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Que indignación lo que hicieron con Planadas

Hay que decirlo sin rodeos, sin eufemismos y ni con la hipocresía de muchos que terminan disfrazando las atrocidades: ¡qué malparidez la que hicieron con Planadas!
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José Monroy
Crédito
Ecos del Combeima
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8 Nov 2026 - 8:06 COT por José Adrián Monroy

En la noche del 1 de noviembre, una volqueta cargada con explosivos y artefactos lanzados desde drones convirtió la tranquilidad de Planadas, en el sur del Tolima, en una tragedia. Cuatro personas murieron, entre ellas una bebé de dos meses; al menos 17 resultaron heridas, 177 viviendas quedaron afectadas y el hospital tuvo afectaciones en el 80% de su infraestructura.

Imagínense, una bebé de tan solo dos meses. ¿Qué clase de enfermo produce semejante barbaridad? El objetivo había sido una base militar, pero los explosivos cayeron sobre viviendas, negocios y un centro de salud. ¿Qué justificación puede existir para que una familia pierda a sus seres queridos y una comunidad entera termine pagando las consecuencias de las ambiciones de unos delincuentes?

Las autoridades del Tolima responsabilizan al frente Jerónimo Galeano, de las disidencias de las FARC. Y aquí es necesario llamar las cosas por su nombre. No estamos hablando de revolucionarios, ni de defensores del pueblo, ni de luchadores por alguna causa social. Estamos hablando de estructuras criminales que se financian con economías ilegales, que viven de la extorsión, que depredan los recursos naturales y que pretenden imponer su voluntad mediante el miedo y la intimidación. Según la Fuerza Pública, la minería ilegal que desangra los ríos Saldaña y Atá fortalece las finanzas de grupos al margen de la ley, de hecho, la Gobernadora ha denunciado que hasta el 15 % de esas ganancias termina en manos de los disidentes. ¡Qué revolución tan particular esa que necesita extorsionar campesinos, destruir ríos y poner explosivos cerca de las casas de la gente!

Y lo más doloroso es que Planadas venía escribiendo otra historia. Durante años sus habitantes trabajaron para dejar atrás el estigma de la violencia. Sus cafés especiales conquistaron reconocimiento nacional e internacional y el municipio se consolidó como uno de los grandes productores cafeteros del Tolima. Hay jóvenes emprendiendo, familias prosperando y comunidades que, en lugar de abandonar su tierra, encontraban razones para quedarse y labrar sus propios sueños. Porque mientras Planadas construye un futuro con el café, otros pretenden imponer el suyo con terror y bombas. 

Que los campesinos cosechen café sin pagar extorsiones. Que los jóvenes encuentren oportunidades y no amenazas ni reclutamiento. Que sus familias no tengan que preguntarse cuándo volverá la próxima tragedia, pues en una noche, le hicieron vivir a los planadunos lo que décadas atrás. 

A Planadas, toda mi solidaridad. A los responsables, ninguna justificación y todo el peso de la justicia.

Finalmente, hay que decirlo sin rodeos, sin eufemismos y ni con la hipocresía de muchos que terminan disfrazando las atrocidades: ¡qué malparidez la que hicieron con Planadas!

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