Pruebas PISA: el mundo dejó de leer mientras un FECODE politizado dejó de enseñar
Hace poco alguien que sabe de comunicaciones me hizo una recomendación inquietante: “Si va a escribir una columna, que no pase de 600 palabras porque la gente ya no lee”. Probablemente tenga razón. Queremos titulares antes que argumentos, imágenes antes que textos, reels de treinta segundos antes que documentales y conclusiones antes que razonamientos. Queremos saberlo todo sin tener que detenernos a pensar demasiado.
Los resultados de PISA 2025 deberían preocuparnos precisamente por eso. La OCDE encontró el desempeño promedio más bajo registrado hasta ahora en lectura, matemáticas y ciencias. Desde 2015, sus países han perdido 22 puntos en matemáticas y 28 en lectura. Y aparece un fenómeno revelador: casi se duplicaron los llamados hasty readers, estudiantes que leen rápidamente, pero comprenden mal.
Estamos fabricando generaciones de nativos digitales capaces de deslizar una pantalla a extraordinaria velocidad, pero cada vez menos dispuestas a permanecer veinte minutos frente a un texto complejo.
No hace falta acudir al Club Bilderberg ni imaginar una gigantesca conspiración reunida alrededor de una mesa secreta para comprender lo que está sucediendo. La realidad puede ser incluso más inquietante: hemos construido voluntariamente una economía mundial cuyo recurso más disputado es nuestra atención.
WhatsApp, Instagram, TikTok, YouTube, juegos y cientos de aplicaciones aparentemente gratuitas compiten por mantenernos mirando una pantalla. El problema no es el celular, sino cuando dejamos de utilizar la tecnología y ella comienza a administrar nuestro tiempo, nuestra concentración y hasta nuestra manera de pensar.
Colombia llega particularmente mal preparada a esta revolución. Nuestros estudiantes obtuvieron 381 puntos en matemáticas, 399 en lectura y 414 en ciencias, resultados estadísticamente similares a los de 2022 y sustancialmente inferiores al promedio de la OCDE. Apenas el 29 % alcanza el nivel mínimo esperado en matemáticas; 46 % en lectura y 50 % en ciencias. Prácticamente no tenemos estudiantes de desempeño superior en matemáticas.
El problema, entonces, no es solamente que Colombia “se rajó”. Es peor: Colombia lleva años estancada mientras la economía mundial cambia a una velocidad extraordinaria.
La inteligencia artificial hará esta discusión todavía más urgente. Si un estudiante utiliza IA para preguntar, contrastar, investigar, programar, experimentar y comprender, tendrá posiblemente el tutor más poderoso que haya conocido la humanidad. Pero si la utiliza para resolverle ejercicios, escribirle ensayos y pensar por él, habremos construido una extraordinaria máquina de desaprendizaje.
Y aquí Colombia debe afrontar otra conversación incómoda. La responsabilidad del magisterio y particularmente de FECODE.
Sería intelectualmente deshonesto responsabilizar exclusivamente a los maestros. Hay pobreza, desigualdad, hogares disfuncionales, infraestructura deficiente, problemas nutricionales, baja conectividad y responsabilidades enormes de gobiernos y familias. Pero también sería absurdo afirmar que quienes enseñan no tienen responsabilidad sobre lo que aprenden sus estudiantes.
Durante demasiado tiempo FECODE ha dedicado una parte sustancial de su capacidad organizativa a la movilización política, sindical e ideológica. Basta revisar sus propios documentos: habla de “sectores progresistas”, de confrontar políticas “neoliberales”, convoca movilizaciones nacionales y define explícitamente un proyecto sindical y pedagógico. Todo eso es legítimo en democracia. Lo cuestionable es que semejante energía política no parezca haber producido una revolución equivalente en calidad, excelencia, matemáticas, lectura o ciencias.
Un sindicato tiene derecho a defender salarios y condiciones laborales. Pero cuando representa a buena parte de quienes educan a nuestros niños, la sociedad también tiene derecho a preguntarle: ¿Dónde están los resultados?
La educación pública no puede convertirse en territorio electoral de ninguna ideología. Un profesor puede ser de izquierda, derecha o centro; eso pertenece a su libertad personal. Su misión en el aula no debería ser fabricar votantes, sino formar personas capaces de pensar incluso contra aquello que el propio profesor cree.
Tampoco podemos continuar con un sistema paquidérmico que discute programas del siglo XX mientras sus estudiantes viven en el XXI. Necesitamos mejores maestros, evaluación seria, formación permanente, dominio digital, inglés, matemáticas, ciencias, pensamiento computacional, lectura profunda y utilización inteligente de la IA. La edad de un docente no lo incapacita para aprender tecnología; lo que sí resulta inaceptable es renunciar a actualizarse en una profesión cuya materia prima precisamente es el conocimiento.
PISA está diciendo algo mucho más profundo que quién ocupa determinada posición en un ranking. Está anunciando que mientras Asia forma estudiantes capaces de resolver problemas complejos, nosotros todavía discutimos cómo lograr que siete de cada diez jóvenes alcancen competencias matemáticas elementales.
El celular no destruyó la educación colombiana. Tampoco FECODE es responsable de todos nuestros males. Pero entre una sociedad adicta a lo inmediato, familias que delegaron la educación, gobiernos sin continuidad, un modelo escolar envejecido y un magisterio demasiado politizado, estamos produciendo una generación extraordinariamente conectada y peligrosamente poco preparada.
En la era de la inteligencia artificial, el país que deje de enseñar a pensar terminará trabajando para los países que sí lo hicieron.