Alexa
Gana Gana

790 AM

IBAGUÉ - COLOMBIA, 20.Enero.2021
  |   14.Mayo.2020   |   Por:  
Carolina Toro

Violencia intrafamiliar invisible

Crédito: 
Javier Pérez / Ecos del Combeima
En el mundo aún existen muchas formas de maltrato y desigualdad como los malos tratos, el abuso sexual a mujeres y niñas, la ablación, el pago de una dote a cambio de entregar a las niñas en matrimonio, explotación sexual, entre otras. Por: Carolina Toro.

La  violencia contra la mujer es una forma de discriminación producto de la histórica relación de poder desigual entre hombres y mujeres  que tiene causas religiosas, sociales, culturales, económicas, históricas, étnicas que afecta los derechos de gran número de personas y que sin lugar a dudas opera en contra de la dignidad humana. La presencia de violencia impide que haya un pleno desarrollo de la mujer, por ello muchas organizaciones y personas a nivel mundial se han esforzado para promover igualdad y la reducción o eliminación de los actos violentos que a diario sufren las mujeres en el mundo.  Kofi Annan, ex Secretario General de las Naciones Unidas expresó que “la violencia contra la mujer es quizás la más vergonzosa violación de los derechos humanos. No conoce límites geográficos, culturales o de riquezas  mientras continúe, no podremos afirmar que hemos realmente avanzado hacia la igualdad, el desarrollo y la paz”. A nivel mundial ya es reconocido que lograr esa igualdad real y efectiva de las mujeres, erradicando la discriminación,  genera desarrollo para los países y bienestar para el mundo. 

En Colombia, la Corte Constitucional en sentencia T-967 de 2014, establece “la violencia doméstica o intrafamiliar es aquella que se propicia por el daño físico, emocional, sexual, psicológico o económico que se causa entre los miembros de la familia y al interior de la unidad doméstica. Esta se puede dar por acción u omisión de cualquier miembro de la familia”. La errónea concepción de mantener en el ámbito privado los actos constitutivos de violencia intrafamiliar dificulta que se tenga una estadística real de los casos existentes. Los casos denunciados resultan ser una proporción muy baja por diferentes motivos que van desde la dependencia económica de las mujeres víctima, hasta la presión social que sienten por el miedo de volver público un asunto que consideran privado.

A pesar de existir una mayor conciencia frente a la defensa de las mujeres víctimas de violencia, sigue existiendo silencio y señalamientos para quienes se atreven a denunciar. Se tiende a justificar la agresión por el círculo cercano y hasta la misma víctima termina siendo quien defiende a su agresor. Al margen de los comportamientos que permiten este tipo de conductas, el asunto que se debería trabajar es la prevención. Resulta difícil pensar en una sociedad que no repita conductas cuando muchos han aprendido del ejemplo que vieron en sus hogares,  de ahí la importancia de  empezar a trabajar en prevenir aplicando lo que otras sociedades han implementado para lograr esa igualdad. En Colombia ya empezamos a ver una mayor proporción en la participación de las mujeres tanto en entidades públicas como en las privadas y esto prueba que empezamos a responder como sociedad a esa demanda de igualdad. Aún muchos siguen creciendo en hogares donde el maltrato a la mujer está a la orden del día, pues seguimos siendo una sociedad machista que acepta que el hombre tiene derechos sobre la mujer y esto faculta para dar órdenes, golpear, menospreciar, obligar, entre otras conductas.

Es muy importante que las personas sepan que existen mecanismos dispuestos por el Estado para la protección de los derechos de las mujeres; a nivel administrativo, con las medidas de protección que pueden presentarse en las Comisarías de Familia y a nivel penal, presentando el denuncio correspondiente ante la fiscalía.

Para prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres debería existir cátedras obligatorias en colegios y universidades que permitan dotar a la población de conocimiento y sensibilización,  y al mismo tiempo, incluir en la legislación la facilidad para poder denunciar. En la práctica, si se es empleado y se es víctima de maltrato, debe pedir permiso existiendo el temor  a ser estigmatizada, o que se le descuente el día de trabajo o en el peor de los casos que la despidan. Esto dificulta el acceso ágil a la denuncia porque no todos los empleadores poseen la sensibilización para apoyar estos asuntos.  

Gracias a los movimientos feministas se ha logrado visibilizar el fenómeno de violencia intrafamiliar en donde se han evidenciado comportamientos que constituyen tortura o tratos crueles al interior del hogar y es así como la Corte Constitucional en n sentencia C-408 de 1996, reconoció que “las mujeres están también sometidas a una violencia, si se quiere, más silenciosa y oculta, pero no por ello menos grave: las agresiones en el ámbito doméstico y en las relaciones de pareja, las cuales son no sólo formas prohibidas de discriminación por razón del sexo (CP art. 13) sino que pueden llegar a ser de tal intensidad y generar tal dolor y sufrimiento, que configuran verdaderas torturas o, al menos, tratos crueles, prohibidos por la Constitución (CP arts. 12, y 42) y por el derecho internacional de los derechos humanos. La OMS presentó el “Estudio multipaís de la OMS sobre salud de la mujer y la violencia doméstica contra la mujer”, indicando que  “la violencia doméstica, en particular, continúa siendo terriblemente común y es aceptada como “normal” en demasiadas sociedades del mundo”.

En el mundo aún existen muchas formas de maltrato y desigualdad como los malos tratos, el abuso sexual a mujeres y niñas, la ablación, el pago de una dote a cambio de entregar a las niñas en matrimonio, explotación sexual, entre otras. Duele ver cómo este aislamiento obligatorio ha evidenciado que muchas niñas y mujeres literalmente duermen con el enemigo; el incremento de casos de violencia y abuso infantil nos tiene que sacudir y movilizar para continuar avanzando hacia la consecución de la igualdad de la mujer y el castigo efectivo al maltratador. El covid-19 nos va a generar un retroceso económico que ya muchos sentimos, pero nos debe impulsar hacia el desarrollo de nuestra sociedad hacia adquirir una mayor conciencia de cuidado y respeto tanto para nuestro medio ambiente como para nuestros semejantes, en especial hacia la mujer.  Esta enfermedad nos obliga a cuidar a los demás para cuidarnos a nosotros mismos y viceversa; qué bueno sería que no se tengan que continuar creando mecanismos para sancionar estas conductas sino que más bien se creen mecanismos de prevención y desarrollo social para que sea una realidad nuestra igualdad y podamos vivir en un mundo en paz.