se ha dado cuenta que aún le faltan dos informes por entregar. Son las 2:30 reinicia la rutina de estudio para sus hijos mayores, el pequeño se quedó dormido, que bien hará siesta. Ella intenta concentrarse en su trabajo, pero es imposible, si no es el hijo mayor es el de la mitad que la llaman, están en el estudio ella en la sala ha organizado su “oficina”, siempre gritan como si ella pudiera estar más lejos que a unos pasos. Retoma su tarea y ya es la hora de las medias tardes, los manda a sacar algo de la alacena y a servirse algo de tomar. Mira la hora y ve que ya no va a lograr ese último informe y aún debe contestar todo lo represado en redes sociales y coordinar con el community manager la estrategia de la siguiente quincena. Para las 5:30 recuerda que vio varios mensajes de su esposo y un par de llamadas mientras hablaba con su jefe, pero lo deja para cuando esté cenando con los chicos. A las 7:00 p.m. está sirviendo la comida, los chicos hablan con papá mientras ella arregla cocina. Son las 8:00 de la noche el jefe la llama y le pregunta por el último informe, cualquier respuesta sonará a disculpa, igual le dice que aún no lo termina. Se toma un momento para tomar algo y hablar con su esposo, que la pandemia lo cogió fuera del país y no sido posible su regreso. Ella diez minutos después está absolutamente profunda y muchas cosas se le van acumulando porque el día no da para todo.
María, es una ejecutiva, al igual que su esposo, ambos tienen buenos ingresos y continúan laborando, la gran diferencia, María tenía una persona que le colaboraba con las cosas de casa mientras ella trabajaba y a los chicos los recogía y traía el recorrido, ellos almorzaban en el colegio y las tareas eran solo los fines de semana. Al medio día llegaba a casa, cuando el tiempo se los permitía y el almuerzo estaba servido y en la noche la cena era muy sencilla, el fin de semana se turnaba para la cocina y algunas cosas del hogar con su esposo, pero casi siempre almorzaba o cenaban en la calle.
Esta situación la están viviendo hombres y mujeres alrededor del mundo, el estrés, la depresión, el insomnio, los desórdenes alimenticios, están siendo motivo de teleconsulta de manera categórica. Cristina Benlloch Domenech investigadora del Departamento de Sociología y Antropología Social de la Universitat de València indicó que: “las mujeres con menores que teletrabajan soportan la mayor parte del estrés del confinamiento, muchas están desarrollando el mayor trabajo posible en la noche o a la madrugada, bien sea retrasando el momento de ir a la cama o levantándose antes que el resto de miembros de la familia.”
La falta de concentración fue motivo de estudio por parte de la Universidad de Navarra en España, a través del IESE Business School, su escuela de posgrados en dirección de empresas, el estudio ha arrojado unos resultados bastante concluyentes respecto al teletrabajo en épocas de pandemia.
La brecha de género se mantiene: son las mujeres mayoritariamente las que juegan o hacen los deberes con los niños aunque los hombres también estén en casa. En cualquier caso, apenas uno de cada 10 encuestados está solo en su vivienda, por lo que el estudio recomienda dar flexibilidad a los empleados:
Las mujeres son las que se hacen cargo de los menores .
- El 40% de las ellas tienen niños o personas dependientes a su cargo, frente al 21% de los hombres.
- El 43% de los que tienen menores en casa tiene muchas dificultades para concentrarse, frente al 19% de los que están solos.
- El 43% de las mujeres aseguran que están muy estresadas por sus circunstancias personales. En el caso de los hombres, el porcentaje baja al 41%.
También analizan a los jefes y su respaldo. La disposición del jefe a apoyar las tareas de sus empleados en esta situación atípica, su colaboración para mediar en los problemas y si no se aprovecha de los compromisos familiares en contra de los colaboradores y el resultado fue:
- El 60% aseguró que recibe un apoyo medio del jefe.
- El 25% notó un bajo respaldo.
- El 15% percibió un alto apoyo.
A más respaldo, menos estrés, más compromiso y menos angustia por parte de los asalariados, tener un buen jefe disminuye el estrés así:
- 22% en los hombres
- 15% entre las mujeres.
Y en cuanto a la ansiedad por el trabajo cae, si se sienten respaldados:
- 6% en los hombres
- 16% en el caso de las mujeres.
El compromiso con las tareas sube:
- 5% en los hombres
-
7% en hombres y mujeres.