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¿Qué hay para hacer?

Si algo caracteriza a Leonidas es su generosidad intelectual. Disfruta compartir lo que sabe, aunque curiosamente parece escuchar más de lo que habla, una cualidad que distingue a quienes realmente tienen conocimiento y sabiduría.
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Crédito
Ecos del Combeima
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12 Abr 2026 - 8:51 COT por Álvaro Montoya

A propósito del Día del Orgullo Tolimense 2026, no recuerdo con exactitud cuándo conocí personalmente al doctor Leonidas López Herrán; sin embargo, desde que tengo uso de razón he escuchado sobre él los mejores calificativos. Su nombre ha estado siempre asociado al respeto, al trabajo serio y a un compromiso genuino con esta tierra tolimense que tanto queremos. Hoy, además de sentir que lo conozco de toda la vida, me une a él un afecto especial y un profundo reconocimiento por lo que ha representado y sigue representando para nuestra región.

El maestro Leonidas continúa moliendo. Sigue madrugando, trasnochando y persiguiendo sueños con la misma disciplina de siempre, como cualquier buen trabajador que entiende que el tiempo es un recurso invaluable. Y fiel a su esencia, mantiene intacta esa pregunta que lo define: “¿qué hay para hacer?”. La formula cada vez que se le saluda, cada vez que alguien lo busca para plantearle un problema, presentarle un proyecto o compartirle una idea. Esa disposición permanente no es común; es propia de quienes han hecho del servicio un propósito de vida.

Si algo caracteriza a Leonidas es su generosidad intelectual. Disfruta compartir lo que sabe, aunque curiosamente parece escuchar más de lo que habla, una cualidad que distingue a quienes realmente tienen conocimiento y sabiduría. En un mundo donde muchos buscan protagonismo, él ha optado por la construcción silenciosa, por el aporte constante y por el acompañamiento efectivo.

Es sin duda, un señor en toda la extensión de la palabra y un ilustre servidor, tanto en lo público como en lo privado. Quizá por ello es tan requerido para homenajes y reconocimientos. Sin embargo, quienes lo conocen saben que, más que aplausos, lo que realmente desea, es que le permitan seguir sirviendo. Aun así, es justo —y hasta necesario— detenernos para agradecerle, reconocer su trayectoria y dimensionar el impacto de su trabajo en beneficio de su comunidad.

Construir es un acto profundamente valioso. Nunca ha sido fácil hacerlo, y mucho menos persistir en ese camino. Por eso cobra mayor relevancia una vida como la de Leonidas, orientada con claridad hacia ese propósito. Ha sido una vida entregada, invertida con disciplina, con visión y con una convicción inquebrantable. No siempre el éxito llega de inmediato ni en todos los frentes, pero el tiempo y la perseverancia, como él bien lo ha demostrado, termina abriendo puertas y generando resultados.

Hoy tenemos el privilegio de contar con su presencia, de verlo activo, lúcido y propositivo. Eso nos permite no solo agradecerle en vida, sino también aprender de su ejemplo. Su legado no se limita a lo construido en obras o proyectos; trasciende en las enseñanzas, en la inspiración y en el camino que deja trazado para las nuevas generaciones.

Gloria a Dios lo tenemos aún entre nosotros, con la misma energía, con la misma vocación y con ese inquebrantable deseo de seguir haciendo y seguir sirviendo. Y, mientras siga preguntando “¿qué hay para hacer?”, esta tierra tolimense tendrá la certeza de que aún hay mucho por construir.

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