En 2025 fue lento el crecimiento de la economía colombiana, el PIB llegó al 2,6 %
Se esperaba un mejor comportamiento del Producto Interno Bruto de Colombia en 2025. Para los analistas el incremento del 2,6 % en el PIB durante ese periodo, no es bueno, y está por debajo de las expectativas del mercado.
Un análisis de BBVA Research indica que la economía creció 2,6 % en 2025, acelerándose frente a 1,5 % en 2024 y 0,8% en 2023.
La demanda interna consolidó su recuperación en 2025, y lo hizo con un sesgo marcado hacia el consumo.
El crecimiento de 4,2% del consumo final, es decir los hogares 3,6% y Gobierno 7,1% no solo explica buena parte del avance del PIB, sino que define la
calidad macro del crecimiento: un patrón dominado por consumo suele venir acompañado de mayor uso de importaciones, presiones sobre precios de no transables y una política monetaria más cautelosa.
Revela el informe que aunque la inversión también mejoró en el agregado durante 2025 en particular, con recuperación en maquinaria y equipo, su comportamiento fue más heterogéneo que el del consumo y no alcanzó a convertirse en el motor dominante del ciclo.
Consumo privado
Este campo tiene el liderazgo de rubros cíclicos y sostenimiento de servicios
En 2025, el gasto de consumo de los hogares creció 3,6 %, consolidándose como uno de los componentes que lideró la recuperación de la demanda interna. En el ciclo, los durables suelen amplificar las fases: cuando la economía se recupera, crecen más que el promedio; cuando cae, ajustan con mayor fuerza. En ese sentido, el mensaje de fondo es que el consumo de los hogares no solo avanzó, sino que lo hizo con una composición típica de una fase de
recuperación: los bienes durables con un crecimiento de 14,9 % y semidurables 7,1 % mostraron la mayor sensibilidad al ciclo, mientras que los no durables registró un aumento de 3,5 % y, especialmente, los servicios que lo hizo a un ritmo de 2,7% también aportaron al crecimiento del consumo privado.
Consumo público
El análisis del BBVA Research indica que este fue el componente más sorprendente del año.
En 2025, el gasto de consumo final del Gobierno creció 7,1 %, confirmando un soporte relevante desde el sector público, particularmente hacia la segunda mitad del año.
Este desempeño es coherente con el mayor dinamismo del bloque de administración pública, defensa, educación y salud, que creció 4,5 % en el año; el mayor pago de nóminas estatales, y una ejecución más intensa de gasto corriente en servicios públicos asociados a provisión social.
Adicionalmente, el calendario electoral suele concentrar requerimientos
operativos y logísticos (contratación de servicios, administración territorial y gasto asociado a procesos institucionales) que se materializaron en el segundo semestre de 2025 con la programación de la consulta interna de octubre.
Inversión
En esta materia al analista de BBVA Research, Mauricio Hernández, hubo un rebote parcial, pero aún lejos de un régimen alto. La inversión creció, pero de forma incompleta: la formación bruta de capital lo hizo en 2,1% y, sobre
todo, la Formación Bruta de Capital Fijo, FBCF 1,3 % muestran que el crecimiento de 2025 no fue un auge de acumulación de capital.
El diagnóstico de política y de mercado es claro: el crecimiento se apalancó en gasto corriente, es decir, consumo, más que en capacidad productiva futura. Esto, señala el experto, ayuda a explicar por qué el crecimiento puede resultar más inflacionario y por qué la convergencia a un crecimiento potencial más alto sigue siendo un desafío.
Sector externo en déficit
Mientras las exportaciones crecieron 1,8 %, las importaciones aumentaron 8,4 %. Cuando la demanda interna se expande más rápido que la capacidad de respuesta de la producción local, aumenta la propensión a importar y, con ello, se amplía el déficit externo.
Una economía con consumo e inversión dinámicos, pero con un frente exportador que no acelera al mismo ritmo, tiende a traducir parte del impulso de la demanda en compras al exterior.
A ello se suma que la canasta exportadora continúa condicionada por la debilidad del componente minero-energético; y aunque las exportaciones no tradicionales y de servicios, incluido el turismo, han mostrado una mejora, su escala todavía es insuficiente para compensar plenamente el menor aporte de los bienes básicos.
En el PIB por oferta el sector servicios lidera; minería y construcción siguen rezagadas.
La oferta confirmó una recuperación liderada por sectores terciarios, con un mapa productivo que explica tanto la fortaleza del consumo como la debilidad externa.
Sectores líderes en 2025
● Comercio–transporte–alojamiento (+4,6%): principal motor del año, consistente con consumo dinámico y recomposición del gasto hacia servicios.
Administración pública–salud–educación (+4,5%): coherente con el fuerte crecimiento del gasto público.
Actividades artísticas y otros servicios (+9,9%): un sector típicamente procíclico y sensible a la normalización del gasto de los hogares.
Sectores por debajo del PIB
● Industrias manufactureras (+1,9%) e información y comunicaciones (+1,0%)
crecieron por debajo del PIB, sugiriendo que parte del impulso de la demanda se canalizó vía importaciones o vía sectores no transables.
Construcción (-2,8%): persistió en terreno contractivo, limitando encadenamientos y empleo sectorial.
Explotación de minas y canteras (-6,2%): el principal lastre estructural, con impactos directos sobre exportaciones. En 2025, la caída estuvo explicada por descensos en carbón (-7,4%), petróleo y gas y actividades de apoyo (-4,3%), minerales metalíferos (-13,5%), entre otros.
En 2026
Durante el primer semestre de 2026, la actividad mantendría un ritmo relativamente mayor, apoyada en un consumo de los hogares todavía dinámico, impulsado por el efecto monetario del ajuste del salario mínimo y por el arrastre que deja una demanda interna firme.
En esta fase, la transmisión del endurecimiento financiero hacia el gasto agregado seguiría siendo parcial, de modo que el consumo conservaría tracción y la inversión —aunque contenida— no reflejaría aún plenamente el costo monetario más alto.
En el segundo semestre, el crecimiento tenderá a moderarse. El impulso del salario mínimo se irá diluyendo, mientras que la combinación de inflación más persistente y tasas de interés elevadas restringirá el ingreso real disponible, encarecerá el financiamiento y limitará tanto la compra de bienes como la ejecución de proyectos de inversión. Se espera que el año cierre en 2,8 % el aumento del PIB.