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¡Soy llanero tolimense!

Porque el Tolima no es solo un lugar en el mapa. El Tolima es carácter. Es historia. Es gente.
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Suejto
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Suministrado
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12 Abr 2026 - 9:15 COT por Omar Julián Valdés Navarro

Hoy, 12 de abril, con tintico en mano, me siento a escribir esta columna. Y no quiero hablar de economía ni de política; que si el café sube o baja, que si la economía va bien o mal, o qué tan endeudados estamos con los bancos… y de deudas no hablo solo de las del país.

Hoy, la verdad, este tintico y esta columna se los dedico a mi amado departamento, que me vio crecer y luchar muchas veces por él. Y claro, con algo de acento “tolipaisa”, como buen fresnense que soy. Siempre le declararé mi amor profundo a cada rincón de mi querido Tolima.

¿Y cómo no amarlo?

Si cuando el sol apenas asoma y pinta de oro las montañas, nos despierta el canto de los pájaros, que reemplaza cualquier alarma y anuncia que el día empieza con esperanza. Lo amo en el olor a café recién colado —como este tintico que me estoy tomando—, en el sonido del machete madrugador y en las manos curtidas de quienes, sin saberlo, sostienen este país.

Porque el Tolima no es solo un lugar en el mapa. 

El Tolima es carácter. Es historia. Es gente.

Es el productor que se levanta sin saber cómo estará el precio, pero con la fe intacta de que cada cosecha será mejor y traerá el progreso que tanto anhela. Es la familia que trabaja unida en la finca, sin importar si hay sol o lluvia. Es el campesino que no sale en las noticias, pero que nunca falla en su labor y que merece el mayor reconocimiento. Y es que aquí, entre montañas, ríos y veredas, que uno aprende que la riqueza no siempre está en lo que se tiene… sino en lo que se es.

El Tolima es diversidad. Es arroz en el llano, café en la cordillera, panela en los trapiches, cacao que empieza a contar su historia, ganadería que resiste y una tierra que, a pesar de todo, siempre vuelve a dar. Pero más allá de sus cultivos, el verdadero valor del Tolima está en su gente.

En esa forma de saludar con cariño, en el tinto compartido sin afán, en la conversación sencilla que termina siendo profunda. Me encanta que aquí las personas aún se miran a los ojos y creen en la palabra. Porque el trabajo honrado siempre va a ser valioso. Tengo presente que la situación no es fácil para la gran mayoría, pero hay esperanza, y con ella, cualquier milagro con la ayuda de Dios siempre será posible.

Y sí, claro, tenemos retos y divisiones. Las elecciones nos separan a muchos, como en todo. Pero hoy no quiero hablar de eso. Pero hoy quiero quedarme con lo bueno. Con lo que nos hace sentir orgullo. Con lo que en estos 165 años demuestra la pujanza de los hombres y mujeres que heredaron esta tierra ancestral: de los Pijaos, Natagaimas, Coyaimas, Panches y Ancones, que durante miles de años respetaron y amaron, como nosotros, el Magdalena y la majestuosidad de sus montañas.

Hoy, en su cumpleaños, debemos evocar el recuerdo de dónde venimos.

Porque ser tolimense no es solo haber nacido aquí. Es sentir esta tierra. Es defenderla. Es llevarla con uno, así esté lejos. Es saber que, pase lo que pase, siempre habrá un camino de regreso… con un buen plato de lechona con copete esperando, y una tierra dispuesta a recibirnos con los brazos abiertos.

Por eso, ¿cómo no amar mi Tolima?

Si, esté donde esté, siempre te llevo con amor en mi corazón.

Felices 165 años, amigos y amigas tolimenses.

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