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El país de la pobreza monetaria

Más allá de abstenerse a tramitar una reforma tributaria que incremente nuestros impuestos, se deben diseñar estrategias para darle a las personas opciones de desarrollo económico. Por: José Adrián Monroy.
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6 Mayo 2021 - 10:51 COT por Ecos del Combeima

El Departamento Administrativo Nacional de Estadística -DANE-, entidad responsable de la planeación, levantamiento, procesamiento, análisis y difusión de las estadísticas oficiales de Colombia; anunció las cifras de pobreza para el año 2020.

Además de los datos en pobreza multidimensional (aquella que identifica múltiples carencias a nivel de los hogares y las personas en los ámbitos de la salud, la educación y el nivel de vida), esta vez el DANE habló de dos categorias diferentes, la pobreza monetaria y la pobreza monetaria extrema. 

Según la clasificación del DANE: La Pobreza Monetaria es el valor en dinero que necesita una persona al mes para adquirir una canasta básica de alimentos, servicios y otros bienes mínimos para vivir. La Pobreza Monetaria Extrema, es el valor en dinero que necesita una persona al mes para adquirir una canasta básica alimentaria que le provea el mínimo requerimiento calórico para subsistir ( 2.105 calorias en el sector urbano y 2.079 en la zona rural); quien esté por debajo de este valor, se considera está en pobreza extrema.

De acuerdo a lo anterior, una persona en pobreza monetaria extrema sobrevivió por mes en el 2020 con $145.004, en el caso de un hogar de cuatro personas fue con $580.016; a su vez, un individuo en  pobreza monetaria sobrevivió con $331.688, en el caso de un hogar de cuatro personas fue con $1.326.752, por mes. Así las cosas, en 2020 la pobreza monetaria fue 42,5% y la pobreza monetaria extrema fue 15,1% en el total nacional.

Lo que quiere decir, que casi la mitad de los colombianos se encuentran en un estado de pobreza monetaria, producto de la desaceleración económica que se venía presentando, agudizado por la crisis que trajo consigo la pandemia. 

Esta situación tuvo que haber sido evaluada por parte del gobierno nacional antes de radicar ante el Congreso y proponerle al país una reforma tributaria. Esa es la razón por la que insisto, el gobierno nacional está divorciado con la realidad colombiana, y es precisamente ese, el malestar generalizado que tiene nuestra sociedad.

Adicionalmente, existe un enorme porcentaje de desempleo juvenil, que empeora el panorama y que genera una sensación de escepticismo y desesperanza en un país en el que no encuentran oportunidades y que tampoco los escucha. 

Después de ocho días de paro nacional, está claro que la necesidad primordial de la gente es tener poder adquisitivo para satisfacer sus necesidades básicas; hay en este país gente que si desayuna no almuerza y si almuerza no come, es algo inaudito e inhumano pero que está pasando; sobrevivir con un poco más de trescientos mil pesos al mes es una proeza.

Por lo tanto, más allá de abstenerse a tramitar una reforma tributaria que incremente nuestros impuestos, se deben diseñar estrategias para darle a las personas opciones de desarrollo económico. Una alternativa que vuelvo a poner sobre la mesa, es la renta básica universal, el gobierno nacional tiene con qué, si reasigna la prioridad de sus gastos.

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Nuestro país tiene una peligrosa costumbre política, convertir al presidente de turno en responsable absoluto de nuestras frustraciones.

Una parte importante de la explicación está en las condiciones en que operan esos negocios.

Lo digo sin ironía y sin ganas de bajarle el ánimo a nadie. Lo digo porque esa contradicción, fiesta arriba y números abajo, resume mejor que cualquier informe el momento que vive el cafetero tolimense.

Ojalá que los miembros del equipo de trabajo que ha elegido Méndez para acompañarlo no sean inferiores no solo a su amplia capacidad de trabajar, sino al lugar en el que muchos nos hemos formado y hemos formado a otros.

Estamos fabricando generaciones de nativos digitales capaces de deslizar una pantalla a extraordinaria velocidad, pero cada vez menos dispuestas a permanecer veinte minutos frente a un texto complejo.

Ejemplo de ello es que hoy en Colombia se habla solo de izquierda y derecha, ambas de corte popular, aunque se insiste en calificarlas como de extremos; pero sin el impacto popular difícilmente habrían logrado lo que alcanzaron electoralmente.

Le pido a Dios, que me acompañe en esta tarea y que pueda hacer todo de sí, en beneficio de mi país. Y como dicen en la linda tierra que me acogió cuatro años, “arrieros somos y en el camino nos vemos”.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.